México. Barroco, crítica y capitalismo
Pensamiento mexicano y modernidad barroca.
Pensamiento mexicano y modernidad barroca.
Importante fue el accionar del movimiento popular que, rompiendo el miedo y el terror impuesto por el violentismo ultraderechista, salió a las calles de Santa Cruz a hacerle frente a los grupos de choque de Camacho y compañía, sin más órdenes que el valor que proviene del hartazgo ante los atropellos y la injusticia supremacista.
Esta crisis se manifiesta en la economía, en el aumento de la desigualdad social, en el fracaso del Estado como garante de los derechos sociales, en el fracaso de la democracia formal para respetar la voluntad de la mayoría de las personas y en la propagación de falsos valores basados únicamente en el individualismo, el consumismo y el egoísmo. Este sistema es insostenible económica y ambientalmente, y debemos dejarlo atrás.
El problema inflacionario, insistiremos hasta el cansancio, lo sufren la mayoría de la población de menores ingresos, siendo en simultáneo un mecanismo de distribución del ingreso y de la riqueza que concentra ganancias y patrimonios en la minoría enriquecida de la población y actores económicos hegemónicos con independencia del origen del capital.
Desde cualquier ángulo que se mire, está claro que la alianza fundamental de Lula debe ser con los pobres y la gente de la periferia que lo eligió. También es la única fuerza social capaz de derrotar definitivamente al fascismo, siempre que sepa conquistar la hegemonía sobre el conjunto de la sociedad. Pero para ello, el gobierno de Lula debe demostrar a qué vino, a quién representa y hacia dónde quiere ir. Todo esto comienza con las primeras medidas del gobierno.
El Vaticano y las jerarquías eclesiásticas no sólo no dijeron nada en defensa de los judíos frente a la creciente persecución nazi, sino que mantuvieron imperturbable su radical antisemitismo en los años 30.
O sea: no a la rebaja del nivel de vida; no al recorte del gasto público que beneficia a la gente; no más guerras; por una economía mundial planificada de propiedad pública y controlada democráticamente por las instituciones del pueblo y no por multimillonarios codiciosos y el mercado capitalista.
En este atolladero de la crisis capitalista es donde el desarrollo estable se hace cada vez más difícil, Lula también fue elegido por esta parte de la burguesía para defender sus intereses. ¿Por qué Lula? Porque a la burguesía liberal se le superpone otra crisis: la de representación.
El debate acerca de la nueva constitución, como muchos de los que se realizan en Chile, no solamente parece haber eludido el tema central del mismo sino desnuda la existencia de otra voluntad. Un querer hacerlo así, y no de otra manera. Una intención consciente y deliberada de entorpecer o dilatar el nuevo proceso constituyente.
Su potencia sigue sorprendiendo. Creció seis puntos de cara al balotaje, frente a tres de Lula. Sus seguidores siguen, y seguirán, en pie de guerra por «su Brasil». Hay razones estructurales en la base de su comportamiento.