Después de la hiperglobalización: la reconfiguración del orden del capital

por Diogo Machado y Alexandre Abreu

Al igual que la visión liberal de las relaciones económicas internacionales se organiza en torno a un tronco común, constituido por la inevitabilidad histórica y la deseabilidad normativa de la profundización de la interdependencia económica entre naciones, también en las lecturas críticas de este mismo fenómeno podemos encontrar un conjunto de pilares conceptuales y teóricos centrales. Entre ellos se encuentra la idea de una pulsión expansiva del capital, como relación social, para abarcar cada vez más esferas de la vida social y cada vez más territorios, idea que parte de Karl Marx y fue desarrollada teóricamente por Rosa Luxemburg y Vladimir I. Lenin o, más cerca de nuestros días, por Giovanni Arrighi o David Harvey. Ya sea en busca de materias primas, nuevas reservas de trabajo vivo, nuevas oportunidades para la realización de plusvalía o nuevos ajustes espaciales (o todos ellos), esta expansión es fundamental para estabilizar el sistema capitalista, al menos temporalmente, y para explicar las dinámicas imperiales y subimperiales, al menos en el período capitalista. Otro de estos pilares tiene que ver con los efectos de esta expansión en lo que respecta a la trayectoria posterior y la relación jerárquica entre los espacios o formaciones sociales así interrelacionados. Aquí, es la contribución seminal de León Trotsky en torno a la noción de desarrollo desigual y combinado la que es retomada y desarrollada posteriormente y en diferentes sentidos por un amplio y diverso conjunto de autores, incluyendo las tradiciones de las teorías de la dependencia o del sistema-mundo. 

Pensadas de esta manera, las lecturas críticas de la llamada globalización convergen con las lecturas liberales en lo que respecta a su necesidad histórica, aunque se alejan claramente de estas últimas en lo que se refiere a la apreciación normativa y política de sus efectos. En este sentido, la globalización no es más que otro nombre para el imperialismo; el libre comercio es el proteccionismo de los poderosos (idea que también encontramos en economistas políticos no marxistas); las formas concretas de expansión centrífuga del capital combinan, en diferentes grados, la acumulación y la explotación económica normales y la acumulación violenta por expropiación extraeconómica, esta última más típica de los contextos periféricos; y sus resultados en términos de mejora material de la condición humana, aunque no son necesariamente simétricos entre el centro y la periferia, son sin duda muy diferenciados. 

Desde un punto de vista marxista, la globalización –en un sentido amplio, la inclusión de nuevas geografías en el circuito de acumulación del capital– es, como hemos visto, un movimiento que surge del intento de resolver las contradicciones del capitalismo. Es una reacción del capital a la reducción de su propia rentabilidad y de los campos de inversión en un lugar determinado, lo que determina su expansión, normalmente hacia lugares donde la composición orgánica del capital es más baja y la tasa de plusvalía es más alta 1

Se trata de un fenómeno tan antiguo como la historia del capitalismo. Esta ola de globalización, que podemos denominar hiperglobalización o globalización neoliberal, tiene características particulares debido a su régimen de historicidad, aunque se inscribe en este movimiento. Fue impulsada en el contexto de la contrarrevolución neoliberal de principios de la década de 1980 como respuesta a la crisis de la tasa de beneficio de la década anterior. Su marco institucional –acuerdos de libre comercio, reducción de aranceles aduaneros, liberalización de los tipos de cambio, el dólar como moneda mundial, libre circulación de capitales, desregulación financiera y retroceso de la intervención y la capacidad del Estado– está moldeado por este consenso ideológico, impulsado a su vez por las fracciones dominantes de los capitalistas monopolistas.

Esta fue la piedra angular del llamado orden internacional liberal de la posguerra, globalizado tras el fin de la Guerra Fría, que combina esta liberalización comercial con la aplicación selectiva del derecho internacional, el multilateralismo, el predominio ideológico liberal y la Pax Americana. Puede considerarse como la forma concreta de articulación de los elementos infraestructurales (económicos) y superestructurales (políticos, jurídicos e ideológicos) de esta expansión global de las fronteras del capital, basada en el poder imperial estadounidense y los subimperialismos articulados con él. 

