¿ONU, el mundo civilizado y Chile permiten colonialismo en el siglo veintiuno?

Por Arturo Alejandro Muñoz, Politika

A comienzo de la década de 1950 las noticias internacionales daban cuenta del estallido independentista que sacudía a naciones africanas que aún eran colonias de países europeos, preferentemente de aquellos que habíanse destacado por constituir verdaderos imperios apropiándose de territorios lejanos. España, Inglaterra, Italia, Francia, Bélgica, Holanda y Alemania llevaban la voz cantante en tales asuntos.

La cobarde y sanguinaria invasión y apropiación del bello continente africano por parte de los países europeos ya mencionados, constituyó uno de los momentos más negros y despreciables de la Historia de Occidente. La esclavitud, la expoliación de los recursos naturales y conversión forzada que obligó a cientos de millones de personas a vivir en calidad de sirvientes o de trabajadores sin derecho a nada más que un mendrugo diario, era considerada ‘normal y cristianamente necesaria’ en los círculos políticos y económicos de ciudades como Londres, Madrid, París, Berlín, Amsterdam y Bruselas.

Finalmente, las rebeliones de los pueblos africanos, y muy especialmente las dos guerras mundiales que sumieron a Europa en el caos y la hambruna, en el terror, la vergüenza y la desesperación, condujeron a la independencia y autonomía de muchas naciones de África.

En esta anota, deseo referirme a dos de ellas. Marruecos y Argelia… lo que permite también hacer referencia al Sahara Español, o Sahara Occidental… vamos a ello entonces.

Marruecos fue colonia española y francesa, aunque para efectos e interés de esta nota nos ocuparemos de la colonización española definitivamente. La independencia de ese país se logro el año 1956, gracias a que el dictador español Francisco Franco Bahamonde aceptó finalmente concederla en pago por los servicios que prestaron muchos marroquíes al bando monárquico en la guerra civil (1936-1939) que aniquiló a la Tercera República de España.

Al sur de Marruecos se ubica el Sahara Español, hoy República Árabe Saharaui Democrática. En una acción inentendible desde la perspectiva democrática y moderna, Madrid (Franco Bahamonde en este caso) interrumpió la descolonización del Sahara Español en 1976, lo que dio pie a que Marruecos –sin fundamento jurídico internacional alguno- decidiera invadir y apropiarse de gran parte de ese territorio aprovechado la retirada de las fuerzas españolas de ese sector.

La República Árabe Saharaui Democrática ha recurrido en muchas ocasiones e instancias a la ONU, sin resultados concretos. A través del Frente Polisario, esa república ha logrado, en parte y parcialmente, evitar que Marruecos se apropie del total del territorio.

El Frente Popular de Liberación de Saguia el Hamra y Rio de Oro es el movimiento de liberación nacional saharaui que lucha para acabar con la ocupación ilegal de Marruecos al Sahara Occidental y lograr que se culmine la autodeterminación del pueblo saharaui y la independencia de su patria.
En esa lucha cuenta con el apoyo irrestricto de una noble nación de la zona del Magreb africano, Argelia, pero con la desidia de las principales organizaciones supranacionales del planeta.

Seguramente usted, amable lector, se preguntará: “¿y en qué se basa este columnista chileno para apoyar a la República Árabe Saharaui y a Argelia, y no a Marruecos?”.

Queridos lectores, me baso primeramente en que nuestra civilización siglo veintiuno debe rechazar de plano todo intento de colonización, intervención, invasión y apropiación de territorios ajenos llevadas a cabo por naciones que nunca –históricamente- han sido dueñas de aquellas tierras que ahora pretenden convertir en provincias suyas. Eso, reitero, en primer lugar.

Marruecos es Marruecos, y el Sahara Occidental (o exSahara Español) nunca formó parte de su territorio, ¡¡nunca!! De hecho el último terreno norafricano que España abandonó la década del 50, y que dominó y administró entre 1884 y 1958, fue precisamente el Sahara Occidental, y lo hizo con majestuoso desfile y parafernalia diplomática. Y ¡ojo con esto!, Madrid llamaba oficial e internacionalmente a ese territorio “Provincia (española) del Sahara Occidental”… Marruecos nada tenía que ver allí.

Y si España liberó finalmente a sus colonias africanas en la década de 1950, el Sahara Occidental o Español fue una de ellas…Marruecos, por lo tanto, en sus intentos por apropiarse de lo que no le corresponde, es s hoy un país usurpador, invasor y ‘colonialista’.

