Todo es Palestina: “Si no te gustan estos principios, tengo otros”
Palestina ha dejado al descubierto el cinismo de la comunidad internacional. No es que no existan principios. Es que, si no les gustan, tienen otros. Así de simple. Así de brutal.
Palestina ha dejado al descubierto el cinismo de la comunidad internacional. No es que no existan principios. Es que, si no les gustan, tienen otros. Así de simple. Así de brutal.
Nos organizamos desde abajo, desde la solidaridad internacionalista, por un mundo sin ocupaciones ni muros, sin apartheid ni armas nucleares. Nos comprometemos a no dejar de hablar de Palestina, a no callar frente al poder y a seguir denunciando la arquitectura imperial que permite el genocidio.
Todo bajo la total impunidad frente a una sociedad que en un 99,9% apoya el desplazamiento, la expulsión, el robo de tierras, la destrucción de escuelas, mezquitas, iglesias, hospitales, infraestructura vial, sanitaria, agrícola, industrial, la construcción de muros de apartheid y confinamiento en dos enomes campos de concentración como lo son Gaza y Cisjordania. Una sociedad que apoya la agresión y crímenes contra el pueblo de El Líbano.
Pero, en este mundo al revés, lo más probable es que sea Israel, con el aval de Washington y algunos países sin dignidad, quienes presenten una Resolución de condena contra Palestina o contra las instituciones que le exigen el fin de los crímenes de lesa humanidad.
Más de 540 profesores y profesoras de distintas instituciones de educación superior firmaron una declaración pública en la que denuncian «la violación sistemática de las leyes del Derecho Internacional Humanitario por parte del gobierno de Israel».
La relación de la industria securitaria israelí con Chile se remonta a la dictadura de Pinochet y, en este sentido, las armas que abastecen a las FFAA y de Orden (policía incluida) chilenas son de manufactura israelí.
Gaza no está solo sitiada: está siendo exterminada. En Cisjordania, los asentamientos hacen metástasis como un cáncer colonial que devora la tierra palestina. Colonos armados, amparados por el ejército israelí, llevan a cabo pogromos bajo el silencio cómplice de la comunidad internacional y de quienes no ofrecen más que condenas hipócritas.
En estos días en Chile, la labor de Hasbará de la mano de la sombra tenebrosa y criminal del sionismo israelí la hemos vivido con el arribo de una vieja conocida. La ex embajadora de la entidad nacionalsionista israelí en Chile entre los años 2019 al 2022, la argentina de padres alemanes y posteriormente colona ocupante en los territorios palestinos ocupados por los sionistas a partir de 1948, Marina Rosenberg.
Ambos regímenes, estadounidense e israelí, buscan la ampliación de su Lebensraum (su espacio vital), al estilo del régimen nacionalsocialista alemán, que les permita alcanzar su delirio de grandeza, anexionando territorios que no les pertenecen, ocupando, colonizando, exigiendo la venta de tierras o fusionar países, que en el caso de Trump implica presionar a Canadá, Dinamarca y cuando se trata del régimen judeo israelí, ejecutar crímenes de guerra y lesa humanidad para anexionar territorios en Palestina, El Líbano y Siria, fundamentalmente.
El reciente caso de un exsoldado denunciado en la Patagonia, acusado de haber participado en la masacre en Gaza, Saar Hirshoren, deja en evidencia la urgencia de cuestionar quiénes ingresan a nuestro país. Chile no puede ser refugio para criminales de guerra.