
por Víctor Hugo Robles
@elchedelosgays
Hace algunos años, entrevistada por Tonka Tomicic en el matinal Bienvenidos de Canal 13, la socióloga y criminóloga Doris Cooper Mayr analizaba los detalles del bullado crimen de Viviana Haeger, ocurrido en junio de 2010. En esa ocasión, Cooper —invitada permanente a la televisión debido a sus agudas reflexiones sobre crímenes y psicopatías— examinó la personalidad enfermiza de Sergio Anguita, marido de Haeger, sindicado como el asesino de su esposa. Hoy, Anguita está libre y la muerte de Haeger —que movilizó a policías, jueces y periodistas— permanece en el olvido. Tan relegada como la propia Doris Cooper, quien no apareció nunca más en la televisión, renunciando a sus clases universitarias y dejando en suspenso la publicación de un libro de su autoría, titulado: Un científico en cana, manuscrito que publicaría LOM Ediciones.
¿Qué pasó con Doris Cooper? ¿Dónde quedaron sus escritos y sus pinturas? ¿Por qué, de un día para otro, desapareció de la escena pública? ¿Está viva?
Sí, está viva. Tras mucho tiempo de búsqueda e investigación logré dar con el paradero de Doris Cooper, alojada ahora en una casa de reposo de la comuna de Ñuñoa. Hablé con ella y su entorno, indagando en su situación médica y legal. El presente informe incluye violencia intrafamiliar, abuso contra personas adultas mayores por parte de familiares y el deseo de libertad de una respetada socióloga y académica que —denuncia— ha sido escondida y violentada física y psicológicamente por su propia hija, Katia Bannura Cooper, quien la declaró maliciosamente “interdicta” para quedarse con todos sus bienes, incluyendo una millonaria pensión.
En exclusiva para La Voz de los que Sobran, la historia de vida o más bien sobrevida de Doris Cooper Mayr, “una científica en cana”, tal como ella llamaría a su frustrado último libro. Una triste e impactante historia que ha transitado por hospitales, comisarías y residencias para personas adultas mayores, incluyendo una cuestionada declaración médica de “interdicción”.
Un poco de historia
Era julio de 2018. Muy lejos de Santiago de Chile, participando en la Conferencia Mundial del SIDA en la ciudad de Ámsterdam, Países Bajos, cuando recibí una sorpresiva llamada por WhatsApp de un número desconocido. Nerviosa, la persona que llamó, una mujer, se presentó como amiga personal de Doris Cooper y me informó que la destacada profesora universitaria estaba muy grave, internada en el Hospital Militar de Santiago. Me contactó en mi condición de periodista y debido a las diversas entrevistas que le hice a Doris, amiga de las causas del género, las mujeres y las disidencias sexuales.
El abandono en el Hospital Militar
De regreso en Santiago visité a Doris, conversé con ella y observé situaciones de maltrato al interior del hospital. Su familia, su hija Katia, advertida por personal militar de mi presencia, prohibió visitas y estableció un régimen estricto de medicación. “La paciente sufre depresión y otras afecciones médicas”, indicaron en el hospital. Pese a las prohibiciones para conversar con Doris impuestas por la hija, sí lo hice con el hermanastro de Doris, el reconocido arquitecto Alberto Moreira Mayr, quien se mostró preocupado por la situación de Doris, insistiendo en la urgente necesidad de retirarla de hospital, ubicándola en un mejor lugar.
Finalmente, luego de la insistencia de Alberto, trasladaron a la socióloga a una casa de reposo en la comuna de Las Condes, llamada Nefertitis de Bulat, lugar donde Doris tampoco podía recibir visitas. “Yo le decía a Katia que Doris debía tener Internet para trabajar su cerebro y así comunicarse con la gente”, recuerda Alberto. “Eso es maltrato, es peor que estar preso, ni su carnet tenía en su poder, lo había retenido su hija”, reclamaba. Ya instalada en ese lugar, espacio desde donde sería expulsada tiempo después, logré conversar con Doris por teléfono; le ofrecí ayuda, acudir a los medios de comunicación, denunciar los hechos, pero ella declinó hacer pública su grave situación para no “perjudicar a la familia”, dijo en esa oportunidad. Después de ese lugar, Doris transitó por diversos hogares de ancianos de la ciudad de Santiago.