Hasta hace relativamente poco, era difícil encontrar, ya fuera entre los autores de inspiración marxista o liberal, a alguien que previera o teorizara sobre la desaceleración o incluso la reversión de la globalización. Ante esto, algunos acontecimientos de la última década y media constituyen un importante rompecabezas, en parte empírico (la identificación precisa de los procesos en curso) y en parte teórico (la identificación de los determinantes de esos procesos). En el resto de este artículo, nos centraremos en algunas de las dimensiones de este rompecabezas: ¿Hasta qué punto se ha producido una desaceleración o reversión de la hiperglobalización? ¿Qué explicaciones podemos dar a este fenómeno desde un punto de vista marxista? ¿Qué tipo de nuevo orden se está configurando entre los escombros de la globalización neoliberal?

El fin de la hiperglobalización

La conciencia de que la integración internacional (productiva, comercial y financiera) estaba, si no en retroceso, al menos entrando en estancamiento en el período posterior a la crisis de 2007-2008 comenzó a hacerse explícita en el debate público, incluido el mainstream, en la década posterior a esa crisis. La influyente revista liberal The Economist, por ejemplo, popularizó el término slowbalization en un artículo de enero de 2019 2, adoptándolo del autor holandés Adjiedj Bakas. Las referencias textuales a la deglobalization comenzaron a aparecer a principios de milenio, pero se aceleraron notablemente en la última década. También a partir de 2010 se generalizó en el debate público el uso de expresiones como reshoringnear-shoring o friend-shoring, que concretan la reversión de la globalización en el caso específico de la fragmentación internacional de las cadenas de producción.

Si miramos las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial, no hay duda de que algo fundamental cambió tras la crisis financiera internacional y la recesión de 2007-2008. Por ejemplo, el peso del comercio internacional total en porcentaje del PIB mundial aumentó de forma prácticamente constante y lineal, pasando de alrededor del 25 % en 1970 al 61 % en 2008, lo que demuestra un aumento inequívoco de la interdependencia comercial, pero se estancó a partir de entonces (57 % en 2024) 3. Por su parte, los flujos anuales de inversión extranjera directa (IED) en términos totales mundiales y en porcentaje del PIB mundial no muestran un estancamiento, sino una reversión después de 2007: oscilaron entre el 0,5 % y el 1 % del PIB mundial en las décadas de 1970 y 1980, aumentaron exponencialmente en la década de 1990, alcanzaron máximos históricos en 2000 (4,6 %) y 2007 (5,3 %) y desde entonces han ido disminuyendo de forma más o menos constante, limitándose al 0,9 % en 2023 y al 1,3 % en 2024 4

Si empezamos tomando como referencia el total de los flujos financieros internacionales en términos brutos (es decir, incluyendo, además de la IED, las inversiones de cartera, los préstamos bancarios y otros flujos financieros), vemos que disminuyeron significativamente después de 2007, incluso en términos absolutos; es decir, no solo en porcentaje del PIB mundial: de unos 12,4 billones de dólares estadounidenses en 2007 a unos 4,2 billones anuales en 2022-2023 5. Y, por último, si observamos el peso del valor añadido extranjero en las exportaciones totales (en %), indicador comúnmente utilizado para representar la evolución de la integración internacional de las cadenas de valor globales, vemos que (en este caso, considerando el conjunto de la OCDE) este indicador también se estabilizó a partir de 2007, tras un aumento sostenido en las décadas de 1990 y 2000. 

