Bolivia. “Los nefastos 20 años”

por Antonio Abal O.

Siguiendo los consejos de los asesores políticos, desde el año 2016, la derecha boliviana ha seguido a pie juntillas las instrucciones de la “guerra de la subjetividad” donde los hechos, la realidad misma no cuenta sino la “interpretación”.

Como señala Alex Inzunza Mi. “Los medios de comunicación, de la mano de los procesos globalizadores y desde una cosmovisión occidental, se han convertido en uno de los principales agentes de construcción social de la realidad”, esto se conoce y estudia desde hace mucho tiempo en los estudios de los mass media, lo novedoso es el contubernio entre medios-política-políticos.

Como sabemos, cuando los medios se convirtieron en poderosas empresas, su influencia se orientó hacia la política y los políticos, “descubriendo” una gran fuente de financiamiento. La “nueva empresa” en una sociedad con una insuficiente competencia industrial, se dedicó a promocionar políticos y sus “mensajes” y luego a un incondicional apoyo a gobiernos, siendo promotores, encubridores y cómplices de las políticas públicas implementadas.

Debemos apuntar que no solamente los medios fueron cambiando, sino también la elaboración de los mensajes y aquí entra una larga relación entre la psicología, la neurociencia y el desarrollo intelectual de los pueblos.

La relación entre comunicación, psicología y los medios, tiene un hito y es cuando Edward Bernays (sobrino de Sigmund Freud) crea la teoría y práctica de las relaciones públicas y de ahí a la propaganda de masas y la llamada manipulación, que según Bernays no sería negativa, si los que lo aplican lo hacen por el bien común.

En Bolivia el momento cúspide de la manipulación mediática fue el año 2019, una estrategia implementada aproximadamente desde el año 2016, luego del referéndum de reelección de Evo Morales. El éxito de esta estrategia política se mantuvo en dos niveles: el desprestigio personal y la subjetividad colectiva.

La derrota electoral del MAS, creó las condiciones para imponer el discurso de los “20 años nefastos”, la experiencia del año 2019 creo la “masa crítica” siguió creciendo alimentada por el desgobierno de Luis Arce.

La política es hoy una lucha por la subjetividad colectiva del pueblo boliviano, una lucha donde la derecha tiene las mejores armas ofensivas y desde el pueblo no se puede articular ninguna alternativa esperanzadora. Un par de medios no son una alternativa frente a un poder corporativo como son las grandes empresas de comunicación ligadas a la agroindustria y al llamado “modelo cruceño”. Un rápido repaso de las propietarios de redes de comunicación, nos señalan el sentido y rol político de estos medios.

La izquierda tiene dos problemas: el reduccionismo economicista, que no le permite comprender la formación colonial del Estado boliviano y que necesariamente, como señalaba Marx requiere un proceso de liberación nacional, y el segundo problema es el referido a las fuerzas motrices de la historia, historia que lamentablemente en países sin un proceso industrial, como el nuestro, no generó una cultura proletaria (salvo en el enclave minero). Por el contrario la gran parte de fuerza movilizada que representan los pueblos originarios se encuentran atraídos por las luces de la ciudad y de la clase media urbana.

Entonces el discurso de los “20 años nefastos” no tiene una contraparte en esta lucha desigual. Los indicadores, que son la falta de reacción a las medidas del gobierno, la pasividad de las organizaciones sociales, la falta de liderazgos regionales, y la presencia hegemónica de la derecha en el parlamento, nos dicen con claridad que estamos perdiendo esta batalla que se inscribe en la guerra geopolítica mundial. Trump y sus aliados tienen los mismos asesores políticos, que sobre todo son asesores en la elaboración de mensajes y estrategias comunicativas como cambios de escenarios, y sobre todo el “vivir en un mundo en el que lo relevante es que algo parezca verdad, no que lo sea”ii , situación que se repite en todos los países de la región y más intensamente en el nuestro. Los “20 años nefastos” no son la verdad, pero ya hicieron creer que es la verdad ¿o no?

i Alex Inzunza Moraga. Hacia un periodismo intercultural desoccidentalizado. Medios de comunicación y construcción de identidades. Revista Chasqui N0. 133.

ii Llamazares, J. La posmentira (2017). Citado en “La posverdad y las noticias falsas: El uso ético de la información. UNAM 2018. Mexico.

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