Leonardo Cáceres Castro acaba de partir de este mundo. Fue un periodista cuya trayectoria sintetiza de manera ejemplar el rigor profesional, así como el compromiso con la democracia y la memoria histórica. Estudió en la Escuela de Periodismo de la Universidad de Chile y su carrera combinó la audacia de la innovación televisiva y la resistencia informativa en los momentos de crisis en el país.
Representa la estirpe de un periodismo ético, riguroso y de profunda consecuencia, cuya pluma y su voz quedaron entrelazadas para siempre con acontecimientos determinantes de la historia reciente de Chile. Sin duda, ha dejado una huella invaluable.
EL CANAL DE LA UNIVERSIDAD CATÓLICA
Cáceres fue pionero de la televisión universitaria. A comienzos de los años 60, desempeñó un rol fundamental en la modernización de los medios de comunicación chilenos al ser el primer director del Departamento de Prensa del Canal 13, por entonces la Corporación de Televisión de la Universidad Católica de Chile.
Una de sus creaciones geniales fue el programa “La Entrevista Impertinente”, un espacio de vanguardia en la televisión chilena para la época, concibiendo su formato y designando como su conductor al inolvidable periodista Eugenio Lira Massi, hasta entonces una pluma destacada del diario popular “Clarín”. El espacio provocó enorme impacto en la audiencia de la época y marcó un hito.
De hecho, tuvimos la oportunidad de conversar por primera vez cuando éramos colegas en el diario “La Nación” en democracia, a mediados de 1996, cuando me proporcionó valiosos detalles para elaborar el reportaje “Lira Massi: vida y muerte secretas”. Al año siguiente, colaboramos en la sección sobre Lira en el libro “Morir es la Noticia” sobre las historias de profesionales de la prensa desaparecidos, asesinados o muertos a consecuencia del Golpe de Estado, que coordinó Ernesto Carmona, otro gran periodista, fallecido en 2020.
Hernán Puelma Úrzua, en su libro “Ali–Baba y sus 40 Periodistas” (1968) publicó una reseña de Cáceres que señalaba: “Flaco de grandes anteojos. Su rostro denota bondad de alma. Su aspecto es de un niñito mateo, de esos que nunca faltan en ninguna escuela… Parece no matar ni una mosca y da la impresión de ser el típico mediador para componer cualquier mocha… Seguramente en sus tiempos de estudiante se sacaba las mejores notas del curso”.
“Estudió en la Escuela de Periodismo de la Universidad de Chile, donde fue ayudante de periodismo informativo… según muchos, uno de los mejores ayudantes que ha tendido ese plantel. Dentro de su variada trayectoria periodística ha trabajado en ‘La Voz’ y en Radio Chilena. También publicó un extenso análisis sobre la Reforma Agraria en la revista Punto Final” en su primera etapa cuando presentaba un único reportaje exhaustivo sobre un tema.
Añadió que, por su responsabilidad en Canal 13, era “uno de los periodistas más jóvenes ocupando cargo de alta responsabilidad. En algunos programas resulta un tanto pintoresco ver a Luis Hernández Parker”, uno de los más destacados periodistas de la historia de Chile, llamándolo “jefecito”.
Recordaba el libro que Cáceres “fue a Estados Unidos y, con la ayuda del Departamento de Estado, filmó un reportaje sobre el problema racial. De vuelta a Chile, pasaron los días y la película, que había quedado en laboratorio, no llegaba. Averiguando, supo que había sido retenida por la Embajada de Chile por considerarla atentatoria (a la relación entre ambos países). Indignado armó una escandalera y logró que se la devolvieran”.
Y sentenció: “Hay que reconocer que es un periodista con gran futuro”.
EL COMPROMISO POLÍTICO
Leonardo Cáceres se comprometió a fondo con la Reforma Universitaria de la Universidad Católica, iniciada en agosto de 1967 con la histórica toma de su Casa Central. Comprendió que no solo representaba una oportunidad de renovación de la vetusta pontificia institución de educación superior, sino que era expresión de un clamor por cambios en la sociedad, más allá de los implementados en esos días por el Gobierno de Eduardo Frei Montalva.
Cáceres integraba las filas del sector de izquierda de la Democracia Cristiana. Hernán Puelma relató que fue “miembro del grupo denominado ‘Iglesia Joven’. Mientras que los católicos rebeldes ocupaban la Catedral (de Santiago), Leonardo Cáceres instalaba sus equipos de filmación para captar en detalle los hechos”. Al día siguiente, en el programa “Polémica” hizo un amplio reportaje del hecho, complementándolo con una entrevista grabada antes al Cardenal Raúl Silva Henríquez, en la que decía que “en ciertas ocasiones a los católicos les era lícito usar de la violencia”. Fue “un programa de gran repercusión”.