Ángel de mi Guarda
Sin saber en qué nueva residencia estaba Doris, llamé y llamé a su número. Durante un largo periodo el teléfono de Doris era respondido por una persona desconocida y agresiva, que exigía no llamarle más, ni molestar, afirmando que ella no era “esa tal Doris”. Ya con el paso del tiempo perdí la pista total de Doris, hasta septiembre de 2024, cuando, sorpresivamente, recibí una llamada de la directora del hogar Ángel de mi Guarda, ubicado en la comuna de Ñuñoa.
Gloria Godoy Ramos, trabajadora social de mediana edad y directora del hogar para adultos mayores, me informó que Doris fue ingresada a la residencia “en base a engaños por parte de su hija Katia”. Sin embargo, en vez de expulsarla —como ocurrió en otros hogares—, la administradora decidió acogerla. En ese proceso de recepción e indagación, Gloria conoció la historia de abusos y negligencias contra Doris Cooper, asegurando que “aquí es responsable todo el sistema”.
Durante largo tiempo seguí el caso e investigué sus alcances, leí el expediente judicial, acompañé a Doris, a su hermanastro y a Gloria a los tribunales de familia, conversando y entrevistando a los protagonistas de esta dolorosa e injusta historia: Doris Cooper, Alberto Moreira y Gloria Godoy. La hija de Doris, Katia Bannura, no respondió correos ni mensajes.
Habla Gloria Godoy, guardiana de Doris
Soy Gloria Godoy, directora de la Fundación Ángel de mi Guarda. Nuestra fundación tiene como objetivo principal la promoción y la lucha por la protección de los derechos de las personas mayores, una población totalmente dejada de lado, dice Gloria a modo de presentación.
¿Desde cuándo conoce a Doris?
Desde que llegó a nuestro hogar, el 18 de septiembre de 2024. Doris fue ingresada por su hermanastro, que vive en Isla de Maipo. Llegó con una condición de salud muy deteriorada; tenía años de abandono total. Estuvo en cuatro residencias de adultos mayores de las que fue sacada por no pago, porque fue declarada interdicta por su única hija, Katia Bannura Cooper, quien hizo uso y abuso de los recursos económicos de Doris.
¿La propia hija?
Sí, su propia hija. He conversado con amigas de Doris y he investigado su situación. Katia llegó aquí presentándose con engaños. Antes dejó a su madre en distintas casas de reposo donde no pagaba, por lo que Doris iba saliendo de las residencias y bajando progresivamente de nivel. Primero estuvo en una casa de muy buen estándar en Las Condes. En una ocasión, tras una salida al médico con su hermanastro, no le permitieron el reingreso porque debía seis meses o más de mensualidad. La hija cobraba la pensión de la madre, pero no pagaba las residencias. El hermanastro, molesto, interpuso una denuncia en la 18ª Comisaría de Carabineros de Ñuñoa, pero no se activaron las redes.
¿El hermanastro se ha preocupado?
Sí, pero lamentablemente él está construyendo su propia vivienda. Me contó que incluso le cedió su habitación con toda la incomodidad que eso implica, exigiendo a Katia que volviera a ingresar a su madre a otra residencia para adultos mayores.
¿Entonces ahí Katia internó a Doris en su residencia?
En otras residencias y luego aquí. Ella llegó con muchos engaños. Se presentó como profesora universitaria y me dijo que su madre, producto del fallecimiento de su hermano, había caído en una depresión y estaba en una condición frágil de salud. Por eso la internó inicialmente en el Hospital Militar. Según mi propia investigación, Doris estuvo ahí un año y medio en condición de alta, completamente abandonada por su hija. En el hospital contrajo una bacteria intrahospitalaria que le provocó un daño pulmonar y otras graves consecuencias de salud.
