Palestina: mujeres y niños

por Daniel Seixo

«Casi el 70% de los muertos en Gaza son niños y mujeres, informan al Consejo de Seguridad«. Siempre ha existido una tendencia a situar a las mujeres a la par que los niños en relación con los conflictos bélicos. Una inclinación que, ya sea de manera deliberada o no, ha buscado retratar a las mujeres como seres débiles y vulnerables, carentes de capacidad de acción o influencia en los procesos de lucha por la liberación de sus pueblos. A pesar de ser una interpretación incorrecta desde cualquier punto de vista, resulta particularmente inoportuna en el caso de Palestina.

La mujer palestina siempre ha mantenido una conexión profunda con la historia de su propio pueblo, un relato que desafía la estereotipada imagen de una mujer sumisa o pasiva, tal como a menudo la presenta la prensa occidental. Con la llegada de los británicos a Jerusalén y la ocupación de Palestina en 1917, la sociedad palestina, arraigada en tradiciones, comenzó a experimentar los embates y transformaciones iniciales provocados por el implacable avance del sistema capitalista. Es ya en los inicios del siglo XX, en un contexto previo a la ocupación sionista, donde nacen los primeros esfuerzos por organizar un «despertar de las mujeres», inserto en un movimiento con un claro carácter de solidaridad y articulación regional.

Estos colectivos estaban conformados por miembros de las clases medias urbanas, congregando a mujeres de diversos credos, pero con un nivel económico y cultural avanzado, una realidad que destacaba dentro del contexto nacional de Palestina en aquel momento. Este movimiento asociativo, que en sus orígenes tenía un carácter caritativo, promoviendo la educación de la mujer palestina con el objetivo de proporcionarle un futuro, poco a poco evolucionó a una participación pública mayor, supliendo las enormes carencias sociales a las que la ocupación colonial británica nunca prestó la menor atención.

Si bien en estos inicios, el papel político de las mujeres se circunscribía a la lucha por su propio derecho a tener voz en el futuro de su pueblo, el período que va desde 1884 hasta 1929, comienza a dar muestras de un creciente malestar contra las políticas del colonialismo británico y contra el inicio de la inmigración judía, que daría paso al germen sionista en el territorio nacional palestino. Es precisamente en 1929 cuando tiene lugar el primer Congreso palestinos de las Mujeres Árabes, marcando desde este momento un punto de no retorno, en el que el movimiento de las mujeres palestinas se constituye oficialmente como tal, movido por una oposición frontal al mandato británico y un creciente sentimiento nacional entre sus filas. Desde este momento, parte de las mujeres palestinas actuarán ya desde una militancia políticamente estructurada. Organizaciones como la Asociación de Mujeres Árabes (AMA), representaran perfectamente esta primera fase de articulación del feminismo palestino.

En las décadas siguientes, la participación política de la mujer palestina experimentó un notable incremento. Desempeñando un papel fundamental en las huelgas revolucionarias, la difusión de folletos, la recaudación de fondos y en la creación de redes de solidaridad con los presos. Incluso en el ámbito militar, las constantes incautaciones de armas en manos de militantes palestinas sugieren que el papel de la mujer en este sector de la resistencia, fue significativamente más influyente de lo que inicialmente podría haberse percibido. Es en esta época, cuando la desmedida represión británica contra el movimiento de liberación nacional palestino, provoca que también en el ámbito rural la mujer palestina asuma la importancia de organizarse políticamente.

La instauración del Estado sionista en mayo de 1948 marcó una interrupción abrupta en el creciente desarrollo político de las mujeres palestinas. El estallido de la guerra árabe-israelí desvió gran parte de los esfuerzos de las diversas organizaciones hacia un imperativo apoyo a la comunidad y la atención de miles de heridos en distintos hospitales del país. A pesar de la urgencia humanitaria que demandaba un enfoque específico, las mujeres palestinas no limitaron su contribución a los roles tradicionales. Un ejemplo es la Zahrat al-Uquhan, una unidad especial compuesta por mujeres que brindaban apoyo en diversas acciones militares. Además, el papel desempeñado por las combatientes palestinas en las filas del Ejército de Liberación Árabe resalta la presencia activa y polifacética de la mujer palestina en la lucha por la liberación de su pueblo.

