Colombia. ELN denuncia la inseguridad alimentaria y el hambre que sufren amplios sectores de la sociedad

por Andrés Figueroa Cornejo

El Comando Central del Ejército de Liberación Nacional de Colombia (ELN), denunció que  el país «ingresa por primera vez a la lista de países con inseguridad alimentaria aguda, junto a Guatemala, Haití y Honduras, según la Red Global contra las Crisis Alimentarias (GNAFC), originada por el modelo económico impuesto al país por el imperialismo estadounidense y la oligarquía colombiana».

La insurgencia revolucionaria afirmó que en el país «el hambre es política de Estado, planificada para mantener el régimen político, los privilegios de las élites y las ganancias de las transnacionales», y planteó que las políticas son formuladas y planificadas con el propósito de beneficiar al poder, a costa de los intereses y derechos de las grandes mayorías sociales, llegando a transformar a Colombia, de acuerdo a la división internacional del trabajo propia de la reproducción y acumulación capitalista, en un empobrecido territorio exportador de recursos naturales y materias primas para los capitalismos centrales altamente industrializados, por una parte, y al país en un importador dependiente de alimentos.

El ELN aseguró que «El Informe de la GNAFC señala que en Colombia hay 13 millones de personas con inseguridad alimentaria, es decir, más o menos la misma cantidad de habitantes de Suecia y Uruguay juntas; lo que contrasta con las 9,7 millones de toneladas de alimentos que se desperdician cada año».

La agrupación insumisa precisó que la distribución de la tierra y su uso es un factor determinante en la profundización del hambre, «puesto que el 1 por ciento de propietarios tienen el 81 por ciento de la tierra; a esto se le suma el proceso acelerado de la extranjerización de la tierra. Numerosas empresas extranjeras son dueñas de más de un millón de hectáreas de las mejores tierras, que destinan a monocultivos para la exportación».

El ELN detalló que el régimen económico en curso, «ataca de manera abierta a la economía popular y campesina, y a la misma economía nacional, debilitando así la capacidad productiva. Donde antes había agricultura diversificada, ahora existen monocultivos para la exportación, incluso, complejos cenagosos y cuencas hidrográficas donde abundaba la pesca, la cacería y los cultivos estacionarios, ahora son inmensas extensiones de palma aceitera y otros monocultivos. De igual manera, la minería extractivista ha contribuido a aumentar el hambre y la desigualdad social y ambiental. En diferentes regiones del país las transnacionales a través de paramilitares despojan de sus tierras a los campesinos y campesinas; desvían y contaminan las aguas, el aire y el suelo».

La organización rojinegra concluyó que «el capitalismo, en sus diferentes momentos y con sus diferentes caras, agrava la desigualdad social, la hambruna y la miseria de la humanidad; su énfasis está en la rentabilidad y la ganancia de unos pocos, sin importarle la suerte de millones de seres humanos», y propuso que Colombia transite hacia un nuevo sistema de relaciones sociales y productivas destinado a la vida, a la democratización de la tierra y a una genuina y firme soberanía alimentaria, la cual se funde sobre los saberes agrícolas campesinos e indígenas, combinado con tecnologías respetuosas de la naturaleza.

«El asistencialismo y paternalismo agudiza la crisis alimentaria, pues no ataca el mal de raíz», sentenció el ELN y manifestó la necesidad de la integración social, cultural y económica de América Latina y el Caribe, «donde se desarrollen relaciones comerciales de solidaridad, intercambios de semillas y ayuda mutua, para colocar los bienes comunes, las potencialidades, los conocimientos y sabiduría de los diferentes pueblos al servicio de la gente y la naturaleza».

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