EEUU. Trump, el ICE y la política de la crueldad

por Arturo Landeros

Entre otros logros presidenciales de Donald Trump está el hecho de que el ICE, el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (Immigration and Customs Enforcement), sea conocido internacionalmente. La última noticia que ha dado la vuelta al mundo, el asesinato de Renee Good en Minesota.

Las siglas, tan presentes en los noticiarios de países como México y algunos de Centroamérica desde hace décadas, cobran notoriedad desde que Trump relanzó la participación de esta agencia en la política interna de los Estados Unidos a principios de 2025 vía “La Gran Hermosa Ley” (Big Beautiful Bill). Un único paquete legislativo que combina el endurecimiento migratorio, reformas fiscales, recortes a la salud pública y desregulación energética. Para el ICE significó el aumento de presupuesto para el reclutamiento de un número bastante significativo de personal entre empleados y oficiales. En su web oficial, anuncia que: “Tras recibir más de 220 000 solicitudes de estadounidenses patriotas”, la agencia “superó con creces su objetivo original de contratación de 10 000 nuevos oficiales y agentes en un año”. De hecho, ha más que duplicado su personal, pasando de 10.000 a 22.000.

Tampoco tiene desperdicio la sección de comunicados de su Web donde en un boletín del 31 de diciembre de 2025 señala que: “Mientras los agentes del ICE arriesgan sus vidas para arrestar a los peores delincuentes extranjeros indocumentados, incluyendo asesinos, violadores, abusadores sexuales de menores, terroristas y pandilleros, se han enfrentado a un aumento del 1347% en las agresiones y del 8000% en las amenazas de muerte en su contra, debido a las mentiras y difamaciones de políticos que defienden los santuario (para migrantes) y activistas radicales, así como a los bulos difundidos por los medios de comunicación. A pesar de ello, sus heroicos esfuerzos han dado resultados históricos, ayudando al DHS (Departamento de Seguridad Nacional) a expulsar a más de 622.000 extranjeros indocumentados, incluyendo decenas de miles de los peores delincuentes”. No hay forma de comprobar los datos que señala la web, pero el lenguaje utilizado por el funcionario en turno que lo redactó no tiene desperdicio.

Los dispositivos y recursos del aparato contra la migración indocumentada son amplios, centrados básicamente en dos agencias, el ICE y la Border Patrol.  La diferencia del ICE con la Border Patrol radica en que los primeros se mueven por el interior de los Estados Unidos mientras que los segundos vigilan las fronteras del país. Ambas son agencias del Departamento de Seguridad Nacional (DHS) dirigido por Kristi Noem, un personaje salido de algún capítulo de la serie de vaqueros fachas Yellowstone. Los agentes de estas corporaciones son oficiales federales protegidos por leyes que les garantizan una amplia inmunidad.

Además, el ICE es el brazo de investigación más grande del DHS, dos de sus departamentos se dedican a investigar y clasificar tanto a posibles deportables como a terroristas: La Oficina de Detención y Deportación (Enforcement and Removal Operations, ERO), y la Oficina de Investigaciones de Seguridad Nacional (Homeland Security Investigations, HSI).

La patrulla fronteriza, creada en 1924, establece 19 semanas de entrenamiento, pero en el caso del ICE, creado en 2003 después del 11 de septiembre, no hay información sobre la formación que reciben los reclutas. Y los requisitos para unirse al ICE no incluyen un examen o tener un título académico, casi todas son pruebas físicas. Sin embargo, dadas las funciones de seguridad doméstica del ICE al interactuar con ciudadanos estadounidenses, sus actividades tienen implicaciones legales muy profundas, especialmente si en una detención contravienen la cuarta enmienda, por ejemplo, y pretenden entrar en la vivienda o el negocio de alguien mientras no exista flagrancia.

