La derrota usraelí y la perspectiva judía

por Gilad Atzmon

Traducción: Fausto Giudice

La victoria iraní es un hito histórico. Es algo que se enseñará en todas las escuelas militares hasta el fin de los tiempos. Este triunfo es producto de una profunda comprensión del enemigo (tanto del Estado judío como de su principal representante servil, los Estados “no tan unidos” de América). También es producto de que Irán comprenda sus propias limitaciones, conozca su terreno, entienda su lugar en la geopolítica y reconozca a sus vecinos y sus necesidades de supervivencia.

El filósofo militar Clausewitz nos enseñó que “la guerra es la continuación de la política por otros medios”. La guerra de USA contra Irán no fue la continuación de ninguna política; fue el resultado de que su presidente fuera chantajeado por el Estado judío. Ayer supimos que toda la administración, la élite militar y la inteligencia se oponían a la guerra, y sin embargo, el desquiciado pelirrojo en la cima decidió lanzar una guerra criminal con un conjunto de objetivos poco realistas.

Irán, por su parte, conocía su lugar. Conocía su papel dentro de los BRICS. Comprendía su posición en la economía global. Para Irán, la guerra que se le infligió era el medio, no un fin en sí mismo. La guerra tenía un objetivo principal: la destrucción de USA como superpotencia. Trump era, por supuesto, una oportunidad de oro que no se podía desaprovechar. Tiene las características naturales que lo convertían en el candidato perfecto para tal tarea. Ha sido chantajeado por el Estado judío y su lobby durante un tiempo. Al mismo tiempo, es un narcisista megalómano e inseguro; en consecuencia, carece de la capacidad para llevar a cabo un pensamiento grupal de alto nivel. Estaba destinado a hacer a USAmérica “más pequeña que nunca” y ciertamente lo cumplió.

USA esta mañana es una caricatura aislada. Ha sido derrotado en una guerra que nunca debería haber comenzado.

El Estado judío, por supuesto, fue el principal catalizador de este desastre global. Ha demostrado al mundo lo peligroso y descuidado que es. Ha convencido a USA de que tiene un problema judío muy grave: a la vista de todos, su lobby chantajea a su clase política para embarcarla en aventuras desastrosas.

Mientras que los fundadores de Israel fueron lo suficientemente inteligentes como para comprender que, debido a sus dimensiones y condiciones regionales, Israel siempre debía evitar la guerra –y si se veía empujado a ella, mejor mantenerla corta y decisiva–, el actual Estado judío está en un constante estado de guerra con prácticamente todos en la región. ¿Por qué? La respuesta obvia es que su primer ministro, Netanyahu, cuenta con la guerra para su supervivencia personal. Pero esta es solo la respuesta políticamente correcta. La verdadera respuesta es que la judeidad se define por la negación, por aquello que separa al judío del otro (el goy o la humanidad, si se prefiere). El conflicto interminable es trágicamente una característica inherente de un Estado que se define a sí mismo como “el Estado judío”. Toda la historia judía es un relato interminable de conflictos letales, y el presente judío no es diferente.

Contrariamente a la observación de Clausewitz, en el Estado judío, la política es la continuación de la guerra por todos los medios posibles. Por trágico que parezca, mientras este Estado exista, la paz mundial corre un grave peligro, y lo que hemos presenciado en las últimas cinco semanas es un espectáculo desastroso de ese mismo peligro.

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