Francia. ¿La revuelta que acabará con el «macronismo»?

por Rob Grams

Desde hace más de una semana, una revuelta de gran envergadura se extiende por todo el país, algo bastante inusual en plena campaña presidencial. Se suma a las muchas otras que hemos vivido en los últimos años y con las que comparte numerosas similitudes: un movimiento incontrolable, que trasciende las viejas organizaciones de izquierda jerárquicas e institucionales, con el recurso a formas de acción directa y, como contrapunto, una represión absolutamente desmesurada. Si bien esta movilización de los estudiantes de secundaria tiene su origen en preocupaciones materiales muy concretas, también es evidente que canaliza una ira con motivaciones mucho más amplias, lo que permite que sectores cada vez más diversos de la población se identifiquen con ella y, pronto… se sumen a ella.

Las causas de la ira: unas condiciones de estudio de mierda para prepararnos para vivir en un mundo de mierda

Un movimiento de esta magnitud nunca se limita a una única reivindicación (y menos mal). La revuelta de los alumnos de secundaria se explica en parte por motivos materiales: unas instalaciones envejecidas que hacen que los alumnos pasen frío en invierno y sufran de lleno la ola de calor en verano, con equipamientos obsoletos, persianas que no funcionan, puertas de los aseos que no cierran, cables eléctricos que cuelgan, un número ridículo de aseos en relación con el número de alumnos, ratas, falta de mesas, techos que se desmoronan o por los que entra la lluvia, sillas rotas, inundaciones… Pero también horarios sobrecargados, con jornadas que a veces llegan a las 10 horas o sin pausa para comer (consecuencia de una acumulación de reformas estúpidas), una falta flagrante de personal (profesores, asistentes sociales, enfermeros…), el absurdo sistema de “Parcours Sup” (sistema de acceso a la universidad), que hace que decenas de miles de titulados de bachillerato se queden sin plaza, las enormes desigualdades entre los institutos de los barrios acomodados y los de los barrios populares… Estas reivindicaciones encuentran eco entre numerosos profesores que tienen la sensación de haber sido “abandonados” por el Ministerio de Educación y lamentan la falta de democracia, ya que ni los alumnos ni el personal tienen voz ni voto.

Pero aclaremos esto desde el principio: la rebelión y la rabia de toda una generación juvenil nunca se explicarán únicamente por “las condiciones de estudio”. Esa ira es mucho más profunda, difusa y arraigada. Se debe, en términos más generales, al futuro desolador que ofrece una sociedad capitalista en plena decadencia: la falta de perspectivas, o más bien unas perspectivas mediocres (contratos precarios y mal remunerados que se repiten una y otra vez en empresas sórdidas), una profunda crisis moral de la civilización industrial y todo lo que conlleva (la falta de sentido de lo que se hace, un deseo de sobreconsumo que se aviva sin cesar pero que es imposible de saciar, la destrucción del medio ambiente…), el apoyo a las guerras y a un genocidio, un racismo insoportable y cada vez más asfixiante, la incapacidad de influir en nuestras vidas…

Al contrario de lo que dice la propaganda, y de forma bastante similar a lo que se pudo observar durante los Chalecos Amarillos o durante el movimiento contra la reforma de las pensiones, el movimiento de los estudiantes de secundaria cuenta con un amplio apoyo de la población. Según una encuesta de Odoxa, el 62 % de los franceses lo considera justificado.

Los bloqueos se han extendido así a todos los departamentos de Francia, e incluso a parte de Bélgica. El 2 de octubre estaban cerrados 400 institutos, y se prevé que este lunes 5 de octubre sean entre 400 y 500. En algunas ciudades, como en Estrasburgo, se han registrado una decena de bloqueos. Incluso los institutos históricamente burgueses parecen sumarse a la movilización, como es el caso del Henri IV o del instituto Montaigne en París. Aunque la mayor parte del movimiento sigue siendo pacifista, algunos manifestantes han recurrido a formas de acción directa: así, las imágenes del instituto Nelson Mandela en llamas, en Nantes, han suscitado numerosos comentarios y ya se contabilizan varias decenas de millones de euros en daños y una veintena de institutos dañados.

Una represión policial desmesurada: un fascismo que ya está aquí

El Gobierno macronista ha reaccionado de la única forma que sabe hacerlo desde hace una década: con violencia y detenciones masivas. Laurent Nunez se ha jactado, además, de no haber dado “ninguna orden de moderación” contra los jóvenes y de dar rienda suelta al uso de ”todo el armamento intermedio a su disposición”.