Tras haber respaldado en 1970 la candidatura presidencial de Radomiro Tomic, que lideraba el sector de izquierda del PDC, recibió con entusiasmo la victoria de Salvador Allende, cuyo programa tenía evidentes coincidencias programáticas con las proposiciones de Tomic. Así, no fue extraño que, a mediados del año siguiente, se sumara a la cascada de renuncias a la Democracia Cristiana para sumarse a la fundación de la Organización de Izquierda Cristiana. Allí estaba Luis Badilla, presidente del estamento juvenil de la colectividad, y que había sido uno de los líderes de la Reforma Universitaria en la Universidad Católica.
En enero de 1972, el cura anticomunista Raúl Hasbún Zaror, luego acérrimo partidario de la dictadura de Augusto Pinochet, asumió la dirección ejecutiva de Canal 13. En forma casi inmediata emprendió una relación de confrontación con la conducción de Cáceres en el área de prensa. Su situación se fue haciendo insostenible en la estación y terminó con la salida del periodista. El sacerdote reorientó entonces Canal 13 al enfrentamiento con el Gobierno de Salvador Allende.
Poco después, Cáceres tomó la decisión de abandonar la Izquierda Cristiana y se acercó al Partido Comunista de Chile, pero aún sin militar en sentido estricto. Según me contó, esa decisión fue adoptada a raíz de su convicción de que la colectividad de la hoz y el martillo representaba de mejor forma una postura de defensa de Allende y su concepción de “vía chilena al socialismo”, en los marcos de la institucionalidad.
En esta nueva etapa de su vida, Leonardo Cáceres asumió como jefe de prensa de la Radio Magallanes, propiedad del PC. La historia dispuso que se encontrara en los estudios de esa emisora el 11 de septiembre de 1973, ubicados en el piso 13 de calle Estado 235, en el centro de Santiago y cerca de La Moneda. Desde esta radio, Salvador Allende transmitió su último mensaje al país, ese de las “grandes alamedas”.
EL ÚLTIMO DISCURSO
El 11 de septiembre de 1973, enterados de un Golpe de Estado en marcha, partió raudo hacia el centro de Santiago. En camino a Radio Magallanes junto a su esposa Gabriela Miza iban escuchando radio. En el libro “Mi 11 de septiembre” (LOM, 2023), recordó que, de pronto apareció la voz del Presidente: “Estoy aquí en el palacio de gobierno, y me quedaré aquí, defendiendo al gobierno que represento por voluntad del pueblo”. Fue su primer mensaje, por Radio Corporación. Faltaban cinco minutos para las ocho de la mañana.
Las emisoras de izquierda (como las Radios Portales, Corporación, Magallanes, Luis Emilio Recabarren, Sargento Candelaria, Universidad Técnica del Estado y otra) se conectaron a una cadena denominada “La Voz de la Patria”.
Recordó que cuando llegó a los estudios “estaban casi todos: el periodista Guillermo Ravest, director de la radio; Eulogio Suárez, el gerente; Felipe Amado, jefe de radioperadores; periodistas, locutores, etc. Se vivía un clima de máxima tensión, con la adrenalina a tope. Se intercambiaban las noticias con los rumores en medio de una sensación de caos. Sonaban todos los teléfonos al mismo tiempo”. Añadió: “Hicimos la ‘pauta’ noticiosa del día sobre la marcha. Envié periodistas a las sedes de los partidos políticos y de la Central Única de Trabajadores, a la Asistencia Pública y, en especial, despachamos un móvil a la planta transmisora de la radio, en la comuna de Renca”.
Pasadas las 10:00 de la mañana un avión Hawker Hunter sobrevoló la planta transmisora de Radio Magallanes y la bombardeó con ráfagas de ametralladoras durante unos diez minutos. “El ataque aéreo solo se interrumpió cuando apareció una numerosa hilera de camiones y vehículos policiales. Los carabineros entraron disparando a las instalaciones electrónicas y se llevaron detenidos a los cuatro periodistas y al plantero, Luis Castro”, contó.
En el estudio “redactábamos textos a toda velocidad para alimentar las pausas entre un disco y otro del Quilapayún o Inti Illimani. En cierto momento entré al locutorio y me quedé ayudando a leer unos comunicados de los cordones industriales, de los partidos de la Unidad Popular y de la CUT”.
Poco antes de las 9 de la mañana, “Ravest aparece agitando los brazos y golpeando el cristal que nos separaba de la sala de control. En esta última había un teléfono a magneto conectado en directo con la oficina del presidente, en La Moneda. Había teléfonos similares a éste en las radios Portales y Corporación. Ravest nos dijo, por comunicación interna, que Allende estaba en línea y que teníamos que anunciarlo de inmediato. El control, Amado Felipe, alcanzó a poner en el aire los primeros acordes de la Canción Nacional, sobre la cual yo intenté anunciar al Presidente. Pero éste ya estaba hablando.