Es evidente que este tipo de datos se ve afectado por numerosos factores coyunturales, además de estar sujeto a errores de medición y sesgos de diversos tipos. No son exactos, concretos, sino el resultado de muchas determinaciones. De ahí que los enfoques de la economía política marxista no suelen atribuir demasiada importancia a este tipo de evidencia de carácter más positivista. En cualquier caso, tomados en conjunto, componen un cuadro relativamente inequívoco: la profundización de la interdependencia económica internacional registró algún tipo de inflexión desde finales de la primera década de este milenio en adelante. Según las diferentes dimensiones, ese cambio supuso un estancamiento en algunos casos y una reversión en otros; en términos relativos en algunos casos y en términos absolutos en otros, pero, en cualquier caso, supone un cambio incuestionable con respecto a las décadas anteriores de hiperglobalización.

Del apogeo al agotamiento: determinantes del fin de una era

La hiperglobalización, como hemos visto, fue una reacción del capital para recuperar la tasa de beneficio, que fue posible en el contexto de la unipolaridad estadounidense y con el objetivo de mantener la hegemonía de este país y sus aliados. La red de instituciones y normas establecidas en este período, en el contexto del llamado orden liberal internacional, fue una forma de institucionalizar y profundizar las asimetrías entre el centro y la periferia, consensuando la exportación de capitales occidentales excedentarios. 

Inicialmente, permitió una tímida recuperación de la tasa de beneficio y el comercio internacional impulsó el crecimiento económico mundial. Sin embargo, a largo plazo, la hiperglobalización no permitió contrarrestar la tendencia a la baja de la tasa de beneficio 6, ni rescató al capitalismo del estancamiento secular, característico de su cuarta larga onda de desarrollo, marcada por bajos niveles de crecimiento e inversión y un elevado peso del capital ficticio en las economías, en un contexto de innovación tecnológica y de aumento de la concentración de la riqueza. Tras la crisis de 2008, fracasados los intentos de activismo presupuestario y monetario, la crisis de acumulación del capitalismo tardío es cada vez más aguda. Las fuerzas de la globalización y la financiarización parecen haberse agotado: nos encontramos ante un capitalismo en franca desaceleración.

De ahí surgen nuevas tensiones y reacciones del capital. La globalización neoliberal se basaba en la indiferencia respecto al origen de los capitales, valorando más bien la deslocalización de la producción y la multiplicación internacional de las largas cadenas de valor en aras de la eficiencia en la asignación de recursos, optimizando los costos y maximizando los beneficios. Si bien es cierto que, en esencia, no solo acentuó la desigualdad entre países, sino incluso dentro de los propios países 7, también es cierto que se produjo una transferencia real de riqueza del Norte al Sur Global, aunque muy circunscrita, especialmente, a China y a otros países asiáticos.

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Gráfico 1. Crecimiento del PIB mundial en % (1961-2024). Fuente: Banco Mundial [mfn]GDP Growth (Annual %)”, World Bank, https://data.worldbank.org/indicator/NY.GDP.MKTP.KD.ZG.%5B/mfn%5D Veamos: hoy en día, la India tiene un PIB mayor que Francia y Alemania juntas; China ya ha superado la riqueza de Estados Unidos en PPA [Paridad del poder adquisitivo, es decir, ajustando los valores para tener en cuenta los precios en cada contexto]; y Europa Occidental y América del Norte, que representaban casi el 60 % del PIB mundial en PPA en 1980, suman poco más del 30 % en 2025, siendo superadas en algunos puntos porcentuales por el Sudeste Asiático 8.

Esto no generó problemas mientras existía complementariedad entre las economías denominadas avanzadas y emergentes: las primeras exportaban el excedente de capital que se beneficiaría de los menores costos de producción en el extranjero, así como bienes y servicios de alta sofisticación y valor añadido, mientras que las segundas exportaban materias primas y productos industriales baratos de baja intensidad tecnológica. Sin embargo, algunos países no se conformaron con este perfil de especialización y emprendieron programas de políticas públicas para desarrollar sectores industriales más avanzados, algunos con notable éxito, como los sectores automovilístico y electrónico en Japón y en los llamados tigres asiáticos, o un conjunto cada vez más amplio y diverso de sectores productivos en China.

