Venezuela: Ex Viceministro de Cultura y militante chavista analiza el discurso de Delcy Rodríguez en Naciones Unidas

por José Manuel Rodríguez.

Todo accionar político está lleno de supuestos discursos históricos. Siempre lo serán para los seguidores del discursante. Los medios noticiosos al servicio de las actuaciones políticas -de izquierda y de derecha- se encargarán de repetirlo. Al final saben el impacto que va a tener sobre determinadas audiencias. En eso los políticos y sus influencers, son hábiles

Ellos saben cómo hacer pasables sus discursos. Con la ayuda de la vaselina necesaria, logran introducir las consideraciones claves que cargan en sus alforjas. En fin, un hábil discursante con peso político, sabe dónde poner el énfasis y qué dejar afuera. Eso explica, en el caso de Delcy Rodríguez, que utilice un escenario multilateral como la ONU, para describirle al mundo político internacional, el rumbo que piensa llevar adelante como gobernante, acrecentando los intereses foráneos sobre su gestión.

La presidenta, ya encargada de manera indefinida de la transición, en su intervención en la ONU leyó un discurso de exactamente 20 minutos, como está establecido. Dedicó los primeros 5 de ellos a lo que llamó “los grandes temas, aspiraciones y preocupaciones de la humanidad: la paz, el desarrollo, la igualdad, la crisis climática, el libre comercio, la seguridad energética; y la Inteligencia Artificial…” En los 15 minutos siguientes, explicó las esencialidades de su gestión como nueva presidenta.

No se trata de capricho o confusión, así fue decidido por ella y sus colaboradores, dar el discurso que se espera de un nuevo gobernante que se desmarca de todo lo anterior. Lo sintetizó así: “vengo a presentar las aspiraciones de un país que busca construir su propio destino luego de conflictos políticos… que cerraron sus espacios para que las distintas corrientes encontraran un lugar para dirimir sus diferencias…”

Y anunció: “Esa etapa debe cerrarse, para iniciar un nuevo tiempo político basado en la verdad, la justicia y la capacidad de mirar hacia adelante juntos…” Y fue más lejos: “Me complace anunciar que Venezuela ha iniciado un proceso de transformación democrática para su Renacer. Un proceso ordenado, institucional y verificable, para construir un país más libre para todos, más próspero y más reconciliado consigo mismo. Un proceso de cambio político, económico y espiritual…”

Y mandó al desvan la V República: “Un proceso de cambio político, económico y espiritual… Quiero que de los escombros de la división levantemos los cimientos de una República nueva, plural…”

Con apoyo nacional o no -no hay forma de medirlo ahora- su discurso dejó a Chávez bien muerto y a Maduro y su esposa, olvidados en las mazmorras gringas. Por eso vimos agradecerle al McDonald agresor su gran colaboración: “al Presidente Donald Trump y a su gobierno por su disposición a retomar el camino de las relaciones diplomáticas y de cooperación con Venezuela…” No hay dudas, fue un discurso histórico, mostró en los hechos, su designación de presidenta sin mediación electoral. Repitiendo a nuestro lúcido Luis Britto García: Tras todo Poder hay un Discurso; tras cada vacío de poder un No Discurso

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