Gracias a Dios, a la Santísima Virgen y al Departamento de Estado de Estados Unido

Gracias a Dios, a la Santísima Virgen y al Departamento de Estado de Estados Unidos, desde 1990, hasta la fecha y, a pesar del boinazo por un lado y del estallido social por el otro, este gran país que es Chile sigue siendo un país libre y democrático.

Es un hecho más que evidente que, a este respecto, Chile está al nivel de la mayor democracia del mundo, esa del gran país del norte o, de aquellas de las viejas naciones europeas que, después de siglos de agarrarse de las mechas, lograron un sistema de unidad y de hermandad.

Prueba de esto es el hecho que una vez más, este largo y angosto país, conocido mundialmente por la belleza de sus mujeres, por su vino y por tener el himno nacional más bello después de La Marsellaise, se prepara para elegir a aquel o aquella que lo gobernará durante los próximos cuatro años.

Hasta fines del mes de marzo eran ocho los candidatos declarados oficialmente para postular a tan importante cargo, si bien por el momento son 57 los que están tramitando su participación.

Esto demuestra la conciencia de cada uno de los chilenos y chilenas, incluso los más simples y humildes, de su capacidad para asumir cualquier responsabilidad pública, incluso una tan importante, prestigiosa y ahora tan respetada como la de Presidente de la República.

De más está decir, porque es evidente, que cada uno de los 57 postulantes, con plena conciencia y después de mirarse fijamente ante el espejo, por sí y ante sí, está convencido de que es el mejor entre todos los otros candidatos.

No es necesario nada más, lo del programa es secundario y por el momento basta con hacer promesas, después se verá.

El chileno, como en ningún otro lugar en el mundo, ha comprendido el funcionamiento de esta democracia, en que elige al representante que mejor le ha vendido la pomada, para que después este actúe como le salga de las narices, situación que resumen en un dicho cargado de sabiduría popular:
“Que vote por el que vote, que salga (elegido) el que salga, igual voy a tener que seguir trabajando y sacándome la cresta pa’ comer…”

Según numerosos estudiosos europeos de la materia, este fenómeno, que no es exclusivo en el mundo, está determinado por las facilidades que tienen los chilenos para ejercer su derecho a voto.
Desde ya, el día de las elecciones, cada ciudadano no tiene el problema de decidir si irá o no a votar: si no va, le cae una multa. Así de simple.

Frente al terrible dilema y a la angustia que significa el decidir por cuál corriente política y por cual candidato votará, son los medios informativos, en especial la televisión, así como los dos grandes grupos de la prensa escrita chilenos, los que le habrán allanado el camino.

Medios que, como corresponde en una democracia, pertenecen a empresarios privados y por lo tanto libres, sin intereses mezquinos, injerencias o control del Estado, contrariamente a lo que ocurre en los países comunistas.

Así, la angustia de la decisión frente a la cédula electoral será superada con algo tan simple y delicado como es la diversión, sobre todo en la TV, con la presentación de crímenes, asesinatos, asaltos, lanzazos, portonazos…etc

Aislado en la casilla de votación y solo frente a su conciencia, el ciudadano chileno votará, incluso con los ojos cerrados o con resaca después del carrete de la víspera, por aquel o aquella que le ofrecerá las soluciones simples y de sentido común frente a los problemas que le ha mostrado la tele.

A saber y por ejemplo: La pena de muerte, toque de queda con los milicos en las calles y estado de emergencia con leyes de gatillo fácil.

Gracias a Dios, a la Virgen y al Departamento de Estado de EEUU, Chile es un país libre y democrático.

Fuente: https://lekahuin.com/

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