“Seguramente ésta será la última oportunidad en que pueda dirigirme a ustedes… Mis palabras no tienen amargura, sino decepción… ¡Yo no voy a renunciar! Colocado en un tránsito histórico, pagaré con mi vida la lealtad del pueblo… Seguramente Radio Magallanes será acallada y el metal tranquilo de mi voz ya no llegará a ustedes. No importa. La seguirán oyendo. Siempre estaré junto a ustedes”.
A las 10:27 horas radio Magallanes dejó de transmitir, “pero nadie se fue a su casa, todos nos quedamos en la radio esperando lo que iba a venir”. Una joven periodista de la Universidad de Chile, Valentina Montiel, quien vivía en el mismo edificio, los invitó a subir a su casa porque tendríamos mejor vista sobre el centro de Santiago. “Así lo hicimos y desde la sala de estar de su departamento, que daba al poniente, vimos los aviones Hawker Hunter que planeaban sobre el centro y lanzaban misiles sobre La Moneda. Segundos más tarde, observamos las llamas de un gigantesco incendio en el palacio de gobierno. Se quemaba la historia, nuestra historia. La feroz hoguera duró 17 años”.
Se fue de la emisora con el todavía gerente de la radio, Eulogio Suárez. “Nadie se nos acercó ni revisó las cintas que yo llevaba en la grabadora, en una de las cuales estaba grabado el último mensaje del Presidente Allende. En el estudio de la radio se quedaron hasta el jueves 13 Ravest y Felipe Amado, el jefe de los radioperadores, y se dedicaron a copiar decenas de cintas”. Así llegó al mundo entero.
LA RESISTENCIA Y LA DEMOCRACIA
Inmediatamente después del Golpe de Estado, pidió formalmente incorporarse al Partido Comunista de Comunista. Su militancia comunista se prolongó hasta poco tiempo después del término de su exilio, a mediados de los años 80.
Una vez instaurada la dictadura, se inició la pesadilla. Por cierto, Cáceres quedó sin trabajo, luego de disponerse la clausura de Radio Magallanes. También su esposa Gabriela, que al momento del derrocamiento de Allende, era subdirectora de la revista femenina “Paloma”, publicación de la Editora Nacional Quimantú. No solo ambos eran visibles como partidarios del Gobierno Popular, sino que el nombre de Leonardo figuró entre las personas que debían presentarse ante las nuevas autoridades.
Así se asiló en la Embajada de la República de Argentina y salió del país. Su exilio se prolongó por trece años.
En el destierro, mantuvo vivo su vocación periodística y su compromiso con la democracia. Fue parte del equipo del emblemático programa “Escucha Chile”, transmitido en onda corta diariamente por la Radio Moscú, un espacio clave para la difusión de información sobre la situación de los derechos humanos en el país. Como decía en la presentación de Katia Olévskaya era portavoz de las “noticias que la Junta (Militar) esconde y prohíbe”.
En un clima de una asfixiante censura de los medios de comunicación autorizados a circular por la dictadura, y de prohibiciones y restricciones para la creación de medios disidentes, Radio Moscú contó con una legión de seguidores en el interior del país. Desde la primera Jornada de Protesta Nacional, el férreo control de la dictadura se fue resquebrajando en todos los terrenos, incluyendo el informativo. También se resquebrajó la prohibición de reingreso al país de quienes habían partido al exilio. Así, Leonardo Cáceres regresó a Chile.
Luego de su retorno a Chile, aportó activamente a la reconstrucción del espacio público. En 1987 integró el equipo fundador del recordado diario “La Época”, un pilar periodístico de la oposición a la dictadura y de los primeros años de la transición. Poco después, asumió la dirección de la revista cultural y política “Pluma y Pincel”, transformándola en semanario en 1988 bajo una línea editorial de izquierda. Luego del fin del ciclo autoritario, se integró al diario público “La Nación”, recuperado para la democracia.
En sus últimas décadas, Cáceres volcó su vasta experiencia hacia las aulas y la preservación de la memoria. Formó a nuevas camadas de profesionales transmitiendo la premisa de que el periodismo no es solo un registro técnico de hechos, sino un ejercicio de responsabilidad ética ante la sociedad y la historia.
En el momento de su partida, el Colegio de Periodistas de Chile señaló: “Su partida enluta al periodismo que se ejerce con compromiso social, en defensa de la verdad, la libertad de expresión y los principios democráticos. Su aporte al periodismo chileno, su compromiso con la profesión y su legado permanecerán en la memoria de colegas, estudiantes y nuevas generaciones de periodistas”.
Por Víctor Osorio. El autor es periodista.









