El partido que no se jugó: cuando la URSS eligió la dignidad.
En 1973, la Unión Soviética renunció a un Mundial para no legitimar con su participación, un estadio convertido en campo de detención y tortura tras el golpe civil militar en Chile. Cincuenta años después, la política internacional vuelve a interferir con el deporte: Rusia está suspendida de múltiples competencias internacionales, mientras Estados Unidos —responsable de invasiones, guerras y golpes de Estado— jamás ha visto a sus deportistas sancionados. Una comparación incómoda que revela la doble moral del deporte global.