¿Usted conoce la biografía de Doris Cooper?
Sí, ella misma la contó y también hemos leído mucho sobre su trayectoria profesional. Nos preocupa profundamente. Por eso la acogimos y la estamos apoyando. Desde la Fundación Ángel de mi Guarda estamos luchando contra el abandono de la sociedad en su conjunto y de los establecimientos de larga estadía para adultos mayores que no hicieron su trabajo. Nosotros trabajamos con seres humanos, con personas vulnerables. Doris quedó abandonada por su hija en esta residencia y, por lo mismo, interpusimos una denuncia por abandono y violencia intrafamiliar en los tribunales de familia de Santiago.
La lucha judicial
Con fecha 27 de septiembre de 2024, a las 12:40 horas, en los Juzgados de Familia de Santiago, la denuncia presentada por la trabajadora social Gloria Alejandra Godoy Ramos contra Katia Bannura Cooper, sin oficio, indica:
“Señala la demandante que es directora de la residencia de ancianos Fundación Ángel de mi Guarda. Manifiesta que el 18 de septiembre de 2024 la demandada ingresó al hogar a la víctima a través de engaños y que, desde esa fecha, no se ha presentado para saber de su madre, dejándola en completo abandono. Refiere que doña Doris Cooper, al momento de ingresar a la residencia, se encontraba en muy malas condiciones: llegó desnutrida, con falta de higiene, desaseada y sin sus medicamentos. En lo referente a la demanda, menciona que la víctima presenta consumo problemático de drogas y alcohol y que, desde el año 2019, doña Doris fue declarada interdicta de manera irregular, consiguiendo así la demandada administrar los dineros y todo el patrimonio de la víctima. Evidentemente, todas estas situaciones constituyen violencia psicológica, abandono y abuso patrimonial. Solicita medidas de protección, prohibición de acercamiento de la agresora y también una orden para que el Banco de Chile retenga los fondos y pensiones que recibe la víctima”.
Medidas cautelares
En documentación certificada emanada de la Oficina de Partes del Centro de Medidas Cautelares de los Juzgados de Familia de Santiago, se desprende que el tribunal, “atendiendo al mérito de los antecedentes, y vistos lo dispuesto en el artículo 22 de la Ley 19.968, en relación con el artículo 92 de la misma ley y la Convención Interamericana sobre la Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores, ordena como medidas cautelares las siguientes:
- Prohibición de acercamiento de la denunciada, Katia Bannura Cooper, a la persona víctima, Doris Cooper Mayr, así como a su domicilio en el hogar de ancianos Fundación Ángel de mi Guarda, por un plazo de 30 días.
- Se decreta como medida cautelar la retención de los fondos de la cuenta corriente de la persona mayor Doris Cooper Mayr, hasta que el tribunal informe que dicha medida ha sido dejada sin efecto. Notifíquese que la causa se encuentra radicada ante la magistrada Paulina García Cárcamo”.
¡Liberemos a Doris!
Es muy triste e impresionante todo lo que aquí relata, Gloria. ¿Por qué usted se involucra y apoya a Doris? ¿Qué motiva estas acciones judiciales?
Nuestra lucha es sentar precedentes. Ojalá crear un marco legal e incentivar el proyecto de alguna ley que resguarde y proteja los derechos de las personas mayores en este país. El sistema previsional está fracasado: no tenemos derechos, no tenemos protección, no tenemos derecho a vivienda, salud ni educación. Y cuando llegamos al ocaso de la vida, estamos totalmente abandonados. Somos un país que está envejeciendo, como lo demuestran todos los estudios demográficos. Tenemos una expectativa de vida similar a la de países europeos, pero con condiciones propias de países africanos, donde los adultos mayores siguen trabajando porque las pensiones no alcanzan, no son atendidos adecuadamente en salud y no tienen vivienda. Para qué hablar de seguridad social o seguridad pública. Los adultos mayores viven en total abandono.
¿Y por qué hacer público el caso?
