Llaitul

por Pablo Varas

Podremos compartir vino y macarrones como canta Serrat pero se hace indispensable dejar algunos asuntos muy claros, donde no hay que perderse.

Nuestros pueblos originarios y es conocido que han sido agredidos en todos sus derechos. Desde las risas cuando algún profesor pasa la lista de los alumnos presentes en la sala de clase, hasta la mayor condena que se llamó la Pasificación de la Araucanía, esa abominable página en nuestra historia que nos acompañará por siempre.

La justa razón empujó por ejemplo para que nuestros pueblos originarios fueran actores indispensables en la redacción de una nueva constitución, y justo es decir que también en las zonas donde habitan hombres y mujeres con ancestros libertarios no dieron su apoyo, eso está bien y no se le puede condenar. No quieren que su memoria y derechos queden consagrados escritos en piedra. Dejan entonces la tarea a los maestros rurales, a profesores, investigadores, antropólogos y sociólogos, dejaron una tarea pendiente casi para siempre.

Vamos a la historia.

Cornelio Saavedra no actuó sólo, no fue un impulso que lo llevó a fabricar una guerra sin prisioneros. Es un militar que en teoría es subordinado al poder civil que en algún momento aquello es quebrado. En este asunto Saavedra obedeció y viajó al sur.

Las páginas de la historia condenan absolutamente a quienes fueron los responsables de un genocidio, sencillamente porque de aquello se trataba. El concepto pasificación siempre estará unido a delitos constitutivos de Lesa Humanidad en el lenguaje actual del derecho. En la historia quedan como masacres.

Así como pasan los años en todos los colegios de esta larga franja de tierra reivindicamos a toquis, esos valiente líderes que jamás aceptaron ser sometidos, allí en La Araucana encontraremos frases solemnes para la memoria y muy bien escritas. No es posible no rendirse a Lautaro desde el mito a su real actuación como líder incombustible del que convertido en maestro en su trabajo para ser libres se guarda en la memoria.

Son incontables los pueblos agredidos, miles de páginas rojas en los calendarios de la humanidad y tristemente el derecho ha tenido que caratularlos como ignominiosos. Son muchos pero se hace necesario mencionar algunos, 1940-1945, segunda guerra mundial, 1915-1917 genocidio armenio y también aquello que se inició aquel día amargo del 11 de septiembre en contra de todo un país. En este sentido la memoria histórica no se equivoca, hubo maltrato exterminador con nuestros ancestros mapuches. La avaricia del empresariado vieron en aquella oportunidad una puerta abierta para la apropiación indebida de bienes que no les pertenecían pero que si lo necesitaban. La dictadura se las dejó abierta.

Dicho eso.

Absolutamente condenable son las acciones que los llevan a quemar escuelas rurales. Eso no se lo podemos aceptar, lo rechazamos de manera absoluta porque aquello hace que se mantenga la esclavitud. Los hombres analfabetos son presa gratis para los dueños del poder, banqueros, grupos económicos o como se llamen. Como no recordar a Moisés Huentelaf o Patricio Calfiquir, aquellos que un maestro rural y en una escuela de campo les enseñó a leer para que posteriormente se convirtieron en referentes de todas las justas luchas.

La CAM se equivocó, tomó el rumbo que los empresarios de las madereras necesitaban. Han ido acumulando razones contrarias a su propia historia, todo se vuelve lamentable cuando el enemigo tiene y le entregas contenidos para que sus voceros insistan en aquellos discursos negacionistas y excluyentes.

Desde estas esquinas de la dignidad nada más alto que el conocimiento, el saber los meses en que hay que sembrar y cuando reflexionamos en el wuitripanto. Nada será más lindo que ver los piñones en su estado de maduros con aquellos tonos. O aquella canción que nos deja siempre el alma en un hilo cuando escuchamos Lonconao de Quelentaro. Muchos siempre han estado y estarán por las justas causas nobles.

CAM no hagas a nuestro pueblo ignorante: La ignorancia es el camino a la esclavitud y desde una sala de clases nacen los libres, desde un banco escolar los queremos educados, dignos, justos y libres posiblemente para seguir libertarios entre los peumos, abedules y avellanos.

Estás equivocado Llaitul, te reconocemos tu pasado y hemos aprendido a leer asuntos fundamentales en tus acciones, pero en esta NO. Condenamos absolutamente la quema de escuelas, los que sostenemos modelos educativos integradores y de calidad no se ha pasado ni en sueños prender fuego a los colegios del barrio alto, aun  con sobradas razones. Coloca en la mesa de los tiempos las prioridades y otras cuestiones, pero saca de la lista los pasillos por los cuales pequeños y pequeñas quieren conocer a Alicia en el país de las maravillas o al cabeza de cobre de Baldomero Lillo. Ese es un derecho que no puede ser negado.

Cuando se maltrata a una escuela estás colocando al maestro rural en un simplón, un ganapán, un don nadie que no aporta nada. Lo miras por sobre el hombro, no le quitas su pan pero lo degradas por el sencillo gesto de educar. Eso no se hace, eso no aporta ni los hace más valientes y guerreros. Tú no eres maestro rural, no logras entender que la vida eterna existe con tantos dioses diferentes y en la macro visión también se incluye. No nos obligues a instalarnos en la barrera de las condenas, eso es y será culpa de la CAM y sus responsables.

Ustedes no son ni Aquiles ni Leonidas, son nuestro pueblo originario, anda a buscar las primeras letras en el MCR y entenderás entonces el afecto, compromiso militante en la relación y complicidad para un país más justo y digno.

Lamentable todo esto, es más que lamentable….. 

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