
X victoria aldunate morales
A los novillos, los “huasos” les quiebran la columna vertebral, las patas, quieren obligarles a pararse, pero el animal, quebrado, no puede caminar, entonces le aplican corriente con la picana, lo golpean con palos mientras entierran sus espuelas de acero entre las costillas del caballo sobre el que se desplazan, para que otro animal, someta más al novillo. El caballo termina herido, el novillo agoniza, los huasos ríen. Ese es “su deporte” al que nombran hipócritamente “Rodeo”. No es un rodeo, es un crimen.
Es uno más de los crímenes contra los animales instigado por los invasores que vinieron a robarse el oro y ahora se autonombran “criollos”. Tuvieron que inventar banderas para asentarse en el pillaje. No son ni europeos ni blancos, pero tampoco “originarios”. Aparentan siempre, ser algo que no son, mienten y se humillan sistemáticamente ante cualquier genocida porque son sus dignos lacayos. Si contaran su historia como es, revelarían la desfachatez de sus abuelos violadores, de sus padres nazis, de su miseria humana. Por eso prefieren carecer de memoria.
No llegaron refugiados, no son migrantes ni exiliados, son racistas, se consideran “descendientes de europeos, nacidos fuera de Europa”, y son prepotentes solamente hasta que un sociópata peor, un Trump, los manda a pararse en la última esquina de la foto. Y hasta ahí no más, les llega la valentía que tuvieron torturando a un animal acorralado. Cuando los saca de la fila una señora blanca y los manda a buena parte, ellos hacen como que no pasa nada, como si no se dieran cuenta de que el blanco les desprecia porque ellos ya no lo son. Esos cobardes valientes soldadescos, son los que gustan de torturar novillos y caballos, perseguir migrantes y matar pueblos originarios.
El Impulsor del Rodeo FUE UNo de tantos genocidas
García Hurtado de Mendoza fue un invasor de tantos otros, que ocupó el lugar de “gobernador” durante cinco años, entre 1556 y 1561, en el saqueo a Wallmapu, y es reconocido por la gente que ama el crimen contra los animales llamado “Rodeo”, como su primer impulsor. Fue un tecnócrata que duró poco tiempo por estos lados y fue juzgado, poco después, en Lima. En los pocos años que vivió acá, alcanzó a sembrar suficiente tortura, muerte y rapiña. Se encargó de organizar la administración española y su pillaje. El y su banda apresaron al cacique Galvarino en la batalla de Millarapue (30 de noviembre 1557), le cortaron las manos, ahorcaron a 30 mapuche que se les resistían, y con la ayuda de soplones (“indios amigos”), capturaron a Caupolicán y lo empalaron sentándolo en una pica, atravesando su cuerpo, dejándolo morir lentamente en ese suplicio.
Más tarde, y como si el territorio fuese un juego de monopolis, para “pagar” a sus compañeros de fechorías, García Hurtado de Mendoza, les entregó toda la ciudad, Concepción. Igualmente, ni eso lo salvó del odio de sus propios correligionarios que lo describían como “iracundo” y de “nebuloso orgullo”. Era un prepotente que solía humillarlos. Partió al Perú y allá fue virrey, pero ahí mismo se le acabó la fiesta, pues en Lima lo juzgaron por arbitrariedades. Era también un gran fanfarrón que al volver a España gustaba de presentarse como “el gran vencedor de la Guerra de Arauco”, pero con sus cinco años de debut, no le daba para eso.
A ese dechado de virtudes los “huasos”, patrones, presidentes, y “sus” mujeres que cantan entusiasmadas con la sangre de la tortura, reconocen como su “pater”. Son sus “descendientes” y dicen que “el Rodeo llegó con la Patria misma”, entonces “su patria” es pillaje y su deporte: tortura y crímenes contra personas y animales.










