Bolivia. La fuerza de la rebelión
La debilidad actual del movimiento popular en su composición variopinta se encuentra en esa vieja disputa de cambio estatal frente a una mera administración del gobierno.
La debilidad actual del movimiento popular en su composición variopinta se encuentra en esa vieja disputa de cambio estatal frente a una mera administración del gobierno.
Si el Gobierno apuesta por prolongar las medidas excepcionales y convertir cada conflicto en una oportunidad para reforzar su posición, la respuesta popular necesita organización, análisis y planificación.
Para qué tendremos tanta riqueza, si no sabemos cuidarla y disfrutarla.
En contraste, el rosario de genuflexiones de Paz Pereira al amo yanqui, no resuelve ninguno de los graves problemas que agobian al país y que castigan al pueblo trabajador.
El tiempo de la rebelión se avecina.
Cerimedo, uno de los principales impulsores del Escudo de las Américas y hombre de Trump en América Latina, no solo se queda con la etiqueta de mercenario de la desinformación, a esta se le suman dos etiquetas más: sería el agente (vínculo) de la corrupción de las derechas latinoamericanas y un «capo» de la droga.
Sin embargo, ante el posible escenario de resistencia que se avecina, el pasado paro de 53 días debe ser nuevamente evaluado por las valiosas lecciones que dejó para el movimiento popular boliviano, a modo de mejorar las posibilidades de poner un freno al gobierno de Paz.
«No podemos aceptar que el trabajo que vengo desarrollando como fiscal general del Estado, cargo otorgado democráticamente conforme a la institucionalidad boliviana, sea puesto en duda por decisiones o pronunciamientos provenientes del exterior», señaló el Fiscal General.
Nuestro aprendiz de gallo se va a la Asamblea de Naciones Unidas dejando un reguero de angustia y desolación en el país. Acaba de renovar un estado de excepción para evitar las protestas de la gente llana y sencilla que ve con desesperación cómo los precios suben sin control alguno.
La ampliación del Estado de Excepción es una desesperada medida por intentar contener el descontento social que va en aumento y que desde las huestes del gobierno no se les ocurre como controlar.