Tras las impactantes tragedias de la Nakba y la Naksa, el rol de la mujer palestina se transforma al compás del devenir de sus propias comunidades. El exilio, la represión, la cruda realidad de los campamentos de refugiados y la tenaz lucha por preservar la memoria y la cultura palestina, se entrelazan con un crecimiento significativo de la autoconciencia de los derechos de las mujeres. Durante las décadas de los 60 y 70, este proceso da lugar a una conjunción única: la unificación de la lucha nacional con el impulso hacia la igualdad de género.

A principios de la década de 1980, emergen popularmente los comités nacionalistas conformados por mujeres pertenecientes a la clase trabajadora y estudiantes. Estos comités aspiraban a amalgamar la lucha por la liberación nacional con la búsqueda de justicia social y la promoción de la igualdad de género, evitando de este modo el regreso de la mujer a sus roles tradicionales. Con el estallido de las sucesivas Intifadas, el papel de estas organizaciones se reveló en toda su potencialidad, facilitando la desobediencia civil espontánea y la resistencia contra la ocupación sionista. Movilizando a sus afiliadas, las mujeres palestinas desempeñaron un papel activo en el enfrentamiento contra el ejército ocupante, participando en huelgas y manifestaciones que tenían como objetivo romper los lazos con la economía sionista. Muchas militantes palestinas enfrentaron la tortura y el encarcelamiento como consecuencia de desafiar abiertamente al ocupante.

Aunque las agrupaciones de mujeres desempeñaron un papel fundamental en la sociedad palestina, la creación de la Autoridad Nacional Palestina y las mesas de negociación política no reflejaron adecuadamente este esfuerzo mediante una representación equitativa en las instituciones emergentes. En su lugar, se observó una inclinación hacia los sectores más conservadores y tradicionalistas de la OLP, quienes resistieron activamente las demandas de las organizaciones de mujeres palestinas. Entre las mismas destacaba la propuesta de establecer cuotas tanto en las instituciones gubernamentales como en las listas electorales, con el objetivo de asegurar un acceso equitativo a oportunidades laborales y una representación justa en la escena política palestina.

Ante la perspectiva de un futuro estado palestino y la institución de organismos como el Ministerio de Asuntos de la Mujer en 2003, las organizaciones de mujeres palestinas redirigieron significativamente sus esfuerzos hacia la lucha judicial y reglamentaria. Se enfrentaron a desafíos cruciales, como la promulgación de un nuevo código civil que eliminara de manera definitiva las discriminaciones contra las mujeres palestinas y que sentara las bases para una participación más activa de las mujeres en todos los ámbitos de la sociedad palestina. En este contexto nace la Carta de las Mujeres Palestinas, organización que aboga por la total igualdad de derechos entre hombres y mujeres, con el objetivo de erradicar la violencia familiar contra las mujeres, su precariedad laboral o los efectos de las diversas legislaciones claramente discriminatorias.

A través de un extenso diálogo que involucra a mujeres palestinas de diversas regiones y condiciones sociales, se han alcanzado notables progresos en la lucha contra la violencia familiar y las violaciones. Se han establecido refugios y líneas telefónicas de apoyo para mujeres maltratadas, se han implementado normativas en contra del matrimonio infantil y se han impugnado leyes que requerían la aprobación de los esposos para que las mujeres solteras o mayores de 18 años obtuvieran un pasaporte. Asimismo, se han logrado avances significativos en el ámbito laboral y se ha avanzado en la representación política de las mujeres palestinas.

Contrariamente a la inclinación occidental a infantilizar a la mujer palestina o al intento de tutela propuesto por algunas ONG, que buscan establecer su presencia en la sociedad palestina aprovechando las condiciones de pobreza y dependencia generadas por la ocupación sionista, las organizaciones de mujeres palestinas continúan desempeñando un papel activo en el movimiento de liberación nacional. Su voz y acciones siguen suponiendo a día de hoy un pilar fundamental en diversos aspectos de la resistencia contra la agresión imperialista israelí.

Nombres como Leila Khaled, Khalida Jarrar, Shadia Abu Ghazaleh, Maha Nassar, y muchas otras mujeres que han contribuido a la lucha por la libertad de su pueblo y su sexo, nos recuerdan que la mujer palestina nunca debe ser percibida como un ser débil, vulnerable o carente de capacidad de acción e influencia en el futuro de Palestina.

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