Cult de American Horror Story, no solo terror de pantalla

Kai Anderson (Evan Peters) y los payasos perversos que gobiernan el siglo XXI 

(Al menos me quedan las pelis)

X victoria aldunate morales

Resentimiento popular sin justicia social, bandidaje en el sentido anarquista, fatuidad y egolatrías de quienes se creen la vanguardia del pueblo y la puebla. Más tarde, acuerdos entre todos los de arriba, y de los de arriba con sus útiles perkins, aspiracionales y performáticos presumidos, que quieren alcanzar un mayor estatus. Entonces se revela mucho más claramente de lo que se llegó a mostrar el «siglo XX Cambalache”, la decadencia del siglo XXI y su narcisismo social.

Triunfan carismáticos resentidos agresores que quieren incluirse entre aquellos a los envidian, y más que eso, desean vengarse para aliviar sus egos malnacidos. Son el tipo de lacra que antes fueron personajes de cómic, pero que ahora se encarnan en golpistas frustrados (o no), remedos de guerrilleros, soplones que crean nuevas teorías liberales, dictadores títeres que invocan a Dios, empoderadas que reciben “premios nobel de la paz» de los cementerios. El desenlace es la transformación hacia el horror: American Horror Story, 7ma temporada, Cult.

Es noche de elecciones. Asesinatos, mucha sangre (tipo salsa de tomates), gritos, payasos femicidas que se masturban en público. El villano Kai jura que el mundo está en su contra porque “todo se trataría de su puro ombligo”. Se masturba con la tv y grita «¡Libertad!», luego crea su propia secta. Quiere superar a los nazis, a los pro vida, a los beatos y a los dere$histas republicanos, a quienes odia -solo- un poco menos que a los comunistas, a los migrantes, a los negros, a los maricas, a las lesbianas y a las mujeres.

Se hizo parte de una junta comunitaria local presumiendo liderarla, pero cuando discursea desde su evidente sociopatía sobre “llevar adelante un gran combate contra los males de la inmoralidad actual”, algunos se le ríen en la cara y otros quedan indiferentes. El tipo no tolera la frustración y jura que se están perdiendo al elegido que guiará a los débiles. A esos “débiles» que quieren empoderarse, se creen resilientes y están a tono con los tiempos.

Así, el villano Kai, busca su fuerza en la imagen de Donald Trump, al que tampoco quiere tanto, pero sabe que ese payaso -Trump-, ha sido burlado en 2011 por todo un congreso, tal como él lo está siendo ahora por su insignificante junta comunitaria.

Alison Pill es Ivy Mayfair-Richards, la jovencita Tiqqum lesbiana

El desprecio de “los que saben”

Por su puesto, la gente educada, universitaria, académica, clase media intelectual, escritores de las izquierdas de los que hacen encuentros latinoamericanistas, no creían -desde su increíble brillosa brillantez- que tipos a los que despreciaban tanto, fuesen a llegar a ningún lado. No creían que un Kai o un Trump (o un Kast), llegarían a los mismos lugares codiciados y ciudadanos que ellos también -en secreto- tanto ansían. ¡Afírmate líder latinoamericanista! porque aunque sean “tan básicos” estos bufones, pueden triunfar en medio de la decadencia a la que nos han llevado ególatras salvadores del pueblo, gobernantes violadores y vendidos de izquierdas, los pervertidos de siempre de las dere$has, ¡y cómo no! los organismos internacionales que hacen estudios sobre la trata de mujeres y otras víctimas, pero no cambian nada, y los organismos “no gubernamentales” que cancelan movimientos sociales y crean nuevas elites… Bueno, la gente educada que pensaba que sabía, no sabía tanto, y Kai y Trump, par de narcisistas sociópatas, son admirados actualmente, no solo por el Ku Klux Klan, los nazis, los evangélicos con plata a costa de sus feligreses y los peores criminales de lesa humanidad, si no por todos los abducidos por los IG, el X, la IA, el face, Tiktok, Wechat, Snapchat, Douyin, los podcast y los memes.

