Chile. La ciudad partida: Desarrollo humano y justicia territorial en la periferia de Santiago

por Centro de Estudios Territorio y Comunidad

Boletín de Contingencia: Una lectura al Índice de Desarrollo Humano Comunal 2026 del PNUD desde las comunas de la RM

Resumen

El Índice de Desarrollo Humano Comunal 2026 del PNUD, con datos de 2024, confirma algo que se sabe en las poblaciones hace décadas. En Santiago, la comuna donde uno nace sigue definiendo cuánto gana, cuántos años estudia y a qué edad se muere. La Región Metropolitana es la región más desigual del país. Entre Vitacura (0,945) y Lo Espejo (0,509) hay 0,44 puntos de distancia, y ninguna otra región tiene una brecha interna de ese tamaño.

Esta minuta examina la situación de 21 comunas del cinturón popular del Gran Santiago. Su IDH promedio (0,595) queda bajo el promedio nacional (0,605) y muy lejos del regional (0,665). Las cuatro comunas de la RM con desarrollo humano “bajo” son todas urbanas: Lo Espejo, La Pintana, Cerro Navia y San Ramón. En Santiago, el rezago no viene de la ruralidad ni de la distancia. Lo produce la forma en que se ha construido y financiado la ciudad.

Desde la justicia territorial, esta desigualdad no se explica solo por ingresos personales. Es el resultado de decisiones públicas sobre suelo, vivienda, inversión y financiamiento municipal, y por lo mismo puede corregirse con otras decisiones.


1. Qué mide el informe y qué deja fuera

El IDH comunal combina tres dimensiones:

  • Salud, medida con los años de vida potencialmente perdidos antes de los 80.
  • Educación, medida con la cobertura educacional de 0 a 24 años y la escolaridad promedio de mayores de 25.
  • Ingresos, medidos con el ingreso per cápita comunal.

Esta edición añade, por primera vez, la desagregación por sexo.

El índice sirve para comparar, pero tiene límites que importan para la periferia. No incluye seguridad, calidad del entorno, áreas verdes, tiempos de viaje ni capacidad fiscal del municipio, que son justamente las variables donde estas comunas salen peor paradas. Además, trabaja con promedios comunales que esconden los contrastes internos. Es probable que el cuadro real de la periferia sea peor que el que muestra el índice.


2. Principales hallazgos

a) El tramo “bajo” de Santiago es completamente urbano. El PNUD caracteriza a las comunas de desarrollo bajo como mayoritariamente rurales, aisladas y de economía primaria. En la RM pasa lo contrario. Las cuatro comunas del tramo bajo están dentro de la mancha urbana, a minutos del centro.

  • Lo Espejo ocupa el lugar 310 de 331 comunas del país, con un IDH equivalente al de Portezuelo o Trehuaco, en Ñuble.
  • La Pintana está en el lugar 306, Cerro Navia en el 287 y San Ramón en el 277.
  • Las comunas rurales de la región, como San Pedro, Alhué o María Pinto, salen mejor evaluadas que estas cuatro.

b) El cinturón popular tiene tres niveles.

Ni siquiera las comunas del nivel consolidado alcanzan el promedio regional. San Miguel (0,738, lugar 13 del país) ya se separó del grupo. Su trayectoria reciente de densificación la acerca a Macul y La Florida.

c) El ingreso es la brecha principal. En la RM, el índice de ingresos explica casi por completo la posición de cada comuna (correlación de 0,98 con el IDH). Las distancias entre el cinturón popular y las seis comunas de desarrollo muy alto son estas:

En ingresos, la periferia no alcanza la mitad. Los extremos son claros: el índice de ingresos de Vitacura es 1,000 y el de La Pintana, 0,277.

d) Estudiar más no ha bastado para ganar más. Puente Alto tiene el mismo índice de educación que La Florida (0,784 y 0,779), pero su ingreso está bastante más abajo (0,474 frente a 0,572). La periferia ha acumulado escolaridad, pero el mercado laboral metropolitano no la paga igual según la comuna donde vive la gente.

e) Hay un bolsón sur-poniente de muerte temprana. Lo Espejo tiene el peor índice de salud de la región y el noveno peor del país. Pedro Aguirre Cerda (0,693), Cerro Navia (0,704) y San Ramón (0,710) completan una zona donde morir antes de los 80 años es mucho más frecuente que en el oriente.

f) La brecha de género se agrava en el sur.

  • El sur de la ciudad promedia una brecha entre hombres y mujeres de 0,046, el doble que el norte (0,022).
  • La Pintana (0,075) tiene la brecha más alta entre las comunas urbanas del Gran Santiago.
  • Le siguen Puente Alto (0,061), San Bernardo (0,060) y Renca (0,058).

El PNUD muestra que esta brecha es casi toda económica y que se asocia a la carga de cuidados. En las comunas del sur, muchas mujeres no pueden salir a trabajar, no encuentran pega formal o ganan menos por el mismo trabajo.

