De la unidad propia y no del abrazo ajeno
El mensaje es claro, somos un botín de guerra.
El mensaje es claro, somos un botín de guerra.
Abal Oña plantea un escenario de «tormenta perfecta»: si confluyen la fuerza urbana —transportistas, maestros y amas de casa, duramente golpeados por la crisis de los combustibles— con el movimiento indígena movilizado contra el avasallamiento territorial, el gobierno enfrentará una situación insostenible.
La subjetividad es el terreno de la guerra más importante para adormecer la conciencia crítica-creadora.
«Sabemos que existe mucha rebeldía juvenil; lo que nosotros queremos es que se convierta en acto revolucionario»
«Desde el territorio Lafquenche les pedimos que dejen de dividir, falsear y utilizar los derechos Mapuche para fines partidarios.»
Tales estrategias invisibilizan las causas estructurales de la violencia escolar, como la desigualdad, la precarización de las condiciones educativas y la falta de recursos para equipos psicosociales y programas integrales de convivencia.
Por ello es impensable que con más violencia y más represión hacia las diferentes comunidades, organizaciones y expresiones de resistencia Mapuche, puedan conseguir la sumisión de nuestro pueblo.
¿Quién decidió
que para comer
había que fabricar armas?
En esta débil correlación de fuerzas, se necesita un movimiento nacional con horizonte estratégico revolucionario, con una táctica de defensa activa, integral hasta donde sea posible preparar y ejercer, dirigida contra el imperialismo y sus súbditos.
Cuando hablamos del pueblo mapuche, el Estado argentino cometió a través de la mal llamada Campaña del Desierto un genocidio tremendo y le usurpó el territorio, principalmente, a las comunidades mapuche que estaban en la Patagonia.