Chile. Inflación electoral

El Estado chileno, contrariamente a lo que podría suponerse en una democracia bien establecida —que exige ‘elecciones libres, secretas e informadas’—, no admite la libertad para elegir entre participar o no. Tampoco se preocupa de si acaso los actos eleccionarios a los que convoca a la ciudadanía son o no actos ‘informados’, por lo que la generalidad de los votantes ignora —si es que los hay—  planes o programas de los candidatos.

Más liberalismo, menos democracia

El sentido común pacientemente construído a lo largo de varias décadas por los medios de comunicación de masas y, más recientemente, por las redes sociales, proclama que el liberalismo es el padre de la democracia, y que tanto uno como la otra son excelsas creaciones de la sociedad capitalista. Verdad a medias porque si bien es cierto que el liberalismo es hijo de aquella, la democracia nace precisamente como reacción al carácter insanablemente injusto de la sociedad burguesa dado que esta se constituye sobre una ruptura clasista que separa a los propietarios de los medios de producción de una enorme y creciente masa de personas que solo pueden subsistir si tienen la suerte de que a algún propietario le resulte rentable comprar su fuerza de trabajo.