Y la segunda poderosa razón que me asiste como argumento para defender la causa noble de la República Árabe Saharaui es, simplemente, la conducta de muchos parlamentarios chilenos en estos últimos veinte años.

‘Honorables’ y ‘distinguidos’ miembros de tiendas como la UDI, RN el PDC, el PPD, el PRSD e incluso el PS, han viajado a en más de una oportunidad a Rabat, capital de Marruecos, invitados interesadamente por el gobierno de ese país, y por su representante en Chile…sí, leyó bien, su ‘representante’ en Chile.
¿Y quién es en Chile ese ‘representante’ de los intereses colonialistas de Marruecos? Tome cómodo asiento, amigo lector, sírvase un café, y lea…
Moraga Duque engatusa a parlamentarios chilenos ignorantes, ambiciosos y desinformados.

En el año 1983 –en plena dictadura de Augusto Pinochet y su camarilla de empresarios ultraconservadores- apareció un referente bautizado como «Partido Socialista Chileno», costilla de otro esperpento conocido como «Frente Socialista». Una argamasa parida en el exilio europeo merced a los esfuerzos de la ‘inteligencia militar’ (naval, para ser exactos) encabezada por el inefable Juan Carlos Moraga Duque, quien –en el Chile de los 80– fue conocido con el nombre de Alejandro Velasco. Esa era su ‘chapa’. Recuerdo verle llegar al tercer piso del deslavado edificio santiaguino sito en calle Teatinos Nº 727, donde funcionaba la CEPCH (Confederación de Empleados Particulares de Chile).

Una tarde de viernes, al abandonar la sede sindical, fue “atrapado” por agentes de la CNI en plena calle Teatinos mediante un ostentoso operativo que detuvo el tránsito en esa vía mientras un helicóptero sobrevolaba el sector.

El gobierno de Pinochet solicitó cadena perpetua para el tal Velasco por haber ingresado clandestinamente al país. Y Velasco ya no era Velasco, pues a partir de esa mediática y peliculesca detención decidió utilizar su nombre verdadero (?): Juan Carlos Moraga Duque.

Fue defendido por un abogado ‘estrella’ de la época. El famoso ‘Tonguito’ Ovalle, un derechista liberal muy amigui del general Gustavo Leigh –en ese entonces autodeclarado (??) enemigo de Pinochet y de Manuel Contreras– le sacó de la cárcel luego de un cortísimo proceso judicial profusamente informado por la prensa oficial de aquellos años.

Al regresar a la sede de la CEPCH, Moraga se presentó como un “socialista que había ingresado clandestinamente a Chile desde el exilio”. Dijo que su centro de operaciones políticas se encontraba en Alemania Oriental y en Italia donde, según afirmó, había trabajado asesorando a Bettino Craxi hasta poco tiempo antes de que este fuese elegido Primer Ministro del gobierno italiano. Manifestó que su interés principal era dar vida a un referente político que bautizó como “Frente Socialista”, prolegómeno de lo que –se suponía– debería ser el renacimiento del viejo Partido Socialista que, al menos en Europa, se encontraba escindido en mil fracciones.

Ya nadie le creía. Para los dirigentes sindicales de entonces todo lo que hacía Moraga olía a “planes de ‘inteligencia militar’ estructurados y acordados con la CNI”. De un día para otro, el maquinador “llegado del exilio” fue abandonado (y rechazado) por el mundo sindical y el mundo de la izquierda.

Con mayor razón cuando se le vio acompañado de extraños personajes que pronto fueron individualizados como “jóvenes oficiales de la marina en misiones civiles”, con los que Moraga arrendó e implementó un cuartucho en el segundo piso de un viejo inmueble ubicado en la avenida Ricardo Cumming, en el que instaló una suerte de mini-imprenta desde la cual fluían panfletos, librillos, volantes y similares.

Rápidamente comenzó a fraguar las estructuras de un grupo político que a poco andar se inclinó definitivamente hacia el sector encabezado entonces por Francisco Javier “Frafrá” Errázuriz, personaje relevante en materias comerciales y financieras, pero salido de las tiras cómicas en lo referido a la política en serio con su partido llamado UCC, Unión de Centro-Centro.