Porque es un atropello a los derechos más fundamentales que tenemos todos los seres humanos: el derecho a una vejez digna y protegida. Doris tiene una pensión del Estado que es alta, por lo tanto no califica para beneficios sociales, porque no cae en los segmentos protegidos. Ella trabajó en muchas universidades, ha sido un aporte para Chile, y eso debe ser reconocido y respetado.
El testimonio de la profesora Cooper
Después de mucho tiempo llamando y buscando a Doris Cooper por distintos lugares, nos reencontramos —finalmente— justo en el Día Internacional de las Personas Mayores, el 1 de octubre de 2024. Fue una cita emocionante con una leyenda de la sociología y las ciencias sociales, una amiga cómplice de las disidencias sexuales. De esto y de mucho más conversamos con Doris Cooper Mayr. Aquí, parte de nuestro diálogo.
¿Está de acuerdo Doris con que se haga esta denuncia pública?
Sí, estoy muy agradecida, porque se me está intentando liberar de la interdicción y de que se sigan aprovechando de mi jubilación, que es bastante alta en comparación con otras, porque trabajé toda mi vida en tres universidades. Estuve en todas las cárceles, en situaciones incluso —entre comillas— difíciles, pero soy una persona muy comprensiva y con mucha capacidad empática. Estoy agradecida de esta comprensión y de la posibilidad de señalar que estoy contenta de haber podido contribuir a conocer ese mundo de la delincuencia común. Sin embargo, creo que aún queda por descubrir el tipo de delincuencia que existe contra las personas de la tercera edad, de la cual yo también soy víctima, desgraciadamente, por parte de mi tutora. Muchas personas mayores son víctimas hoy de sus propios tutores, se encuentran abandonadas, sin un peso, pese a recibir jubilaciones que muchas veces son altas y que terminan siendo apropiadas por parientes cercanos, incluso —como en este caso— por una propia hija.
¿Le gustaría que las personas se sumaran a la campaña por su libertad?
Me siento protegida, pero quiero que también sean protegidas todas las otras personas mayores. Aquí se pueden y se deben crear nuevas leyes que realmente nos protejan y revisen constantemente la situación en la que se encuentran muchas personas rotuladas como interdictas, muchas de las cuales necesitamos estudios de contraste para salir de estas cárceles externas eternas. Yo quiero salir de esta cárcel. Estoy muy agradecida de personas extraordinarias que se están preocupando por construir nuevas leyes, y espero que estas también se extiendan para proteger a personas de la diversidad sexual.
¿Qué mensaje desea enviar a sus alumnos, sus lectores y a todas las personas que conocen y reconocen su aporte a la cultura y a las ciencias sociales en Chile?
Gracias por el reconocimiento de mis aportes, pero lo principal es que no estamos luchando solo por mí, sino por todos los adultos mayores que estamos en situaciones semejantes y que somos seres humanos completos y complejos, desde el punto de vista de nuestra comprensión y nuestra capacidad de aportar.
Una nueva visita a Doris con un antiguo amigo
A fines de noviembre de 2024 regresé al encuentro con Doris Cooper acompañado ahora del etnógrafo sociocultural, Héctor Guillermo Núñez, amigo de Doris en los años 90. La socióloga lo reconoció, habló con él de las luchas sociales de Centroamérica, del sistema carcelario y del uso de drogas en los jóvenes.
Desde San Salvador, Centroamérica, lugar donde Héctor trabaja en proyectos de cooperación internacional, recuerda esa cita con Doris Cooper: “Fue un encuentro hermoso. Doris me reconoció de inmediato, pese a que han pasado casi veinte años desde la última vez que nos vimos. Recuerdo la cita en una casa de reposo en Ñuñoa. Un lugar amplio y silencioso: sillones mullidos, tazas de té, figuras religiosas, un patio con árboles. Un espacio doméstico que contrasta con la densidad de la conversación que sostuvimos. Doris sentada frente a mí: atenta, irónica, profundamente lúcida. Hablamos largo. Me preguntó por El Salvador, por el sistema carcelario, por el uso de drogas, por las mutaciones en las éticas del delito. No escuchó de manera complaciente: interrumpió, pidió precisiones, volvió sobre un concepto, cuestionó un dato. Tengo la sensación clara de estar rindiendo examen. Su rigor metodológico estaba intacto, su capacidad analítica también.
