Costa Rica, entre el sueño y la realidad que golpea 

Por Mg. José A. Amesty Rivera

Laura Fernández Delgado, del partido derechista Pueblo Soberano, ganó la presidencia de Costa Rica en la primera ronda electoral del 1 de febrero de 2026, sucediendo a Rodrigo Chaves

Articulista: Durante años se dijo que Costa Rica era distinta, casi un oasis en la región. ¿Sigue vigente esa idea?

Entrevistado/a: En Costa Rica nos vendieron durante años la fábula de que éramos distintos, casi un oasis en medio del caos centroamericano, que aquí había paz, democracia y oportunidades, que éramos la excepción. Pero esa historia, repetida hasta el cansancio, ya no alcanza para explicar lo que vive la mayoría; La realidad terminó rompiendo el mito, y lo que queda es un país golpeado, desigual y cada vez más tenso.

Articulista: ¿Cómo describiría la situación actual para la mayoría de la población?

Entrevistado/a: Hoy la cosa está dura, y no hay discurso oficial que la maquille. La vida se encareció en todo, comida, transporte, servicios básicos. El salario rinde menos cada mes y la famosa “clase media” se viene reduciendo, empujada hacia abajo. Mucha gente que antes vivía con cierta estabilidad ahora está contando monedas a fin de mes, y mientras tanto, el mensaje que baja desde arriba es que hay que “ajustarse”, “ser eficientes” y “tener paciencia”. 

Articulista: ¿Qué está pasando con el empleo y la informalidad? 

Entrevistado/a: El dinero no alcanza y cada vez más gente se la juega en la informalidad, como ventas en la calle, trabajos sin seguro, rebusques diarios. No es que la gente quiera vivir así, es que el sistema la empuja a eso. La formalidad se vuelve un lujo cuando cumplir con todo, significa perder más de lo que se gana. Y en este escenario, el Estado aparece más como cobrador que como respaldo.

Articulista: Usted habla de desigualdad. ¿Cómo se refleja eso en la práctica?

Entrevistado/a: Mientras tanto, los de arriba siguen haciendo fiesta; no es una exageración ni un discurso ideológico vacío, es una realidad que se ve en los números y en la vida cotidiana, hay sectores que siguen acumulando riqueza, ampliando beneficios y asegurando privilegios. No es casualidad, este sistema está armado para que unos pocos ganen mucho y la mayoría sobreviva como pueda. Así funciona el capitalismo en la versión más cruda.

Articulista: Entonces, ¿el problema es la falta de recursos?

Entrevistado/a: No. Aquí el problema no es que “faltan recursos”, como repiten los tecnócratas. Plata hay, y bastante, el tema es cómo se reparte. Los salarios no suben al ritmo de los precios, el alquiler se come medio salario y endeudarse se volvió la única salida para miles de familias a través de tarjetas, préstamos, créditos rápidos, una trampa silenciosa que mantiene a la gente flotando, pero siempre al borde de ahogarse.

Articulista: ¿Y qué está pasando con las instituciones públicas?

Entrevistado/a: Las instituciones públicas, que antes eran motivo de orgullo nacional, hoy están bajo ataque constante. La salud, la educación, los servicios básicos, todo lo que sostenía el llamado Estado social se viene debilitando poco a poco. No lo destruyen de golpe, porque eso generaría resistencia inmediata; lo hacen lento, recortando presupuesto, saturando servicios, desprestigiando a los trabajadores públicos. Es una estrategia clara, hacer que lo público parezca ineficiente para justificar su privatización.

Articulista: ¿Y el rol de los grandes empresarios/as?

Entrevistado/a: Mientras tanto, los grandes empresarios reciben exoneraciones, beneficios y trato preferencial. Se habla de “incentivar la inversión”, pero en la práctica eso significa que al pueblo le aprietan la faja mientras a los de arriba les aflojan las cargas. Es una lógica desigual que se repite una y otra vez, socializar las pérdidas y privatizar las ganancias. 

Articulista: ¿Cómo influyen organismos como el Fondo Monetario Internacional?

Entrevistado/a: Cuando se habla del Fondo Monetario Internacional, lo presentan como si fuera un doctor que viene a “ordenar la casa”, pero la receta siempre es la misma, no importa el país, recortes, impuestos y sacrificios para la mayoría, nunca se toca el corazón del problema, que es la concentración de riqueza, siempre se ajusta por el lado más débil.

Articulista: Eso lleva a una pregunta clave: ¿quién manda realmente?

