
por Daniel Pizarro
Hay novelas cuyo grado de invisibilidad u olvido parece ser el indicador más evidente de su vigencia y actualidad. Una de ellas es Petróleo de Pier Paolo Pasolini, imposible de encontrar en toda suerte de librerías como he podido comprobar al hacer el ejercicio de buscarla. Muy por el contrario, lo que hoy figura destacadamente en los escaparates de las librerías locales son títulos como un “ensayo” (entre comillas por respeto al lector) que se propone demostrar que entre nazismo y comunismo no hay ninguna diferencia.
Para encontrar Petróleo hay que sondear debajo de la superficie. Escrita entre los años 1967 y 1975, quedó interrumpida por el asesinato del escritor y cineasta y años más tarde se publicó en forma póstuma. Si bien abarca un largo período de la Italia de posguerra, Petróleo podría ser perfectamente la historia de los últimos 30 o 40 años de este otro país.
La novela combina libremente narración y ensayo para dar cuerpo a un proyecto que se propone describir los efectos de la transformación de una sociedad no a partir del realismo social (como haría Pasolini con Una vida violenta ), sino de una manera bastante más original, más arriesgada y creativa que tiende a presentar el cambio social sobre todo como un cambio de espíritu (o su degradación), de la forma como los seres humanos se perciben y se relacionan consigo mismos y los demás.
La línea argumental, interrumpida por numerosos episodios que, desde diversas perspectivas, clavan banderas en los territorios conquistados por Pasolini para delimitar su escurridiza materia, se trata de un personaje, Carlo, que a su vez tiene un doble, también llamado Carlo. El primero es un pequeño burgués y el segundo más bien un proletario. La novela los hará atravesar por experiencias que indagan en la condición más propia de lo burgués y lo proletario, también para entender cómo se transmutan o transfiguran. En la travesía de estos personajes se va configurando una imagen muy crítica de la Italia de posguerra, especialmente de los tiempos vividos durante la redacción de Petróleo, imagen que pareciera anticipar épocas venideras, incluido —cómo no— el gobierno de una tal Meloni admiradora de “Il Duce”.
Las experiencias del Carlo primero describen su ascenso por los círculos de los magnates petroleros. Como contrapartida de este viaje hacia el poder, sufre temporalmente un repentino cambio de sexo y se entrega como hembra a un joven de pueblo que es uno de sus subalternos. Por su lado, Carlo segundo se deja llevar por un frenesí carnal que lo conduce a relaciones sexuales con su propia madre, con sus hermanas y con cuanta mujer pueda prendarse. Al igual que su doble, también se convierte en mujer y se entrega en un terreno baldío a la satisfacción sexual de un numeroso grupo de obreros.
Se trata de un escenario donde la dimensión del sexo manifiesta las no siempre evidentes implicaciones del poder. La inversión sexual permite al primer Carlo desahogar el sentimiento de superioridad de quien se encuentra en posición de someter al otro. Aunque bajo la misma lógica, la inversión de Carlo Segundo es más compleja. En lo esencial apunta a la idea de que el proletariado ha asimilado como si fueran propios los modelos vitales impuestos por el auge del capitalismo en la Italia de aquellos años.
En este contexto, ¿qué viene a ser el fascismo para Pasolini? En el Apunte 67, Fascinación del fascismo , propone una interpretación del fenómeno que no debe perderse de vista al seguir de cerca la crítica que emprende contra la sociedad capitalista. Hay un misterio en el cuerpo del otro, dice Pasolini, es el misterio de lo vivido . En razón de nuestra conciencia de caducidad, atribuimos a las experiencias de los demás una cualidad que nos está negada: el valor absoluto. Este valor absoluto, como continuidad en el misterio de lo vivido, viene a quedar representado en la reunión de la experiencia de los padres y la de los hijos (ambas, siempre, más allá de nosotros) en un Pasado como imagen del mundo y lugar de la estabilidad, de donde surge la fascinación del fascismo: “La estabilización del Presente, las Instituciones y el Poder que las defensoras, se basan en ese sentimiento del Pasado, como misterio a revivir”. Aunque vana, la expectativa de poder llevar a cabo las mismas experiencias existenciales de los padres nos libera de una angustia intolerable; del mismo modo, la posibilidad de proyectar dichas experiencias en los hijos también nos salva de la desorientación absoluta. Así, “el Fascismo expresa de manera primitiva y elemental todo esto: porque da primacía a la filosofía irracional y a la acción, que son las formas actuales y lógicas del Misterio corporal”. Por su naturaleza, el fascismo tiene que repeler todo pensamiento crítico.