El relato de Núñez es detallado e importante, agregando a sus recuerdos: Doris abrió los ojos, se acomodó el cabello, tomó un sorbo de té y dijo: Este tema me interesa mucho. Se emparenta con lo que yo estoy elaborando. Y volvió sobre la escritura, sobre sus manuscritos, sobre sus libros. Dijo que quiere recuperarlos. Me pidió que le envíe mis textos, que sigamos esta línea de investigación. Desea saber todo lo que hago, todo lo que veo y estudio. Quiere que le cuente más sobre El Salvador y su sistema carcelario. En sus palabras había una urgencia vital: la pulsión por seguir pensando, por seguir escribiendo, por no quedar reducida al silencio. Hoy escribo y respondo desde El Salvador, Centroamérica donde vivo y trabajo, pensando en Doris. Desgraciadamente, el teléfono de ella no contesta”.
El cambio de tutor legal
En la importante visita con Héctor a Doris, conocimos las últimas determinaciones de los Juzgados de Familia de Santiago, que ordenaron la realización de nuevos exámenes médicos a Doris para reevaluar su estado de salud mental (y su interdicción), al mismo tiempo que cambiaron su tuición legal, quitándosela a la hija y otorgándosela al hermanastro, Alberto Moreira Mayr. Esa fue la penúltima vez que conversé con Doris porque tiempo después dejó de llamar, responder el teléfono y recibir visitas. Otra vez el silencio y el ostracismo.
¿Doris secuestrada?
Pese a insistentes llamados al teléfono de la Fundación Ángel de mi Guarda, durante mucho tiempo nadie contestó, ni respondió mensajes, así como tampoco abrieron la puerta de la casa de reposo cuando acudí personalmente a visitar a Doris. Por un largo periodo no fue posible volver a ver ni con conversar con Doris Cooper, la recordada socióloga chilena, autora de importantes obras como Delincuencia común en Chile, Criminología y delincuencia femenina en Chile e Ideología y tribus urbanas, libros que continúan siendo citados, reseñados y comercializados en plataformas como Busca libre, Google Books y Goodreads.
El pasado 12 de enero de 2025 en una nueva visita a la casa de reposo donde se encuentra internada Doris Cooper, logré conversar —accidentadamente— a través de las rejas con el personal de atención del lugar. Pese a que inicialmente dijeron no conocerme e impidieron mi ingreso al lugar por “órdenes del tutor de la señora Doris”, conseguí comunicarme telefónicamente con Gloria Godoy, administradora del recinto, quien me explicó la situación de Doris, asegurando que su salud emocional se habría deteriorado, siendo “difícil su trato y socialización”, afirmó. Sin embargo, después de expresarle la importancia de conversar con Doris y valorando mi acompañamiento e interés en su salud, Gloria autorizó la visita y mi ingreso a la Fundación Ángel de mi Guarda.
Doris se mostró muy feliz con la visita. Me abrazó y agradeció. “Gracias hijo”, me dijo con afecto. Ella vestía de negro, llevaba un elegante collar de perlas, junto a su característico cabello largo, rubio. Me dijo que nadie podía verla, que no dejan entrar a sus amigas. Denunció estar aislada y sin sus medicamentos necesarios. Afirmó que su tutor legal, su hermanastro, no la visitaba, ni la llevaba al médico. Aseguró que su evaluación médica había quedado inconclusa.
Nuestra conversación en el living de la casa de reposo fue cariñosa y vigilante, apurada, preocupada, sin saber hasta qué hora podíamos estar juntos, porque existía la constante inquietud por lo que pudiera ocurrir. Finalmente, después de largos minutos, apareció una enfermera y llamó a tomar once. “Estoy ocupada”, respondió Doris en tono seco. En el tiempo que estuvimos solos con Doris, cómplices, registré su vital e importante testimonio que ahora publicamos en exclusiva para La Voz de los que Sobran.