Muchos de estos países cuentan hoy en día con grandes empresas de capital nacional que compiten directamente en segmentos tecnológicos avanzados con empresas occidentales, lo que supone una amenaza directa para los sectores dominantes de su burguesía. Una investigación reciente del Federal Reserve Bank of St. Louis 9documenta la aproximación de la estructura productiva de China a la de Estados Unidos y algunas economías de la zona euro, mostrando que China produce hoy casi tantas patentes de alta calidad (IP5) como estos dos grupos, y que la similitud en el patrón de exportaciones ha aumentado considerablemente en los últimos años, lo que sugiere una competencia directa en sectores como maquinaria y equipos, equipos de transporte o incluso semiconductores. Por ejemplo, entre 2013 y 2021, el índice de similitud de las exportaciones con Alemania aumentó del 65 % al 80 %, lo que muestra una gran convergencia en la especialización tecnológica. 

Por su parte, Estados Unidos está alarmado por la competencia china en las áreas de software y hardware digital, inteligencia artificial y semiconductores, que considera críticas para la seguridad nacional. China ha realizado grandes esfuerzos para desarrollar estos sectores y ha logrado avances significativos, con empresas de referencia como HuaweiAlibabaBaidou y Tencent. Según Bloomberg 10, China ya es líder mundial en industrias como la producción de paneles solares, coches eléctricos, baterías de litio, trenes de alta velocidad y vehículos aéreos no tripulados, y se ha vuelto muy competitiva en industrias más clásicas como los medicamentos, los productos químicos, los robots y las máquinas. 

Este es un elemento explicativo importante del abandono del compromiso con el libre comercio internacional por parte de las sucesivas administraciones estadounidenses desde la elección de Trump en 2016. Véanse los aranceles, que Biden mantuvo, así como las prohibiciones de exportación de tecnología relacionada con semiconductores a empresas chinas. Como argumenta Cédric Durand 11, pretenden:

“impedir que China tome la delantera a largo plazo en capacidad productiva, con especial atención a las tecnologías avanzadas y a la solidez de la base material más amplia de la economía, incluidas las industrias pesadas y el acceso a los recursos naturales. Durante décadas, los dos países fueron en gran medida complementarios, lo que en general benefició a sus respectivos capitalistas, pero la reducción de la brecha por parte de la economía china los ha situado en una peligrosa vía de confrontación”.

En este sentido, la explicación del fin de la hiperglobalización, tal como lo hacen The Economist y otros análisis liberales, es superficial, por el hecho de que la era de la reducción de los costos de transporte y comunicaciones ha llegado a su fin y por el agotamiento de las oportunidades asociadas a la fragmentación adicional de las cadenas internacionales de producción. De manera más fundamental y profunda, lo que encontramos es, por un lado, un agotamiento gradual de las oportunidades de arbitraje laboral internacional por parte del capital y, por otro, una transformación de la relación entre el sector maduro y el emergente del capitalismo global, que progresivamente han pasado de una relación complementaria a una relación competitiva.

Los rasgos del nuevo orden emergente

¿Qué sigue a la hiperglobalización? Quizás sea demasiado pronto para sacar conclusiones definitivas, pero ya podemos observar algunos cambios significativos y tendencias de fondo. En primer lugar, una serie de choques y acontecimientos significativos, desde la elección de Trump y el Brexit hasta la pandemia de la covid-19, y la guerra en Ucrania, han despertado la conciencia sobre la vulnerabilidad de las largas cadenas de valor: las perturbaciones en un punto nodal importante pueden tener consecuencias globales, interrumpiendo el suministro de bienes importantes. Se ha instalado un clima político de menor confianza en el comercio internacional y en la dependencia comercial de otros países, lo que ha impulsado a varios países a buscar la autonomía estratégica en sectores críticos. 

