No queremos un nuevo Guernica en el Caribe, y esta afirmación no es sólo un grito simbólico, sino un llamado urgente a la conciencia histórica y política de los pueblos del hemisferio. Hablar de Guernica remite inevitablemente al horror, al sufrimiento de los inocentes y a la destrucción indiscriminada que la guerra inflige sobre las vidas de quienes no tienen voz en las decisiones de poder. La evocación de esa ciudad vasca bombardeada en 1937 se convierte, en el contexto caribeño contemporáneo, en una advertencia frente a la amenaza de intervenciones militares, económicas o políticas que podrían reproducir los patrones de violencia histórica, en los que los intereses hegemónicos se imponen por la fuerza y la población civil paga las consecuencias más dolorosas.