Bolivia. “Hermano Campesino”
En conclusión, la alianza obrero-campesina como estrategia de poder sigue vigente, con el añadido que debemos comprender mejor la dimensión de “lo campesino” que no es el furgón de cola del proletariado, sino su aliado.
En conclusión, la alianza obrero-campesina como estrategia de poder sigue vigente, con el añadido que debemos comprender mejor la dimensión de “lo campesino” que no es el furgón de cola del proletariado, sino su aliado.
La existencia de una dependencia psicológica, de una adicción, está médicamente demostrada en uno de los ámbitos de esta actividad en Internet: los juegos.
Ni el gobierno de Chile ni Codelco particularmente han entendido que su orientación en la explotación de nuestra principal riqueza natural, el cobre, es absolutamente equivocada.
Esta es una transformación fundamental: la relación de la nueva derecha radical con la democracia es completamente distinta a la del fascismo histórico. Como bien señalas en tu pregunta, hoy la frontera entre democracia y fascismo ya no es clara.
Hasta ahora no se han presentado pruebas nuevas consistentes ni aportes contundentes que justifiquen esta arremetida contra quienes han sido las principales víctimas del dolor y la revictimización.
El sionismo, como ideología estatal, no es únicamente una narrativa nacional; es una arquitectura de poder que ha aprendido a convertir la ocupación en negocio.
Creemos que el trasfondo de montar pruebas responde a una política de Estado con el fin de perseguir principalmente a nuestra organización, a la expresión de lucha que es la Coordinadora Arauco Malleco – CAM y su dirigencia histórica.
El Ejército de Liberación Nacional le propone al país, a las fuerzas políticas y sociales, construir un Acuerdo Nacional para superar la crisis estructural y el conflicto social, político y armado de más de 7 décadas, que le permita a Colombia construir su futuro en democracia, soberanía, equidad y justicia social para bien de las mayorías.
La crisis civilizatoria del orden moderno/colonial encuentra su expresión más aguda en la normalización de la ilegalidad como política de Estado.
Los operativos conjuntos que se han vivido en ciudades como Los Angeles y Chicago evidencian los sesgos racistas y clasistas en la persecución de individuos que caracterizan como criminales.