Bangladesh: el racionamiento de combustible entra en vigor en medio de tensiones

por Francois Vadrot y Fausto Giudice

Bangladesh comenzó a racionar la distribución de combustible en todo su territorio el domingo 8 de marzo, una consecuencia directa de las interrupciones en los suministros relacionadas con la guerra en Oriente Medio. La decisión, anunciada el viernes por la Corporación Petrolera de Bangladesh (BPC), entró en vigor en un contexto de creciente psicosis, mientras que el estrecho de Ormuz —por el que transita casi un tercio del gas natural licuado mundial— está amenazado por la escalada entre Irán por un lado, y EE. UU. e Israel por el otro.

Desde la aplicación de las nuevas reglas, se formaron largas filas de vehículos frente a numerosas gasolineras de Daca, la capital. “Abrimos a las 7:30 de esta mañana y pudimos abastecer a 300 vehículos en tres horas y media”, declaró Ahmad Rush, un responsable del distribuidor Meghna Petroleum Limited, precisando que el número de clientes se había “casi duplicado”.

Motorcyclists and motorists queue at a gas station in Dhaka to buy fuel after sales restrictions were introduced in the country.
Colas frente a una gasolinera en Daca tras la entrada en vigor de las restricciones en la distribución de combustible en Bangladesh.

El racionamiento establece ahora límites diarios estrictos: dos litros para motocicletas, diez litros para automóviles particulares, entre 20 y 25 litros para SUV y minibuses, y hasta 220 litros para camiones pesados y transporte público. Los automovilistas deben presentar su recibo anterior para cualquier nueva compra, una medida destinada a impedir las compras compulsivas y el almacenamiento ilícito.

Pero la preocupación ya ha derivado en tragedia. En la noche del sábado al domingo, un hombre de 25 años murió durante una violenta altercación entre clientes y empleados de una gasolinera en el distrito de Jhenaidah, en el sur del país. Según el jefe de la policía local, Muhammad Mahfuz Afzal, el establecimiento fue posteriormente vandalizado. Este trágico incidente ilustra las crecientes tensiones en un país donde casi el 95% de los hidrocarburos se importan y donde cada aumento de los precios mundiales repercute directamente en la población.

El gobierno intenta sin embargo calmar los ánimos. El ministro de Estado Anindya Islam Amit reiteró que “las reservas son suficientes” y que se esperan entregas próximamente. Pero la presión económica es real: el Brent ha superado los 90 dólares por barril, y el gas natural licuado en el mercado spot casi se ha duplicado en un mes. Dos cargamentos recientes costaron más del doble de lo que representaban hace apenas unas semanas.

Para hacer frente a la situación, el país tuvo que cerrar temporalmente cinco plantas de fertilizantes para redirigir el gas hacia la producción de electricidad. Las autoridades instan a los ciudadanos a limitar su consumo y a priorizar el transporte público. Medidas como la enseñanza a distancia o el teletrabajo podrían considerarse pronto si la situación no mejora.

Esta crisis pone de manifiesto una fragilidad estructural: Bangladesh construyó su crecimiento sobre una dependencia casi total de la energía importada, sin red de seguridad en caso de shock geopolítico. A corto plazo, la prioridad es hacer funcionar el racionamiento, diversificar las fuentes de suministro y calmar las inquietudes. Pero a largo plazo, la lección es clara: la verdadera independencia energética pasará por el desarrollo de recursos locales, que ni los conflictos ni los bloqueos puedan amenazar.

Esta situación también ilustra una dinámica descrita por el analista Craig Tindale en su estudio sobre las consecuencias potenciales de una interrupción del tráfico en el estrecho de Ormuz. En este modelo, la economía mundial está estructurada como una cascada de dependencias: un shock inicial en los flujos energéticos se propaga progresivamente a través de los mercados, las cadenas industriales y, finalmente, los propios Estados.

Entre los doce niveles de esta cascada, una de las etapas clave corresponde a lo que Tindale llama la capa de respuesta de los Estados (capa n.º 8): el momento en que los gobiernos terminan de dejar que los mercados absorban el shock y comienzan a administrar directamente la escasez, mediante medidas como el racionamiento, el control de precios o la priorización de usos esenciales. El racionamiento de combustible instaurado en Bangladesh corresponde precisamente a esta fase.

Tindale estimó su inicio en D+13 respecto al inicio del cierre. En Bangladesh esta capa se activa en D+7, entrando en vigor en D+8.

En un país fuertemente dependiente de las importaciones de energía, la perspectiva de perturbaciones duraderas en las rutas de suministro basta para desencadenar compras de pánico y presionar al sistema de distribución. La intervención del Estado se convierte entonces en un medio para estabilizar la situación interna y evitar una desorganización más profunda.

En esta perspectiva, lo que podría parecer una medida local revela en realidad uno de los primeros signos de la propagación de un shock energético internacional hacia las economías importadoras. A medida que la crisis evoluciona, otros países podrían enfrentarse a decisiones similares, ilustrando cómo una perturbación geopolítica regional puede activar progresivamente diferentes niveles de esta cascada sistémica.

Fuentes:

Deja un comentario