Un grito de auxilio
En búsqueda de la verdad, la justicia y la libertad, autorizado por Doris, tomé mi teléfono y grabé su estremecedor testimonio. Es la socióloga de antaño, la profesora y la intelectual: citando, analizando, olvidando algunos detalles, pero siempre lúcida e inteligente. No parece ser una mujer de 78 años, demente ni incapacitada. Doris Cooper, desafiando un dudoso e infame dictamen psiquiátrico, comparte su historia, demandando y gritando por urgente auxilio.
Después de escuchar el alarmante e inquietante relato de Doris, conociendo y reconociendo el apoyo de su hermanastro, su actual tutor, Alberto Moreira Mayr, le escribí para comprender la situación de Doris Cooper. Luego de varios e insistentes mensajes, contestó:
“Le respondo para aclarar la situación. Yo no he establecido restricciones personales para que Doris reciba visitas. Las condiciones actuales respecto de las visitas han sido definidas por la administración del hogar, a partir de situaciones reiteradas que han generado dificultades en su cuidado y funcionamiento interno. Doris no está secuestrada ni privada de sus derechos. Se encuentra en una residencia bajo supervisión profesional, con atención médica y resguardo judicial, precisamente para protegerla. Cualquier visita debe ser coordinada y autorizada directamente por la administración del hogar, de acuerdo con sus protocolos. Yo no tengo facultades para pasar por encima de esas decisiones ni voy a hacerlo. Le agradezco que, si desea visitarla, se dirija por los canales correspondientes y respete las normas del lugar. Saludos”.
¿Una científica en cana?
Héctor Guillermo Núñez, investigador en género, cultura y desarrollo, consultado por la situación que está viviendo la destacada socióloga, señala: Doris Cooper dedicó su vida académica a estudiar aquello que la sociedad prefiere mantener fuera de la vista: la delincuencia, la cárcel, el castigo y las trayectorias de exclusión que conducen al delito. Durante décadas investigó dentro de prisiones chilenas, entrevistó a personas privadas de libertad y cuestionó tempranamente las explicaciones morales del crimen y las respuestas punitivas simplistas, insistiendo en una lectura estructural del delito vinculada a la pobreza, la desigualdad y la exclusión social. Su trabajo aportó claves fundamentales para comprender el sistema penal chileno más allá del castigo.
La cuestionada interdicción
Respecto de la discutida y dudosa situación médica – legal de interdicción de la académica e intelectual chilena, Héctor Guillermo Núñez es categórico: Hoy, de manera inquietante, Doris Cooper habita una forma de encierro sin barrotes visibles ni condena penal: la interdicción. Presentada jurídicamente como protección, opera en los hechos como una suspensión radical de la autonomía y de la ciudadanía, desplazando a la persona del espacio público y anulando su capacidad de decidir, administrar su vida y continuar produciendo pensamiento. En su caso, la interdicción no solo afecta a una persona mayor: interrumpe una obra, corta una trayectoria intelectual y clausura el vínculo vivo entre una académica y la sociedad que leyó y utilizó sus investigaciones. No es que no se hable de ella; es que no se puede saber de ella.
“La paradoja profunda”
Preocupado e indignado, Núñez hace un llamado público, indicando: Una socióloga que dedicó su vida a analizar los mecanismos de castigo y control termina siendo objeto de un encierro civil legitimado por el lenguaje del cuidado. El caso de Doris Cooper no es solo personal; interpela a la academia, al sistema jurídico, al periodismo y a la memoria colectiva. Obliga a preguntarse cuántas cárceles invisibles se sostienen hoy en nombre de la protección y cuántas voces seguimos anulando sin escándalo público. Liberar a Doris Cooper es también abrir una discusión urgente sobre estos dispositivos y sobre el derecho a una vejez con autonomía, dignidad y palabra. Estamos, finalmente, frente a una paradoja profunda.