Ambas organizaciones mantienen fuertes cargas ideológicas sobre la defensa de un territorio que creen bajo asedio. Los operativos conjuntos que se han vivido en ciudades como Los Angeles y Chicago evidencian los sesgos racistas y clasistas en la persecución de individuos que caracterizan como criminales. Tanto Greg Bovino, comandante de la Border Patrol como Todd Lyons director del ICE no se cortan un pelo al mostrar el lenguaje trumpista de que inmigración es igual a inseguridad. El actuar de ambas agencias es sumamente violento.

Es por esto que organizaciones civiles de Estados Unidos critican el intempestivo aumento de personal del ICE sin tener en cuenta la importante capacitación legal y de respeto a los derechos humanos necesaria para interactuar con la ciudadanía. La oferta laboral con una importante remuneración salarial ha llevado al trasvase de otras fuerzas del orden a las filas del ICE. Pero el caladero mayor sigue siendo la larga lista de ex militares que han acabo su tiempo en el ejército o que no han podido establecerse en un trabajo no relacionado con la violencia.

Sin embargo, el reciente asesinato de una ciudadana estadounidense a manos de un veterano agente del ICE amplía la preocupación por el tipo de integrantes de la corporación. Los hechos ocurrieron en medio de una redada migratoria en la ciudad de Mineápolis, Minesota, al norte del país. Renee Good junto a otras personas de la comunidad formaba parte de un grupo de observación frente a los abusos del ICE. Al momento de ser abordada violentamente por un agente que pretendía sacarla a la fuerza de su camioneta, Renee tiró en reversa para escapar esquivando a los oficiales, uno de los cuales le disparó directamente a su rostro. El automóvil avanzó en línea recta hasta chocar con un poste. Los agentes del ICE formaron un cordón alrededor del lugar impidiendo que Renee fuera atendida. Ahí murió, una madre de tres hijos, poeta, comprometida con la defensa de los más vulnerables.

De ahí la creciente visibilización internacional del ICE y con ello su inaudita capacidad para la crueldad, la de Trump y la de su policía migratoria. No solo es el hecho de irrumpir en la vida de las personas más vulnerables a punta de violencia, malos tratos e inhumanidad. Es también cómo estas agencias se han convertido en la tabla de salvamento de unos veteranos que ahora desatan su furia y frustraciones acumuladas a lo largo de una vida siendo carne de guerras injustificadas, despojos e invasiones, contra la población migrante y sus aliados.

Lo que se sabe del asesino de Renee Good es justamente eso: Jonathan Ross, un oficial que lleva 10 años en el ICE en la oficina del ERO. Un hombre profesional de la violencia, crecido en guerra tras guerra, persiguiendo enemigos fantasmas ya sea en Irak o en su propio país. Fiel seguidor del MAGA (Make America Great Again) y de un determinado tipo de iglesia rara que premia a quienes hacen justo lo que se supone que es contrario a esa religión, ser cruel con el prójimo. Un auténtico YMCA (Young Men Christian American), como la música de Village People que acompaña a Trump cuando baila en sus conferencias. Un patriota americano. Y como no puede ser de otra forma, el pistolero de Minnesota está casado con una mujer filipina, que obtuvo la ciudadanía estadounidense. Cierto, la mujer no tiene vela en esta historia, pero es todo tan cliché que no podría no ser mencionado.

Una vida por otra, y como decían los clásicos, “no es lo que matas sino lo que dejas vivir”. Renee Good y su esposa hacían una ronda de acompañamiento para proteger a los migrantes de la furia del ICE. No hay que decir mucho más de la persona que puso el cuerpo para defender a los más vulnerables mediante operativos solidarios frente a las redadas de la migra. Como muchas compañeras hacen en España. Quizá por eso ICE y CIE comparten letras. Sería digno recordar a Renee Good como recordamos a Carlo Giuliani en otra época igual de oscura que esta.

Arturo Landeros es sociólogo e integrante de la Taula per Mèxic.

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