Boric y el cierre ahora de Punta Peuco

por Pablo Varas

La memoria de los pueblos son asuntos serios.

No se trata de volver al pasado para colocar frente a los asesinos sus víctimas, sus nombres, los hijos que no conocieron, las miles de viudas que pasaron hambre, las salas de clases que les faltó el maestro, el compañero de banco en un liceo del sur que los marinos lo mataron por la espalda cuando aún no cumplía su mayoría de edad.

Las cosas deben siempre colocarse en el lugar que hace falta o sencillamente hay que instalarlas porque ese es el lugar escogido.

PUNTA PEUCO es un regalo carcelario que los concertacionistas le hicieron a los militares para que los asesinos uniformados pudieran pagar sus deleznables delitos de Lesa Humanidad cometidos. Hay que dejar claro que llevarlos a los tribunales fue una historia de jamás acabar. Recordemos al general Contreras atrinchera en su fundo en el sur gritando que no entraría en prisión, es uno de los responsables de una política de exterminio, una guerra sin prisioneros que él personalmente le colocó día y hora.

Me parece necesario hacer algunas consideraciones sobre los que se encuentran en prisión y que no son todos. Muchos andan arrancando como cobardes para salvar su precario y deslavado pellejo. Otros cuando están en un tribunal no sólo niegan sus acciones sino que todos fueron jardineros, cocineros, porteros, choferes, lustrabotas y gana panes.

Cuando terminó la segunda guerra mundial le preguntaron a un oficial de las SS quienes habían cometido tantos crímenes horrendos, él respondió que era sencillamente un cocinero. Algo muy parecido dicen los egresados de la escuela militar, de la marina, de la aviación, carabineros o agentes del Estado. Toda una larga lista de cobardes, mequetrefes eso son.

No es verdad esa cantinela que están para defender la patria y que por ella están dispuestos a dar la vida. La foto de los últimos comandantes en jefe procesados y encarcelados por ladrones pone en duda lo que ellos insisten en escribir sobre piedra. Siguieron el recorrido señalado por Pinochet que también robó dinero fiscal. Se acostumbraron.

Los notables hombres de nuestra historia reciente, no sólo defendieron sus proyectos como lo hiciera Salvador Allende, sino que entregaron las razones para  hacerlo, también disparar para defender la vida y dejarla siendo un ejemplo no sólo para los chilenos, sino que para todos los pueblos del mundo que intentan superar la pobreza, el hambre pero también la dignidad que los opresores les niegan.

La búsqueda de la verdad en los primeros tiempos de la dictadura fueron asuntos muy complicados, millones de hombres y mujeres asustados. Con todo el derecho las madres buscaban a sus hijos, maridos, nietos. Es muy difícil llegar a comprender el dolor de caminar en las calles de las ciudades de Chile tratando de encontrar algún detalle para esas eternas noches de incesante búsqueda.

Como describir el dolor de aquellas mujeres cuando con las fotos de sus seres queridos recorrían las cárceles tratando si algún preso que venía saliendo de la tortura pudiera recordarlo.

Y en otro lado ellos los usurpadores de la voluntad popular acusando sin la más mínima posibilidad de defensa a los acusados, y cómo hacerlo cuando las cárceles clandestinas estaban abarrotadas de chilenos en su gran mayoría trabajadores, clase obrera, dirigentes sindicales, cantores populares, actores y profesores, un país entero con su memoria y guardando las semillas que el poder militar quería apropiarse a sangre y fuego.

Por años los familiares levantando la voz, exigiendo verdad y castigo para los culpables. Recordar que fueron años de días sentados en una banca en una sala de espera en un tribunal para que el o los culpables reconociera y dijera por lo menos el lugar donde sucedieron los hechos.

Los años pasaron los hijos hicieron familia y son ellos los encargados de contarle a los nietos que su abuelo era un trabajador, un hombre bueno y que por tener sueños o pedir más derechos no está en el día el cumpleaños número quince.

La vida de los países no son un asunto baladí, son cosas que hacen los hombres y por aquello deben responder. Lo deben hacer los presidentes precarios o entregados al capital, también los que llegan como nuevos encantadores de serpientes y terminan como aprendices de magos. Chile tiene cuestiones que no se han resuelto y que deben quedar meridianamente claras, no sólo para las generaciones de víctimas sino para la historia.

Finalmente PUNTA PEUCO.

Cuando aparecieron esos jóvenes rebeldes que no pidieron permiso y salieron a exigir sus derechos colocando el lucro como todo un complejo engranaje que venía desde los tiempos de la dictadura, y que los concertacionistas administraron a su regalado gusto, se esperaba más.

Millones se alegraron. Atrás quedaba la traición de la alegría que llegaba y los nuevos con sus banderas y estandartes de colores con el pelo suelto y sin corbata irrumpían en el parlamento.

La criminalidad uniformada de todas las calañas, pasaban sus días jugando tenis recibiendo sus elevados sueldos, los bonos por problemas traumáticos como consecuencia del trabajo de exterminio. En sus celdas sus uniformes militares con todas sus barras y estrellas fieles testigos de una guerra extremadamente desigual.

No es necesario ir a buscar muy lejos para encontrar que no todos son iguales frente a la ley, no todos los procesados y condenados viven en condiciones de extrema benevolencia como si de un hotel de cinco estrellas se tratara.

Es responsabilidad de este gobierno, el de Gabriel Boric cerrar PUNTA PEUCO, y más cuando la ministra de defensa es la nieta del presidente Allende, y así no fuera, esa prisión debe ser cerrada por dignidad de nuestra memoria para que cumplan sus condenas como otros tantos en las prisiones que el Estado tiene para aquello.

Son casi cincuenta años que se han esperado para una justicia digna, ni revancha ni el empate. Nuestros cercanos merecen que exista por lo menos algún gobierno que esté a la altura de un presidente justo, nada más pero tampoco nada menos.

En algunos de los nuevos jóvenes habrá que creer para que se haga justicia, para que el dinero de los contribuyentes no sea un eterno regalo para los militares, así  el recuerdo  de esos cercanos quede instalado en una foto del obrero que se tomó un día viernes a la salida del trabajo junto a otros que se paseaban como duendes con sus carretillas por los andamios.

El presidente dijo que si el gobierno se equivocaba deberían ser las organizaciones sociales las que volverían a colocar el orden. No esperemos un segundo 18-0 sencillamente porque eso fue lección aprendida. No hagan asustar a la historia sencillamente porque hay millones de hombres y mujeres valientes más valientes ahora.

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