El Apunte 59, Pasaje de Tiempo , esboza una síntesis crítica de los cambios experimentados por la Italia de posguerra con el triunfo definitivo del capitalismo y la destrucción de los resabios de otras formas de organización social y productiva. “Italia se había encaminado hacia el Hedonismo del Consumo”; “El izquierdismo había perdido sus masas, porque subcultura de protesta contra subcultura de poder es una antítesis que no puede terminar de otro modo que con la derrota de la primera”. Y más adelante, sobre la juventud: “a través del rechazo, los jóvenes se encontraron inmóviles en la historia”; “El acercamiento de la periferia al centro, de la provincia a las capitales, había destruido mientras tanto también las diversas culturas populares”; “El modelo se había vuelto único: era el que el centro, a través de la prensa y la televisión, blandamente imponía… la inmensa cantidad de jóvenes pobres que trataban de adaptarse a él quedaban frustrados… Ya no había orgullo popular… las mil liras de más que el bienestar había metido en los bolsillos de los jóvenes proletarios se habían convertido a esos jóvenes en proletarios necios, presumidos, vanidosos, malvados”. En los rostros de los jóvenes populares se imprimía “una mueca de autosuficiencia”, ya no miraban más a los ojos. Se había extinguido la curiosidad y había solamente una “ansiedad nerviosa… de consumir cada uno su ración de tarta”. Vestimentas, atuendos y cortes de pelo eran un resultado “que llegaba a sustituir a la palabra”, lo cual debería entenderse, naturalmente, como la renuncia al desarrollo de todo pensamiento crítico y de entrega al narcicismo rampante.
El Apunte 71, El Mierda , exponen a través de distintas visiones, como en un travelling cinematográfico, los cambios producidos en la sociedad, aproximando la lente, como al pasear a lo largo de una galería de vitrinas, a los Modelos de identidad con los que se identificaban ahora los jóvenes, lo cual equivalía al acto de consumir. Sobre la vestimenta: “el lenguaje de esas prendas que parecen llevar todavía adherido el precio y que nada tienen que envidiar a las de los burgueses… a la altura de su modernidad e incluso de su buen gusto en la simulación de lo ‘pobre’ y de lo ‘remendado’”. El lenguaje de esas prendas “proporciona a la mirada ya los gestos la sosegada luz de beatitud de quien está satisfecho y se ha realizado… la luz furibunda de quien confunde la mala conciencia que se desprende de dicha servidumbre al Modelo con una inquietud herética y revolucionaria por la que se siente llevado a vestir según un gusto que considera anárquico y escandaloso”. Los pobres, concluye Pasolini, no han luchado por conseguir la igualdad social en la vestimenta, sino que aquélla les ha sido concedida como una manera de integrarlos.
Otro de los Modelos aparecidos en estas visiones, el de la Dignidad, ha hecho pasar la limitada Dignidad burguesa por la Dignidad humana, volviéndose la primera “una especie de nueva dignidad viril” que ignora y abjura de la segunda, porque “de plena buena fe, la virilidad ha de ostentarse —sin haberlo proyectado— cierta mediante actitud casi intelectual, con cierta manera de vestir a lo hijo de papá, con cierta delicadeza de costumbres”. El camino de la dignidad así instituida conduce a “una nueva forma de orgullo militar”.
En una visión posterior de este extenso paseo, El Mierda (dicho sea de paso, el personaje no hace más que caminar del brazo de su compañera a lo largo de estas “vitrinas” con tal compostura que los músculos llegan a agarrotársele) se encuentra con el Modelo de la Tolerancia. “Las palabras del Modelo son ya palabras de Código, y ellos, que han nacido bajo esa buena estrella, están impacientes por realizar aquello que para ellos es la normalidad, esa tarde, ese anochecer, esa noche y durante todo su futuro”.
Luego de aquel diagnóstico Pasolini deja caer unas palabras que aún siendo parte de la descripción del estado de las cosas podrían apuntar también hacia el futuro: “su decisión de rechazar el poder que tienen al alcance de la mano para crear otro en un mañana incierto, improbable, con frecuencia idealizado y utópico, no puede dejar de levantar sospechas”. De las múltiples disecciones que una novela puede hacer sobre la realidad para intentar comprenderla, la de Pasolini cala profunda en el entendimiento, por lucidez y también, insisto en ello, por vigencia, como lo expresa el final del ya citado Pasaje de tiempo : “La única realidad que latía con el ritmo y el aliento afanoso de la verdad era la —despiadada— de la producción, de la defensa de la moneda, del mantenimiento de las viejas instituciones todavía esenciales para el nuevo poder, y que ciertamente no eran las escuelas, ni los hospitales, ni las iglesias”.
Petróleo se escribió hace más de medio siglo y es casi imposible de encontrar…


