Escribir sobre la alegría que invade Yenín
Israel ha llamado a su última campaña militar Operación Romper la Ola (Break the Wave), una descripción lírica de una realidad brutal.
Israel ha llamado a su última campaña militar Operación Romper la Ola (Break the Wave), una descripción lírica de una realidad brutal.
Proporcionalmente hablando, fue Italia el país europeo donde, lejos, los católicos más ayudaron a los judíos.
A raíz de mayo de 1968, durante la radicalización de los años 70, eligió el camino del marxismo revolucionario. Se unió al IS (el predecesor del actual SWP en Gran Bretaña) y recibió educación política mientras participaba activamente en sus filas. A lo largo de su vida política, seguiría comprometido con las ideas del “socialismo desde abajo”.
Sin la participación, el respaldo y el control de las organizaciones de trabajadores, el gobierno chino del PCCh se está dejando cercar por el imperialismo. Los zigzags de la política del PCCh son derrochadores, ineficientes y peligrosos para el futuro de China.
“Aquí vamos de nuevo”, escribió Serote, como si dijera que las nuevas contradicciones producen nuevos momentos de lucha. El fin de un orden aplastante —el apartheid— no puso fin a la lucha de clases, que no ha hecho sino profundizarse a medida que Sudáfrica atraviesa una crisis tras de otra.
La conducta papal reacia a defender a los judíos continuó hasta el final de la guerra con el caso de Hungría.
Agrupaciones sociales, sindicales, políticas, ambientales, feministas, de derechos humanos y de pueblos indígenas originarios participarón este lunes 23 de enero del lanzamiento de la CELAC Social, que se efectúa en el marco de la VII Cumbre de la Comunidad de Estados de América Latina y el Caribe (CELAC) que tiene lugar en Buenos Aires el martes 24.
Los principales líderes políticos y empresariales han volado a Davos en sus aviones privados para discutir el cambio climático y el calentamiento global, así como la inminente recesión económica mundial, la crisis del costo de vida y la guerra de Ucrania.
Hoy en día, la desigualdad de la riqueza es tan grave como en los primeros años del siglo XX: en promedio, la mitad más pobre de la población mundial posee solo 4.100 dólares por adulto (en paridad de poder adquisitivo), mientras que el 10 por ciento más rico posee 771.300 dólares, aproximadamente 190 veces más riqueza. La desigualdad de ingresos es igualmente dura: el 10% más rico absorbe el 52% de los ingresos mundiales, mientras que el 50% más pobre sólo dispone del 8,5%. La situación empeora si nos fijamos en los ultrarricos. Entre 1995 y 2021, la riqueza del 1% más rico creció astronómicamente, acaparando el 38% de la riqueza mundial, mientras que el 50% más pobre solo «alcanzó un aterrador 2%», escriben los autores del informe.
La revolución siempre ha constituido un enigma: ¿cómo las clases explotadas económicamente y dominadas políticamente podrían derribar a la burguesía, una clase dotada de todos los poderes? Este enigma se ve reforzado en el actual contexto por la debilidad de la izquierda revolucionaria y del movimiento obrero en su conjunto, aunque desde hace una decena de años hemos visto surgir movimientos radicales, incluso levantamientos, que han conseguido desestabilizar los poderes establecidos y, en ocasiones, hacer caer regímenes dictatoriales, sin lograr por ello ir más lejos en el sentido de una verdadera ruptura con el orden establecido.