
por Comandante Antonio García del Ejército de Liberación Nacional de Colombia, ELN
El derecho internacional desapareció como el regulador de actuación de los países y por tanto de sus relaciones, igual los instrumentos como la ONU y el Consejo de Seguridad. Ahora quien tiene el poder económico, tecnológico y la fuerza militar impone las reglas.
Pareciera que atrás quedaron los tiempos del orden internacional basado en normas, como las heredadas luego de la Segunda Guerra Mundial en 1945.
Hoy la alianza Estados Unidos – Israel, adelanta un tipo de guerra donde los objetivos son definidos, como en los viejos tiempos de los imperios: sumisión a sus intereses. Cualquier vía de negociación está supeditada a la aceptación de dicho fin. Para mayor precisión, el diseño y plan de operaciones apunta a «vencer por sumisión», ojalá antes de iniciar las operaciones militares ofensivas. Ahí juegan su papel las sanciones, los bloqueos navales, las amenazas y las operaciones quirúrgicas.
Pero al final se define por cuántos misiles pueden lanzarse desde la distancia, para doblegar o terminar destruyendo y arrasando a quien no se someta o claudique. Estamos, entonces, ante guerras de carácter existencial para imponer una especie de protectorados a la vieja usanza del imperio romano; si no te sometes, desapareces.
Estados Unidos ya ha probado las guerras de ocupación por tierra, bastante costosas, tanto económicamente como militar y políticamente, que al final ha terminado perdiéndolas. Es el reto que enfrenta el imperio cuando los pueblos no se doblegan, así hayan destruido todo como en Gaza, pero ahí sigue la resistencia, por más planes que hagan para convertirlo en un placentero ensayo turístico.
La historia ha mostrado los ejemplos. Estamos ante guerras asimétricas donde la lógica es otra. Es cuando las derrotas absolutas de los pueblos se hacen esquivas, la resistencia alarga en el tiempo la existencia, colocando sobre el camino la victoria de los pueblos. Ocupar militarmente un territorio siempre será un gran reto para los imperios. Para los pueblos es su escenario natural, que, difícil y dura la desigual lucha, será siempre el precio por la libertad y la independencia. Los misiles en algún momento se acabarán o, si están ocupando el territorio, ellos mismos los inhabilitarán. Además, los pueblos aprenden de estas guerras por la existencia. No queda otra opción distinta a la resistencia, lo único que se requiere es voluntad y valor.
ADENDA: Las guerras del imperio han evolucionado de las amenazas, las sanciones, los bloqueos a los ataques con misiles. En Colombia, por ahora, pareciera que es distinta la evolución, pues del megáfono ya se pasó al teléfono, y de los alegatos públicos a las disculpas reservadas. «Ese huevo quiere sal».


