Antisemitismo, el eterno comodín de los falsos semitas
Ah, antisemitismo, esa palabra mágica que, como por arte de encantamiento, congela cualquier conversación y convierte un debate incómodo en un juicio sumario. Se pronuncia, y de inmediato la sala se queda en silencio, como si alguien hubiera invocado un conjuro medieval. ¿Quién necesita argumentos, pruebas o historia, cuando tienes un término blindado por más de un siglo de cansina repetición?






