Chile. Programa Que el pueblo viva / Octubre
En la conducción, Hervi Lara y Félix Madariaga. Controles técnicos, Pablo Ruiz.
En la conducción, Hervi Lara y Félix Madariaga. Controles técnicos, Pablo Ruiz.
«Son las oligarquías de negociantes, de explotadores de la nación, son los accionistas de la patriotería oficial y lucrativa los que ponen el prestigio de la patria en que no rectifique sus errores, aún reconociéndolos.»
Marcela Rodríguez sin duda es una compañera de tremenda importancia en nuestra historia reciente de lucha, un ejemplo de la fuerza y convicción con todas las intersecciones que habitan la vida de una mujer, una mujer que decide ir contra la tiranía y que se atrevió a empuñar las armas contra los asesinos que daban origen al nuevo orden del capital en Latinoamérica.
Chile tiene miles de héroes y heroínas que, después de todo el horror que vivieron, siguieron luchando por derrocar a la dictadura. Muchos regresaron del exilio, muchos emprendieron campañas de solidaridad, muchos otros quizás no pudieron con tanto dolor y se volvieron invisibles por decisión propia.
Portales fue uno de los primeros precapitalistas de Chile y el fundador del Estado conservador que aún rige y que, aunque ya debilitado en 1973, fue restituido íntegramente por la dictadura de Pinochet.
Poinsett representaba la extensión de esta lógica hacia el ámbito estadounidense. Su formación en Edimburgo y Woolwich, su condición de «activo masón del rito de York», y su designación como «agente especial» evidencian la articulación de una red transnacional anglosajona que operaba coordinadamente en América Latina.
Egaña pensaba en ejércitos unidos, soberanía compartida, dignidad colectiva. Su historia es la de un visionario que intentó evitar exactamente lo que hoy padecemos: la división que nos hace vulnerables. Pero su propuesta era disruptiva: una Confederación Latinoamericana de Defensa Común que hiciera imposible la intervención extranjera.
Se fue dando cuenta cada vez más de que solo el sueño de la igualdad llevaría a los cubanos comunes (negros y blancos) y a esos trabajadores de mentalidad internacionalista a la lucha por la libertad nacional.
El ascenso del fascismo debe ser una lección para los socialistas legalistas, quienes creían, y ¡ay! aún creen que podemos derrocar a la burguesía por los votos de la mitad más uno de los votantes, y no quisieron creernos cuando les dijimos que si alguna vez alcanzaran una mayoría en el parlamento y quisieran — sólo por hacer suposiciones absurdas — implementar el socialismo mediante el parlamento, ¡les patearían el culo!
«Al principio, el patriotismo y no el comunismo me condujeron a tener confianza en Lenin y en la Tercera Internacional. Paso a paso, a través de la lucha, estudiando el marxismo-leninismo a la vez que participaba en actividades prácticas, gradualmente llegué a la conclusión de que sólo el socialismo y el comunismo podían liberar a las naciones oprimidas de la esclavitud.»[1]