Entrevistado/a: Exacto, aquí no hay ningún atractivo en este “ajuste”, lo que hace es trasladarle la crisis al pueblo trabajador. Menos inversión social, más presión fiscal sobre la clase media y los sectores populares, y cero voluntad política para tocar a los grandes capitales. Entonces la pregunta cae por su propio peso, ¿quién manda realmente en Costa Rica? ¿El pueblo o los organismos internacionales y los bancos?

Articulista: La inseguridad también es un tema central. ¿Cómo lo ve?

Entrevistado/a: El tema de la inseguridad se ha vuelto el pan de cada día, como se ve en los medios a diario: homicidios, narcotráfico, violencia. Y sí, hay problemas reales que no se pueden negar, pero también hay un uso político del miedo, el miedo sirve para justificar medidas, para desviar la atención, para dividir a la gente.

Articulista: ¿Qué hay detrás de la llamada “guerra contra las drogas”?

Entrevistado/a: Aunque en Costa Rica no hay ejército, cada vez hay más presencia e influencia externa en temas de seguridad, como convenios, asesorías, patrullajes, cooperación internacional, todo bajo ese discurso. Pero esta guerra casi siempre cae sobre los mismos, los barrios pobres, la juventud sin oportunidades, los eslabones más débiles de la cadena. A los peces gordos casi nunca los tocan, entonces no es solo un tema de seguridad, es también una forma de control social. 

Articulista: ¿Cómo se inserta Costa Rica en el contexto global actual?

Entrevistado/a: A nivel global, el mundo está cambiando, el poder ya no está concentrado como antes y nuevas potencias vienen ganando espacio. Costa Rica no está fuera de ese juego, aunque muchas veces se haga como que sí. Por un lado, mantiene su cercanía histórica con ciertos aliados, y por otro abre la puerta a nuevas inversiones. Pero atentos, cambiar de socio no es sinónimo de independencia; si la lógica sigue siendo la dependencia, lo único que cambia es quién da las órdenes.

Articulista: ¿Es un fenómeno aislado o regional?

Entrevistado/a: Lo que pasa en Costa Rica no es un caso aislado; en toda América Latina, como dicen aquí, la gente la está pulseando. Hay pueblos que buscan recuperar derechos, gobiernos que intentan cambiar el rumbo y también fuerzas que quieren que todo siga igual o peor, porque el modelo actual no se sostiene solo, necesita poder económico, influencia política y control mediático.

Articulista: ¿Qué papel juega la integración latinoamericana?

Entrevistado/a: En este contexto, la integración latinoamericana no es un lujo ni un discurso romántico, es una necesidad concreta, o los países de la región se articulan y construyen fuerza en conjunto, o van a seguir siendo piezas sueltas en un tablero donde otros deciden.

Articulista: A pesar de este panorama, ¿hay resistencia?

Entrevistado/a: Sí, y eso es clave. A pesar de todo, la gente no se ha quedado quieta, hay luchas, hay organización, hay resistencia, como: sindicatos, comunidades, colectivos, movimientos sociales, gente que no se traga el cuento y que sigue peleando, muchas veces en silencio, muchas veces sin apoyo mediático. Desde la defensa del agua hasta la lucha por salarios dignos, hay un montón de batallas abiertas.

Articulista: ¿De dónde vienen los cambios reales?

Entrevistado/a: Los cambios reales no vienen de arriba; nunca han venido de arriba; se construyen desde abajo, con organización, con presión, con conciencia; La historia lo demuestra una y otra vez.

Articulista: Para cerrar, ¿en qué punto está Costa Rica hoy?

Entrevistado/a: Costa Rica está en un momento decisivo, no es una frase vacía, es una realidad concreta, o se sigue profundizando este camino de desigualdad, dependencia y privilegios para unos pocos, o se empieza a abrir paso otra forma de hacer país, pero eso no va a pasar por inercia.

Articulista: ¿Y qué hace falta para ese cambio?

Entrevistado/a: Hay que decirlo claro, nada va a cambiar solo, si el pueblo no se organiza, si no exige, si no presiona, los de arriba van a seguir haciendo lo que les da la gana, porque el poder no se cede voluntariamente, se pelea, se disputa.

Articulista: Entonces, queda una última pregunta… 

Entrevistado/a: Sí, la pregunta sigue abierta, más vigente que nunca, ¿vamos a seguir resistiendo en silencio, o vamos a empezar a cambiar las reglas del juego?

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