Las consideraciones de seguridad nacional impregnan la política comercial, motivando lo que Colantone denomina giro proteccionista 12. El mismo autor muestra que hay un aumento muy significativo en el uso de políticas de este tipo –medidas antidumping, aranceles aduaneros, derechos compensatorios– desde la crisis de 2008, especialmente en la era poscovid. Como consecuencia, las cadenas de valor se están acortando, son menos intensivas en comercio y se reorientan en función de líneas geopolíticas. La mención al reshoringnear-shoring o friend-shoring es cada vez más frecuente en la justificación de las políticas económicas. Especialmente desde la guerra en Ucrania, varios datos muestran que los países tienden a reducir los intercambios comerciales con los países de los que están más alejados geopolíticamente, aumentándolos con los países con los que están más alineados 13

Al mismo tiempo, los datos del FMI 14 muestran que desde la crisis financiera hay un aumento muy significativo en la adopción de medidas de política industrial. Según la investigación de estos autores, el final de 2019 marca un punto de inflexión, a partir del cual este fenómeno se intensifica especialmente. Las principales razones señaladas son la transición climática y la competitividad de sectores estratégicos, pero a partir de la pandemia cobran mayor relevancia las justificaciones relacionadas con la seguridad nacional y la resiliencia de las cadenas de suministro. Existe una desigualdad en el uso de estos instrumentos de política, que son utilizados de manera desproporcionada por las economías avanzadas. El tipo de instrumentos más utilizados depende de la geografía, pero incluye subvenciones directas o préstamos estatales a las empresas, exenciones fiscales, ayudas a la exportación o la importación, demanda pública y, por supuesto, aranceles aduaneros y medidas antidumping. No es de extrañar que más del 50 % de estas medidas sean adoptadas por China, Estados Unidos y la Unión Europea, lo que demuestra la facilidad con la que las reglas del orden internacional son subvertidas por sus supuestos líderes cuando dejan de ser convenientes. 

Este movimiento, aunque plantea retos a la arquitectura del comercio internacional, a veces denominado neomercantilismo, neoestatismo o nuevo capitalismo de Estado, no representan una ruptura total con el paradigma neoliberal 15. Se trata más bien de una adaptación, impulsada por las élites, a las consecuencias redistributivas negativas de la hiperglobalización, que representa, en la práctica, una alianza del Estado con la burguesía nacional para proteger a las fracciones dominantes del capital, garantizándoles mayores tasas de beneficio mientras continúa el proyecto neoliberal en el ámbito nacional 16

Desde este punto de vista, es una respuesta a la crisis de acumulación. Cuando el funcionamiento espontáneo del mercado no garantiza las tasas de beneficio deseadas, el Estado interviene de forma contundente para lograrlo, incluso si ello implica descartar de la noche a la mañana la fidelidad a la ortodoxia económica neoliberal. La consecuencia es la oligarquización. En otras palabras, “el escenario de escasez de oportunidades de inversión productiva hace que la captura del poder político sea la forma más eficaz de garantizar la rentabilidad del capital” 17

Por último, el militarismo. La crisis de acumulación acentúa el conflicto global entre potencias. Los aranceles de Trump, rápidamente correspondidos, son su expresión. Cada potencia intenta desarrollar sus sectores estratégicos y proteger a su burguesía nacional, lo que acentúa el conflicto económico, que rápidamente puede derivar en un enfrentamiento político y militar. 

La industria de la guerra se considera cada vez más como una solución para restaurar las capacidades productivas en el centro capitalista, una visión compartida por la OTAN, la Comisión Europea, Estados Unidos y las principales potencias del Viejo Continente. Estos países anuncian sucesivamente cuantiosos programas de inversión pública en armamento. De hecho, el estudio del FMI mencionado anteriormente demuestra precisamente que la industria militar es la que más medidas de política industrial ha recibido desde la crisis. Así, se agudizan los conflictos interestatales, junto con los episodios de ocupación e intervencionismo, como en Ucrania y Palestina. Venezuela amenaza con ser el golpe final al orden internacional liberal en bancarrota y demuestra con toda claridad la naturaleza del nuevo mundo que está naciendo. 