Son justo los que nos dicen “perras” a las mujeres, «delincuentes» a los migrantes y a los pobres. Sí, tu vecino pako, la familia del barrio pobre en que vives que se cree «clase media», la vecina que se piensa blanca y bailó cueca para recibir el año nuevo con Kast. ¡Ah! y el taxista que escucha la jeepeta remix, anuel aa conmigo una rubia tiene grande las tetas, caramelo de ozuna la nena me dice dale baby mátame maltrátame, justin quiles, daddy yankee y el alfa cuando la azoto suena pam, pam, pam y las pistolas suenan pam, pam, pam. Esos y otros, porque así es el desquiciamiento en la decadencia aplastante de cualquier posibilidad genuina de justicia social.

Sujetos “sin asunto”, intrascendentes, deleznables y crueles llegan al poder, quieren poder y adquieren poder. Distintos poderes. En la tevé, la radio, el arte, la política. En gobiernos sudacas o gringos que forman sus grupos de choque fa$hos para causar horrores. Son los que conquistaron notoriedad con las campañas mediáticas de medios de comunicación “objetivos” financiados -bajo cuerda- por los mismos milmillonarios que financian «causas nobles». Son los truhanes que tú replicas, los Milei o los Putin, cuyos vómitos de odio, celebras. Los Zelenski falderos de los Trump y también los silenciosos abusadores sexuales pedófilos Ortega, a los que ya ni cuentas porque te dan vergüenza, pero ahí están, no se han ido.

Sarah Paulson es Aly Mayfair-Richards, la periodista lesbiana

Lesbianas y mujeres, tampoco se salvan 

Sucede en las elecciones de 2016, en un terrorífico y fantasioso EE.UU. que, sin embargo, existe. También puede suceder en una copia feliz y neoliberal sudaca. Nadie se salva. Hay una jovencita tipo Tiqqum lesbiana, que se revela como manipuladora y despiadada asesina que se ha unido al culto de Kai de pura envidia a su compañera de vida, una periodista y escritora que ha denunciado a Trump por décadas. Y sabemos que pasa en las “mejores familias” o en “las otras familias” réplicas de la adoración a “la estructura familiar hetero”. Además, hay una vecina que parece inofensiva y es la segunda recluta del culto. De las que aman salir en la tele, alaban a los conductores famosillos, suelen declarar lo maravilloso de sus matrimonios y ostentan “decencia femenina”, pero que resulta -finalmente- también una desalmada y perversa vecina asesina, digna miembra de la secta de narcisista de Kai.

La secta va reclutando fanáticos con gran facilidad porque el mundo ya se repletó de los enajenados por su Aiphon y de los malditos que hacen comentarios de odio en la redes. Kai y su secta -como Trump, sus esposas, amantes y partidarios- son mentirosos, retorcidos, agresores racistas de mujeres, de migrantes, de gente negra, de gente de calle, de discapacitados, de barrios pobres y más…

Cualquier parecido con EE.UU. y varias republiquetas sudacas entregadas a los Nortes de América, no es coincidencia.

Cuando el horror real es inmenso, el horror de las pantallas calma a algunas curadas de espanto. Si no es lo que le pasa a usted, ni busque esta serie, igual parece que ha sido medio censurada por varias plataformas a las que sería más fácil acceder.

Leslie Grossman es la vecina asesina

FICHA TÉCNICA

Creada y por Ryan Murphy y Brad Falchuk

Dirigida por varios directores, uno es Bradley Buecker

Evan Peters es Kai Anderson  

Sarah Paulson es Aly Mayfair-Richards  

Alison Pill es Ivy Mayfair-Richards  

Billie Lourd es Winter Anderson

Leslie Grossman es la vecina asesina, Meadow Wilton.  

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