
por Luis Camilo Romero
Cuando se cumplen los 13 años de la partida de Hugo Chávez, una vez más apelo a aquella declaración histórica que hiciera el líder de la revolución bolivariana, en oportunidad de su presencia en la ONU, en septiembre de 2006, minutos antes de su intervención había hecho mención a la presencia en el mismo lugar de George W. Busch, donde una frase se hizo viral, Chávez anunció: “Ayer el diablo estuvo aquí, huele a azufre todavía en esta mesa donde me ha tocado hablar…”
Será ahora en Miami en el que Donald Trump, reúna a los que considera sus más leales amigos del patio trasero en la Cumbre presidencial en los que figura el presidente improvisado de Bolivia, Rodrigo Paz Pereira, que estará bien acompañado de la casta nazifascista de esta parte del Sur como es: Javier Milei, de Argentina; Santiago Peña, de Paraguay; Nayib Bukele, de El Salvador; Daniel Noboa, de Ecuador y Tito Asfura, de Honduras.
Cuando el mundo minuto a minuto ve el desencadenamiento de la política bélica que asume EEUU juntamente a su aliado Israel sobre Irán, Trump tiene a sus pies a todo el llunk’erio como aliados clave en la región y que mantienen afinidad política e ideológica con la administración estadounidense.
Lo que nunca mencionó Paz Pereira es que ese encuentro busca consolidar una coordinación política, económica y geopolítica frente a la expansión de los intereses chinos. La selección de mandatarios apunta a conformar un núcleo de países dispuestos a fortalecer la cooperación con Estados Unidos. En otras palabras se seguirán bajando los pantalones al imperio y cumplirán su mandato.
Pero volvemos a insistir en el rol que viene asumiendo nuestro país en materia de política exterior, actualmente encabezada por el canciller Fernando Aramayo. Como vimos hace unas semanas, nos demostró que, al igual que Paz Pereira, está completamente fuera de sus cabales y carece del más mínimo criterio para tomar decisiones.
Es indignante conocer que el Estado boliviano que siempre se mantuvo con una postura en defensa de la soberanía de los pueblos haya decidido retirarse del «Grupo de la Haya», una organización de países que defienden a Palestina. Esta decisión ha sido elogiada por parte del canciller israelí, quien agradeció a Bolivia “por estar del lado correcto de la historia”.
Habrá que recordar que Bolivia, en el Gobierno de Luis Arce, fue uno de los países fundadores del “Grupo de la Haya”, cuya finalidad es terminar con lo que consideraron “ocupación israelí del Estado de Palestina y eliminar los obstáculos a la realización del derecho del pueblo palestino a la autodeterminación, incluido el derecho a un Estado independiente de Palestina”, según su carta inaugural.
En su comunicación de salida del Grupo, Bolivia señaló que “cualquier iniciativa relacionada con la determinación de responsabilidades internacionales debe canalizarse a través de los órganos competentes”.
Lo que hoy vive la Cancillería boliviana es una muestra de doble moral institucional. Por un lado, se busca proyectar al mundo una imagen de modernidad y respeto a los convenios internacionales; por el otro, es proclive a mantener relaciones con países que no respetan tratados, y siguen sumisos a sus políticas de control hegemónico en la región.
Aquí cabe mencionar, el rol totalmente distinto que conocíamos de otro canciller que construyó una nueva diplomacia boliviana que, no se hizo en el vacío, sino que necesitó de un sistema diplomático flexible a las circunstancias reales emancipatorias.
Una diplomacia de los pueblos, que reemplazó a las diplomacias tradicionales, de base oligárquica, y que se fundamenta en los conocimientos de las culturas originarias con la participación de los pueblos en el diseño y gestión de las relaciones exteriores.
Bolivia, con esa política exterior de sumisión al imperio, nos recuerda a los gobiernos dictatoriales, que esperaban que ellos definan su accionar con organismos como el BM, el FMI y otros que condicionaban la política económica a sus intereses.
*Luis Camilo Romero, es comunicador boliviano para América Latina y el Caribe