La hiperglobalización no ha logrado rescatar al capitalismo tardío de su larga ola de estancamiento. Es cierto que el mundo sigue siendo interdependiente y que el comercio internacional está lejos de haber desaparecido. El nuevo orden en configuración hereda estas características y las tendencias de estancamiento, oligarquización y desigualdad entre naciones y dentro de ellas. Sin embargo, contará con Estados menos dependientes y más intervencionistas, decididos a promover sectores estratégicos nacionales e intercambios internacionales más prudentes con socios geopolíticamente más alineados, así como una mayor conflictividad económica, política y militar.

Diogo Machado y Alexandre Abreu, economistas portugueses, miembros del Bloco de Esquerda.

Notas

1 Ernest Mandel, Tratado de Economia Marxista (ERA, 1975)

2  “Slowbalisation: The Future of Global Commerce”, The Economist. https://www.economist.com/weeklyedition/2019-01-26.

3 World Bank, Trade (% of GDP), https://data.worldbank.org/indicator/NE.TRD.GNFS.ZS.

4 World Bank, Foreign direct investment, net inflows (% of GDP), https://data.worldbank.org/indicator/BX.KLT.DINV.WD.GD.ZS.

5 The New Dynamics of Financial Globalization (McKinsey Global Institute, 2017), http://ceros.mckinsey.com/financial-globalization-v1

6 Deepankar Basu, “Marxian Rates of Profit”, https://dbasu.shinyapps.io/World-Profitability/

7 Times the Wealth of Poorest Half of Humanity, Report Finds”, The Guardian, 10 de diciembre. https://www.theguardian.com/inequality/2025/dec/10/just-0001-hold-three-times-the-wealth-of-poorest-half-of-humanity-report-finds.

8 “GDP based on PPP, share of world”, IMF, https://www.imf.org/external/datamapper/PPPSH@WEO/OEMDC/ADVEC/WEOWORLD.

9 Airaudo et al. (2025) “Recent Evolutions in the Global Trade System: From Integration to Strategic Realignment”, Working Papers, Federal Reserve Bank of St. Louis, 1 de diciembre, 2025–027, https://ideas.repec.org//p/fip/fedlwp/101882.html.

10 Bloomberg News (2024) “US Efforts to Contain Xi’s Push for Tech Supremacy Are Faltering”, Bloomberg.Com, https://www.bloomberg.com/graphics/2024-us-china-containment/.

11 Cédric Durand, “El capitalismo demasiado tardío. Ernest Mandel en la era Trump”, viento sur, 198, https://vientosur.info/el-capitalismo-demasiado-tardio-ernest-mandel-en-la-era-trump/.

12 Italo Colantone, De-Globalization and Fragmentation (IEP@BU, 2025), https://iep.unibocconi.eu/publications/working-papers/de-globalization-and-fragmentation

13 Ibid.

14 Simon Everett et al. (2025) “Industrial Policy Since the Great Financial Crisis”, IMF, https://www.imf.org/en/publications/wp/issues/2025/10/31/industrial-policy-since-the-great-financial-crisis-570816

15 Alami, Ilias; Taggart, Jack; Whiteside, Heather; Gonzalez-Vicente, Ruben; T. Liu, Imogen y Rolf, Steve (2024) “Quo vadis neoliberalism in an age of resurgent state capitalism?” Finance and Space 1, n.o 1 340–67. https://doi.org/10.1080/2833115X.2024.2392736.

16 /Sidecar, https://newleftreview.org/sidecar/posts/hollow-states.

17 Diogo Machado e Francisco Louçã, “Nuevas y viejas oligarquías. Las transformaciones en el régimen de acumulación del capital”, 198, viento sur, 2025, https://vientosur.info/nuevas-y-viejas-oligarquias-las-transformaciones-en-el-regimen-de-acumulacion-del-capital/

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