Conocedor de las (in)capacidades de Frafrá en asuntos públicos, Moraga se erigió rápidamente en una especie de “jefe de campaña” de la candidatura presidencial del millonario aristócrata, francamente vapuleado y ridiculizado por Patricio Aylwin y la Concertación en el año 1990. Errázuriz vivió una aventura presidencial loca y sin destino, pero rentable comercial y económicamente para Moraga Duque: ella le permitió encontrar puertas abiertas en cofradías de viejos militares y opulentos financistas pertenecientes al pinochetismo nostálgico, donde se le recordaba como “agente del gobierno militar en el mundo sindical”, como reconoció un viejo capitán de fragata que hoy se dedica a la comercialización de frutas.

Al año siguiente (1989) se descubrió cómo era en realidad esa murga política, cuando proclamó al líder del ultramontano y pronazi movimiento Patria y Libertad, Pablo Rodríguez Grez, como su precandidato a la Presidencia de la República. Años más tarde fundó (o coadyuvó en su fundación) el Partido Regionalista, convirtiéndose en su primer presidente. De lado a lado, de una ribera a otra, el ‘agente’ Moraga se disfrazó con los perendengues de un fragmentado partido socialista, escindido en múltiples grupúsculos luego del golpe de Estado

El 29 de mayo de 2002, el diario electrónico Primera Línea (de La Nación) publicó –bajo el título «Detenido ex colaborador del régimen militar»– la siguiente nota: “Funcionarios de la Brigada Investigadora de Delitos Económicos (Bridec) de la Policía de Investigaciones detuvo a quien fuera presidente del controvertido Partido Socialista Chileno, Juan Carlos Moraga.

Fuentes policiales precisaron que la diligencia se concretó a raíz de tres órdenes de arresto pendientes por estafas, las cuales habría cometido el dirigente en diversas ocasiones. Juan Carlos Moraga creó el llamado Partido Socialista Chileno para defender al general (r) Augusto Pinochet y fue además ex militante de la Juventud Socialista de San Antonio hasta 1973, para luego huir a Francia. A su regreso de Europa se integró a los servicios secretos del régimen militar. La última vez que el nombre de Juan Carlos Moraga apareció en la prensa fue a raíz de la salida de Edgardo Lienlaf de la dirección de la Conadi, debido a una venta irregular de terrenos a comunidades indígenas”.

Mucha agua ha corrido bajo los puentes desde la década de 1980, sin embargo, lo que no cambia es la calidad de administradores del sistema neoliberal que caracteriza a los dirigentes del partido socialista en su versión “renovada”, tienda que reconvirtió su fe arrodillándose ante la nueva religión del ‘capitalismo salvaje’.

El tipo de banda que permite la aparición de ‘líderes’ y/o ‘compañeros de ruta’, como Moraga Duque, Fulvio Rossi, Marcelo Díaz, Marcelo Schilling, o Daniel Farcas. Esos que tienen por bandera la insignia que les ofrecieron los patrones del economicismo de Chicago, parados sobre la expoliación del país y la explotación de la sociedad toda. Esos mismos, u otros como esos, viajan en primera clase a Rabat invitados por el gobierno de Marruecos para entregar su apoyo oficial (en el nombre del pueblo de Chile…¡¡qué horror!!) a la colonialización del Sahara Occidental…sí, a la COLONIALIZACIÓN… y regresan a nuestro país diciendo y asegurando que son “demócratas”.

¿Se percata amigo lector por qué apoyo a la República Árabe Saharaui? Me basta lo dicho para rechazar la postura política y expansionista de Marruecos, así como la bufonesca defensa de la misma llevada a cabo en Chile por el inefable colaborador de la DINA/CNI, Juan Carlos Moraga Duque.

Aunque más lamentable aún es que ONU guarde ominoso silencio (en términos prácticos y reales) ante estos inaceptables hechos. ¿O la ONU y el mundo supuestamente civilizado aceptan, cobijan y defienden el ‘colonialismo’ en pleno siglo veintiuno? Es mi gran duda.

No obstante, espero que nuestro gobierno (hoy, Gabriel Boric Font) se instruya debidamente sobre este asunto (no sólo a través de opiniones de ignorantes y ambiciosos parlamentarios menguados fácilmente por la cocina y atenciones dadivosas marroquíes) y decida, por fin, reconocer oficial y diplomáticamente a la República Árabe Saharaui Democrática.

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