
Manuel Cabieses Donoso fue un periodista enorme. Pero, además, fue protagonista de hechos políticos y sociales fundamentales de los últimos 70 años de la historia del país. Quizás la razón por la que fue más conocido fue por haber fundado en septiembre de 1965, junto con su amigo y colega Mario Berríos, la revista Punto Final, de la cual fue su director. Desde esa trinchera fue un insobornable amigo y defensor de la Revolución Cubana.
Comenzó su carrera periodística en la etapa final de los años 50 en el vespertino “La Gaceta”, de la mano de Darío Sainte–Marie, fundador y luego propietario del diario popular “Clarín”. La vorágine política que culminó en 1958 con la elección presidencial del empresario de derecha Jorge Alessandri, lo empujó a partir del país hacia Venezuela, donde trabó amistad con su colega José Vicente Rangel, que con el tiempo llegará a ser ministro de Relaciones Exteriores y Defensa, además de Vicepresidente durante el gobierno de Hugo Chávez. De su paso por las tierras de Bolívar nació su libro “Venezuela Okey”.
En 1965, mientras se desempeñaba en el diario socialista Las Noticias de Última Hora, fundó la revista Punto Final, que se transformó en un espacio de encuentro de periodistas e intelectuales identificados con el campo de la izquierda y que llegó a ejercer una enorme influencia, en particular por notificar la lucha de ideas y combates de la Revolución Cubana y la izquierda revolucionaria chilena.
El mismo Cabieses se incorporó a las filas del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR).
Uno de los hitos de envergadura histórica que protagonizó el equipo de la revista fue el rescate de los diarios del Che Guevara en Bolivia, permitiendo que llegara a manos de Cuba y fuera publicado en el mundo entero, sin que fuera adulterado. Esa gesta fue recogida por Hernán Uribe, uno de los periodistas que integró tempranamente a Punto Final, en su libro Operación Tía Victoria.
El 11 de septiembre de 1973 la revista alcanzó a estar en algunos quioscos y por unas pocas horas. En su portada, con una bandera chilena de fondo, se leía: “Soldado: la Patria es la clase trabajadora”. Las oficinas de Punto Final en el centro de Santiago fueron asaltadas por la soldadesca, que quemaron su valioso archivo.
El mismo día del golpe de Estado, Augusto Pinochet hizo mención a la publicación a través de una comunicación radial: “De parte de comandante en jefe, además de las medidas que existen sobre radio y televisión, ehhh, no se aceptan, repito, nin… publicación de prensa de ninguna especie. Y aquella que llegara a salir, además de ser requisada, motivará la destrucción de las instalaciones en las que fue editada. Cambio… ehhh, justamente el personal que trabaja allá en Punto Final… Todo el mundo ahí debe ser detenido. Cambio”.
La publicación fue clausurada y su director conoció la cárcel y el exilio. Fue arrestado el 13 de septiembre. Permaneció dos años prisionero en Chacabuco, en el campo de concentración Melinka de Puchuncaví y en Tres Álamos, hasta que fue expulsado del país. En tanto, parte importante de sus colaboradores en Punto Final fueron arrestados, asesinados o hechos desaparecer.
Cabieses partió al destierro, pero pronto tomó la decisión de reingresar clandestinamente al país, para colaborar con la resistencia a la dictadura en el interior de Chile. Se incorporó al Secretariado Nacional del MIR, mientras esta organización era sometida a una intensa persecución.
A fines de 1989, cuando agonizaba la dictadura, logró sacar nuevamente a la calle Punto Final, cuya reaparición en los quioscos fue recibida con gran entusiasmo por el pueblo de izquierda, incluyendo las nuevas generaciones que habían conocido de la existencia de la mítica publicación.
En esta nueva etapa, Cabieses se mantuvo especialmente activo. Cuando se derrumbó el campo socialista de Europa Oriental y la Unión Soviética, y se hicieron sentir los impactos del bloqueo estadounidense en Cuba, promovió la primera campaña de solidaridad con la Isla, con la idea de que se contribuyera con un litro de petróleo. Asimismo, realizó una intensa campaña para exigir que se levantara un monumento a Salvador Allende, cuando ello no estaba en la agenda de los partidos del establishment de la transición. A la larga, el objetivo se materializó.
Con el propósito de mantener movilizada a las bases de la izquierda, organizó una serie de actos en el Teatro Cariola, como un acto de homenaje al secretario general del MIR, Miguel Enríquez, y al líder del Frente Patriótico Manuel Rodríguez, Raúl Pellegrin.
Junto a su amigo Pedro Vuskovic, exministro de Allende, promovió a lo largo del país una serie de foros sobre la izquierda, orientados a promover su rearticulación unitaria. De aquel esfuerzo nacieron los referentes Comité de Unidad de la Izquierda (CUI) y Movimiento Democrático de Izquierda (MIDA), los primeros de ese carácter que cristalizaban luego del fin de la dictadura.
Tuvo que enfrentar también los embates del exdirector, que se querelló en su contra por un titular de portada de Punto Final, que lo fustigaba como “Cínico y Sádico”, junto a una imagen de Pinochet en que aparecía sonándose con la bandera chilena. Ello, luego de unas crueles declaraciones del entonces comandante en jefe del Ejército sobre el destino de los detenidos desaparecidos.
Punto Final fue el único medio de comunicación chileno que entrevistó a Hugo Chávez en su primera visita a Chile en octubre de 1994.
En forma paralela, Cabieses también asumió responsabilidades gremiales en el Colegio de Periodistas, desde donde luchó para exigir al Estado que garantizara el pluralismo en los medios masivos de comunicación, cuya propiedad se concentraba (y continúa concentrándose) en unas pocas manos, paradojalmente en un período de redemocratización del país.
En 2015, publicó el libro “Autobiografía de un Rebelde”, en que expone las memorias de su trayectoria en el periodismo chileno, así como en las luchas sociales y políticas de izquierda.
Al momento de su fallecimiento estaba retirado, luego que Punto Final cerró sus puertas el 2018, asfixiada por el control monopólico de la prensa, que tantas veces cuestionó.



