Colombia y la poquedad de la paz
La paz con los enemigos rebeldes mutó a la paz con los socios o amigos, esos sí narcos; y de la ‘paz total’ a la ‘paz chiquita’. Qué poquedad.
La paz con los enemigos rebeldes mutó a la paz con los socios o amigos, esos sí narcos; y de la ‘paz total’ a la ‘paz chiquita’. Qué poquedad.
Maquiavelo dijo con razón que los suizos eran libres e independientes porque tenían armas. Hezbolá venció al Ejército invasor sionista en verano de 2006 porque disponía de las armas adecuadas, había aprendido los métodos, tácticas y disciplinas necesarias, con una estrategia adecuada a sus objetivos históricos.
La recientemente republicada novela Camelot -de Dauno Totoro Taulis-, de editorial Ceibo, nos remonta a esos convulsionados años 60, plena Guerra Fría. Por sus intensas páginas transitan personajes históricos como el entonces senador socialista y luego presidente Salvador Allende Gossens; la diputada comunista María Maluenda; el presidente estadounidense John Fitzgerald Kennedy; el secretario de defensa norteamericano Robert McNamara; el jefe del Departamento Latinoamérica de la Casa Blanca y luego embajador en Chile Ralph Dungan; el sociólogo y analista político Rex Hopper; y muchos otros.
Por Alberto García Watson Parece que en Gaza se ha inaugurado un nuevo plan nutricional, morirse de hambre como política de seguridad. Israel, esa supuesta democracia moderna y vibrante, ha reinventado el concepto de guerra. Ya no hacen falta cámaras de gas, basta con cerrar los pasos fronterizos, bombardear panaderías y bloquear la entrada de harina.…
En el programa, solidarizamos con Mauricio Hernández Norambuena, prisionero político que se encuentra en una situación compleja de salud y que solicita sea trasladado a un hospital de alta complejidad para poder diagnosticar su enfermedad y buscar un tratamiento efectivo.
Todo lo caracterizó muy bien el diario The Telegraph que tituló al evento como “el arte del servilismo calculado” y afirmando que “la cumbre de La Haya fue diseñada con un solo propósito: satisfacer los deseos y necesidades de Trump”.
Los ataques militares israelíes y el bombardeo de cientos de objetivos en diferentes partes de Irán -incluidas infraestructuras, lugares de trabajo, refinerías y zonas residenciales- forman parte de un proyecto belicista cuyo costo se paga con las vidas, los medios de subsistencia y el futuro de la gente común, especialmente de la clase trabajadora.
Nos resulta especialmente preocupante el actuar del Gobierno de Gabriel Boric, quien, lejos de los ideales que enarboló en su ascenso político, hoy aparece abrazando posturas alineadas con intereses geopolíticos que históricamente han subordinado a los pueblos del sur.
Si Israel no puede destruir Natanz o Fordow por sí solo, aún podría lograr crear las condiciones bajo las cuales Washington se sienta obligado a actuar en su lugar. Esta, quizás, sea la verdadera táctica: no una confrontación directa con Irán, sino la creación de un ambiente de urgencia y provocación que haga que la intervención estadounidense, como mínimo, sea una posibilidad. En otras palabras, el teatro militar de Israel es una trampa para Estados Unidos.
Pero, sobre todo, rechacemos las narrativas simplistas. No somos peones de Israel ni del régimen islámico. No creemos en bombas «liberadoras» ni en mulás «resistentes». Estamos atrapados entre dos máquinas de muerte, y una y otra vez intentamos construir algo diferente.