
por Comando Central del Ejército de Liberación Nacional de Colombia, ELN
Si un mandatario títere coloca intereses imperialistas por encima de la vida de las colombianas y colombianos damnificados por el terremoto, es una canallada histórica y también un crimen con características de perversión y sociopatía.
Las decisiones de De la Espriella son una grave violación a los Derechos Humanos, pues el Estado debe garantizar la vida de sus constituyentes y en días anteriores, él negó la posibilidad de tener mayores probabilidades y medios para el rescate de las víctimas del terremoto, del pasado 10 de agosto.
La tragedia ocurrida con el sismo de 7,4 grados con epicentro en el Chocó, que afectó una amplia zona de la costa pacífica y del occidente del país, ha evidenciado otras terribles y profundas desgracias que vive Colombia. También permite visualizar el alcance de las desdichas que le sobrevienen al país, bajo el gobierno del impuesto e ilegítimo presidente De la Espriella.
Tras el terremoto, miles de personas se lanzaron al rescate de quienes habían quedado sepultados entre los escombros. Las redes virtuales empezaron a inundarse con imágenes devastadoras y llamados de auxilio, para rescatar a las víctimas. La primera imagen presidencial fue una improvisada rueda de prensa, donde el espurio mandatario celebraba, lanzaba besos y hacía señales de victoria. ¡Por Dios! ¿Qué celebraba?
Mientras el pueblo buscaba y rebuscaba por sus propios medios, la manera de socorrer a los damnificados, las autoridades y funcionarios hacían largas reuniones para examinar “qué podían hacer”. La desidia, la improvisación y el desinterés fueron evidentes. Correrías inservibles de los burócratas, que no llevaban ninguna respuesta, ayuda o recurso para lo único concreto que en ese momento se debía hacer: salvar vidas de entre los escombros.
Con los días, la magnitud de la tragedia se ve en sus reales dimensiones. Tras el desastre sísmico, se evidencian tragedias profundas, como el empobrecimiento y la exclusión extrema en que siguen sometidos grandes y ricos territorios, y el desinterés por las regiones más marginadas y afectadas, como el Chocó y las zonas rurales del suroccidente colombiano, ahí donde los medios de comunicación corporativos no visibilizan, no asisten, no informan.
Otra tragedia nacional es la maléfica intención de mandatarios locales, regionales y del alto gobierno de ‘sacar partido’ de la situación, para hacer fechorías sin nombre. Permitir la llegada de los genocidas militares israelíes y al mismo tiempo impedir el ingreso al país de socorristas brasileños, mexicanos, chinos y cubanos, es la muestra de una política criminal con Colombia y subordinada a los intereses del imperio norteamericano.
Ahora los súper ricos posan de almas caritativas dispuestos a ‘reconstruir’ el país. Mientras anhelan el sueño de la ‘regeneración’ y la ‘restauración’ de la patria.
En medio de todo, el pueblo digno y solidario ha tenido tiempo para seguir demostrando que ni siquiera entre las ruinas pierde su resistencia. Hemos visto también las manifestaciones de rechazo a los gobernantes aprovechados y de indignación por la desidia.
La consigna de ‘Sólo el Pueblo Salva al Pueblo’, recobra todo su sentido. Y no solo debe seguirlo manteniendo, sino fortalecerlo. Es el pueblo quien podrá reponerse. Hoy, cuando la invasión extranjera se va consumando de manera descarada, es también el momento de acrecentar el rechazo y la dignidad. Rechazar la invasión de tropas gringas, junto a la llegada de soldados israelíes genocidas, y rechazar a este gobierno títere del imperio norteamericano. Colombia no merece ni tiene por qué ser el enclave de la decadencia.
Estos son días históricos para la resistencia y de la justeza de la razón sacamos la fuerza para confrontar y sobreponernos a los golpes de la naturaleza y del poder mafioso imperialista. La consigna entonces debe ser: derrocar al impostor, que en solo una semana demostró ser un tipo muy arrodillado.
Fuente: ELN Voces


