África: El rugido de Mali

por Guadi Calvo

La noticia apareció y se trató prácticamente sin trascendencia. Quizás porque involucraba a dos naciones africanas. Pero que un país, cualquiera sea, detenga en el aeropuerto de su capital a una cincuentena de efectivos de un estado vecino, y que bajos cargos de espionaje los juzgue y les aplique condenas que van desde veinte años de prisión a pena de muerte no es una cuestión menor.

El diez de julio pasado, en el aeropuerto de la ciudad de Bamako, capital de Mali, exactamente cuarenta y nueve efectivos del ejército de Costa de Marfil, treinta de ellos miembros de fuerzas especiales, fueron detenidos por portación y traslado de armas de manera ilegal y procesados por intentar atentar contra la seguridad del país.

Costa de Marfil, al sur de Mali, con quien comparte una frontera de casi 550 kilómetros, alegó que los militares detenidos, habían sido contratados por la empresa privada de trasporte aéreo Sahel Aviation Service (SAS) que, a la vez, le brinda servicios a la Misión de Mantenimiento de la Paz de la ONU en Malí (MINUSMA). Los funcionarios del Departamento de Operaciones de Paz de la ONU, no informaron sobre si esos efectivos realmente llegaron a Malí, para lo que había sido contratados, por la SAS, y apoyar a la MINUSMA, una fuerza de 15 mil hombres, que, desde hace una década, intenta sin éxito controlar a los fundamentalistas wahabitas, que se siguen expandiendo sin control, por toda África occidental.

La crisis, de los detenidos, precipitó cuestionamientos, no solo por parte de las autoridades marfileñas, de países del continente, organizaciones regionales y todas las potencias occidentales.

Por su parte, Abiyán, ha ordenado la retirada de los novecientos efectivos, que formaban parte de la MINUSMA. Acción, que ya anunciaron que seguirán, las fuerzas de Suecia, Alemania y Benín, mientras que Egipto, dijo estar considerando esa posibilidad.

Para poner en marco esta situación, hay que atender que Mali, está encabezando, una insubordinación regional contra Francia, la antigua metrópoli colonial. Quizás cómo nunca en la historia. En rechazo a la presencia francesa en África Occidental, ha sido tan evidente, donde las manifestaciones y protestas constantes, son cada vez más amplias, no solo en Malí, sino también en Burkina Faso, donde su gobierno acaba de expulsar al embajador Luc Hallade, Chad, Ghana, Níger y República Centroafricana, exigiendo a París, el retiro de las fuerzas militares y el abandono de sus estrategias de presión económicas y política contra sus gobiernos.

Por lo que la decisión de la Justicia malí, de condenar, a 46 soldados de Costa de Marfil por conspirar contra el estado, a veinte años de prisión, además de multas de tres dólares para cada uno. Mientras que otros tres, todas mujeres, que habían sido liberadas en su momento, fueron condenadas a muerte, en rebeldía, por no presentarse a la audiencia en el tribunal.

Las condenas, son una respuesta rotunda, a las presiones de la Comunidad Económica de los Estados de África Occidental (ECOWAS, por sus siglas en inglés), que exigían la liberación de los acusados antes del primero de enero de 2023.

Algunas versiones insisten con que, entre los 49 militares marfileños, había mercenarios provenientes Togo, Liberia, Gambia y del Congo, sin especificar, si de la República Democrática o del Brazzaville. Según la misma fuente, se conoció que cuando el presidente de Togo, Faure Gnassingbé, al llegar a Bamako, en el mes de septiembre, para mediar en el conflicto de los militares marfileños, el coronel Goïta, entregó a los cuatro mercenarios togoleses. A los que Gnassingbé, envió a su país, para ser enjuiciados por la justica togolesa. Desde entonces, la figura del presidente togolés, cómo mediador, muy discretamente se ha ido eclipsando.

El origen del conflicto que vive Mali, con muchos de sus vecinos, se centra en la rectificación del rumbo, que dio el Consejo Nacional de Transición (CNT), el veintiuno mayo del 2021, al golpe de agosto del 2020, el que se había dado con la anuencia de París, contra el gobierno legal, pero profundamente corrupto, de Ibrahim Boubacar Keïta, que además había demostrado, su total ineptitud, en la guerra contras las khatibas fundamentalistas del Grupo de Apoyo al Islam y los Musulmanes (JNIM) y Estado Islámico en el Gran Sáhara (EIGS), las que operan sin control en el norte del país.