Las brechas bajas tampoco siempre son buena noticia. Independencia (0,004) casi no tiene brecha porque los hombres también están mal: es una igualdad hacia abajo.

g) Una anomalía que hay que revisar. Independencia tiene el segundo índice educacional más bajo del país (0,571), y Estación Central también sale mal (0,595). Hay que estudiar si esto responde a la alta presencia de población joven, en buena parte migrante, que trabaja y no estudia. Si es así, se trata de un problema de inclusión que el promedio comunal no deja ver.


3. Lectura desde la justicia territorial

La justicia territorial parte de una idea simple. El espacio no es un escenario neutro donde ocurren las desigualdades; las produce y las reproduce. La geografía de Santiago es el resultado de erradicaciones, de políticas de vivienda que llevaron a las familias pobres donde el suelo era barato y de un sistema municipal que les pide a las comunas pobres financiar con recursos propios lo que las comunas ricas financian sin esfuerzo.

Los datos del PNUD permiten identificar tres injusticias que se refuerzan entre sí.

Injusticia distributiva. Los ingresos, la salud y la educación se reparten según la dirección de la casa. Una niña que nace en Lo Espejo y otra que nace en Vitacura viven en la misma ciudad, pero sus oportunidades se parecen más a las de dos países distintos.

Injusticia institucional. Las comunas con menos desarrollo humano son las que tienen menos ingresos municipales propios y más dependencia del Fondo Común Municipal. El mismo informe muestra que la densidad empresarial y la inversión municipal se asocian a menores brechas de formalidad entre hombres y mujeres. La periferia recibe menos precisamente en los factores que le permitirían revertir su situación. Cualquier reforma que reduzca la capacidad fiscal del Estado o de los municipios termina pesando más sobre estas comunas.

Injusticia de reconocimiento. Las tipologías del PNUD explican el desarrollo con variables como ruralidad y distancia a la capital regional. Para Lo Espejo o La Pintana esas variables valen casi cero, así que el modelo no logra explicar su rezago. Mientras la segregación urbana no se mida como factor propio, la política pública seguirá tratando a estas comunas como casos anómalos y no como resultado de un patrón.

Por último, los avances recientes no bastan. Entre 2022 y 2024 el IDH promedio del país subió, empujado por los ingresos. Pero el propio PNUD reconoce que la estructura de la desigualdad casi no cambió. Una mejora general que deja el orden intacto no es justicia territorial.


4. Propuestas

1. Financiamiento municipal compensatorio. Reformar el Fondo Común Municipal y los aportes del nivel central para que incorporen el IDH comunal y sus componentes como criterio de asignación. Las comunas del tramo bajo deberían tener un régimen de inversión preferente y plurianual, no programas concursables que dependen de la capacidad técnica que justamente les falta.

2. Sistema de cuidados con prioridad territorial. Las salas cuna, los centros de día y el apoyo a personas dependientes deberían instalarse primero donde la brecha de género es mayor: La Pintana, Puente Alto, San Bernardo y Renca. El cuidado debe entenderse como infraestructura para la autonomía económica de las mujeres, como plantea el propio PNUD.

3. Plan de salud para el bolsón sur-poniente. Lo Espejo, Pedro Aguirre Cerda, Cerro Navia y San Ramón requieren un plan metropolitano de reducción de mortalidad prematura. Ese plan debería reforzar la atención primaria, la prevención cardiovascular y oncológica y la salud mental comunitaria, con metas medibles.

4. Empleo formal cerca de la casa. Hay que atraer actividad económica y empleo formal a la periferia mediante compras públicas, cooperativas y economía local, e incentivos a la localización de empresas. El objetivo es que la escolaridad acumulada se traduzca en ingresos y que la gente no pierda horas de su vida en el transporte.

5. Medir lo que el promedio esconde. Proponemos que el PNUD, los gobiernos regionales y los municipios construyan un IDH intracomunal por unidad vecinal o barrio. También deberían incorporar la segregación urbana como variable explícita en las tipologías. Sin ese dato, las políticas seguirán apuntando mal.

6. Gobernanza metropolitana con mandato redistributivo. El Gobierno Regional Metropolitano debería asumir la reducción de la brecha interna del IDH como meta de su estrategia regional de desarrollo, con indicadores públicos y rendición de cuentas anual.


5. Conclusión

El informe del PNUD confirma que en Santiago hay dos ciudades. Una tiene indicadores comparables a los de los países más desarrollados. La otra, a veces a pocas cuadras, tiene indicadores de comunas rurales aisladas. Esa distancia se construyó con decisiones públicas y puede reducirse con otras.

La justicia territorial exige redistribuir recursos, reconocer la segregación como problema de política pública y darles a las comunidades de la periferia capacidad real para decidir sobre su propio desarrollo.

Centro de Estudios Territorio y Comunidad
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Fuente de datos: PNUD (2026), El Desarrollo Humano de las Comunas de Chile: Desigualdad Territorial y Brechas de Género, Anexo 2. Los lugares nacionales, los promedios por grupo y las brechas son elaboración del CETC; los promedios son simples, no ponderados por población.

Fuente: Centro Territorio y Comunidad

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