Brasil. El partido revolucionario imaginario

El sectarismo es otra conducta política que eligió como prioridad la defensa de los intereses de grupo. El sectarismo político debe entenderse como aparatismo, un conjunto de procedimientos de autoafirmación. Las tendencias sectarias tienen muchas dificultades para llevar a cabo el frente único, incluso cuando los acuerdos son posibles para campañas conjuntas, porque identifican a los aliados potenciales, especialmente a los más cercanos, como enemigos. La autoconstrucción y, peor aún, la autoproclamación es el síntoma más recurrente del sectarismo.

Brasil. El peligro de gobernar «en frío»

El país está fracturado y las redes sociales son escenario de una «guerra cultural» despiadada e ininterrumpida. Una estrategia que se base únicamente en el «buen gobierno» subestima la «sobrepolitización» de la extrema derecha. El gobierno no debe refugiarse en la «hibernación», o, peor aún, en un «modo vegetal» de fotosíntesis nocturna a la espera de las elecciones de 2026.

La encerrona neofascista en Brasil

Muchos en la izquierda describen esta evolución como una tendencia a la polarización. La fórmula es atractiva. Pero es peligrosamente engañosa, porque los dos polos de la lucha de clases no ocupan posiciones equivalentes. En el campo reaccionario, mandan los más radicales. En el campo de la izquierda, mandan los más moderados. La extrema derecha ha «devorado» la influencia de los partidos tradicionales de centroderecha (MDB, PSDB, União Brasil), pero el gobierno de Lula no es un gobierno de izquierdas, ya que ha aceptado un pacto con la facción liberal liderada por Tebet/Alckmin.