Tras dicha corrección, la CNT, encabezada por el ahora presidente, el coronel Assimi Goïta, ha desoído las “sugerencia” francesas al proceso de institucionalización del país, postergar las elecciones presidenciales y aplicando otras estrategias para el combate al terrorismo, tras el desastre de la Operación Barkhane, una fuerza de cinco mil hombres del ejército francés, que desde el 2012, opera en Mali y otras naciones vecinas, sin logros destacables.

Por lo que no es aventurado considerar, que Francia alienta el terrorismo, e incluso introduce, mercenarios para desestabilizar a los diferentes países de la región, y que fueron  antiguas colonias. Lo que le permite, seguir controlándolos y usufructuar sus recursos naturales. Manteniendo su presencia militar, más que como apoyo a la guerra contra el integrismo, como fuerza de control y presión.

Desde que los militares malienses, dieron su segundo golpe y decidieron contratar los servicios de los mercenarios rusos del Grupo Wagner, y renunciar a la “colaboración” francesa, una voraz campaña de prensa se ha lanzado contra el gobierno de los coroneles, acusándolos de contantes violaciones a los derechos humanos, matanzas contra la población civil y saqueos a los bienes de los ciudadanos, descubriendo muy oportunamente la existencia de tumbas ilegales.

Varios gobiernos de la región, intentaron disuadir a Bamako, y que libere a los marfileños, entre ellos Nigeria, quien envió a su ministro de Asuntos Exteriores, a Malí para reunirse con el coronel Goïta. Según medios malienses, el coronel Goïta habría pedido que Costa de Marfil entregara a varios políticos acusados por cargos de corrupción y con requerimiento internacional de la justicia malí, los que han encontrado refugio de Costa de Marfil y siguen conspirando contra su gobierno. Entre los requeridos se mencionan a Karim Keïta, hijo del presidente derrocado Ibrahim Boubacar Keïta, muerto en enero del año pasado, y a Tiéman Coulibaly, ex ministro de Relaciones Exteriores y Defensa del gobierno de Keïta.

Incluso, el Departamento del Tesoro de EE. UU. impuso sanciones a Karim Keïta, por recibir sobornos, malversación de fondos públicos. Karim, además, es el principal responsable de la desaparición, tortura y muerte en 2016, del periodista local Birama Touré, del Le Sphinx, que investigaba a Karim, por negociados en la compra de armas, la adquisición de un avión y otras operaciones ilegales. Touré, habría sido detenido en una prisión clandestina, de la Dirección General de Seguridad del Estado (DGSE), entonces controlada por hombres de Karim Keita, como el siniestro general, Moussa Diawara, ya detenido en Mali.

Volverán a casa. ¿Volverán?

Por su parte, el presidente marfileño Alassane Ouattara, quien visitó Bamako el veintidós de diciembre pasado, en su discurso de fin de año transmitido por la televisión nacional RTI, afirmó que “regresarán pronto a suelo marfileño”. A pesar de haber sido declarados culpables por sedición y atentar contra la seguridad del Estado, poseer, portar y transportar armas y municiones de guerra, con el fin de alterar el orden público mediante intimidación o terror, según se ha demostrado en el juicio, de dos días, realizado en Bamako.

Algunos analistas, insisten que en el acuerdo conseguido por el presidente Ouattara en su vista a Bamako, incluye el perdón presidencial, con el que el coronel Goïta, buscaría beneficiarse frente a la opinión pública internacional, que lo está convirtiendo en un verdadero monstruo, al estilo de Gaddafi, Lumumba o Sankara. Aunque más allá de cualquier estrategia publicitaria, Goïta, busca la detención y entrega de los prófugos de la justicia malí.

Se cree que, durante las primeras semanas de enero, podría concretarse la amnistía de los militares marfileños, y queda por ver si serán entregados los exiliados reclamados por los tribunales de Malí. Aunque más allá de cualquier acuerdo, hay que considera que acción tomara Francia, que sigue presionando a Costa de Marfil, para impedir cualquier acuerdo con los coroneles de Bamako, intentando perpetuar su campaña de desestabilización contra Mali, cuyo rugido ha comenzado a extenderse por África.

*Guadi Calvo es escritor y periodista argentino. Analista Internacional especializado en África, Medio Oriente y Asia Central. En Facebook: https://www.facebook.com/lineainternacionalGC.

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