La represión se ha extendido así por toda Francia. En Clichy, en el instituto René Auffray, L’Humanité relata que “una decena de policías dispararon (…) contra la multitud con un lanzagranadas y utilizaron botes de gas lacrimógeno. Tanto alumnos como profesores, tantos cargos electos locales como representantes sindicales, tantos padres como vecinos, fueron blanco de los disparos sin distinción alguna”. En el instituto Joliot-Curie de Nanterre, se podía ver a un francotirador con un LBD apostado en un tejado disparando contra los alumnos, mientras profesores y estudiantes eran golpeados por los CRS. En el instituto Paul-Eluard de Saint-Denis, había un policía apostado con un fusil de asalto. También en esta ciudad fue detenido una vez más Ritchy Thibault (militante de izquierda radical y antigua figura de los Chalecos Amarillos). En Argenteuil, hay drones sobrevolando los bloqueos. En Amiens, la policía lanzó gases lacrimógenos contra la multitud, incluida la diputada Zahia Hamdane. Lo mismo ocurrió en Lyon, así como en el instituto Chaptal de Quimper, en Bretaña. En Rennes, la policía cargó contra los alumnos y los profesores. En el instituto Albert Einstein de Sainte-Geneviève-des-Bois, agredió a una orientadora escolar. En Besançon, entró ilegalmente en la universidad para intentar detener a los manifestantes. En Compiègne, una estudiante de instituto acabó ensangrentada tras recibir el impacto de una granada lacrimógena en la cabeza. En Port-de-Bouc, un coche de policía intentó, literalmente, atropellar a los estudiantes de instituto. Entre esta sucesión de actos violentos, el caso de Eden, de 14 años, ha conmovido especialmente: al recibir un disparo de LBD en plena cara, ha perdido todos los dientes superiores, cuatro inferiores y sufre una doble fractura de mandíbula.

Solo durante el día 2 de octubre, el Estado anunció con orgullo 1.747 detenciones, el tipo de cifras alucinantes que normalmente se nos describen en relación con oscuras dictaduras. A un diputado comunista se le denegó su derecho de visita parlamentaria cuando quería ejercerlo para visitar a un estudiante de secundaria de 15 años que se encontraba bajo custodia policial.

El Gobierno, a través de Gérald Darmanin, ha vuelto a poner de manifiesto la lógica mafiosa —que ya habíamos visto en acción durante las movilizaciones que siguieron al asesinato de Nahel — que consiste en hacer pagar a los padres por las supuestas faltas de sus hijos. Cabe preguntarse qué puede seguir proponiendo el RN tras este saqueo integral de su programa por parte de la “macronía” durante los últimos diez años…

Represión mediática: los medios de comunicación estatales y los de los multimillonarios se encargan del «control de daños»

Confirmando su profunda incompetencia, su incapacidad para tratar un tema adecuadamente y para reflexionar sobre el momento actual, los medios de comunicación dominantes, propiedad de multimillonarios o del Estado, han vuelto a destacar por centrarse únicamente en el aspecto espectacular de la movilización (los daños materiales, los enfrentamientos con las fuerzas del orden) mediante entrevistas callejeras consternadoras, en lugar de plantearse seriamente qué puede llevar a miles de jóvenes a movilizarse de esta manera.

Por primera vez en mucho tiempo, Le Parisien se ha interesado así por Aubervilliers, una de las ciudades más pobres de Francia, que actualmente es víctima de una increíble depredación inmobiliaria por parte de los capitalistas, pero para dar cuenta de un supuesto “hartazgo del barrio” (sin plantearse ni por un segundo que estos estudiantes de secundaria sean, también, habitantes legítimos del barrio en cuestión). Por su parte, la emisora de extrema derecha Europe 1 se cree con derecho a titular “Movilización de los estudiantes de secundaria: los franceses exasperados por los bloqueos de los centros y la violencia” basándose en… dos testimonios. A los invitados que reciben, las emisoras de radio y las cadenas de televisión solo les plantean su pregunta obsesiva:”¿Lo condenas? ¡¿Lo condenas?!”. En BFM, Nathalie Arthaud, candidata de Lutte Ouvrière a las elecciones presidenciales, intentó además demostrar la manipulación cuestionando las aterradoras imágenes de llamas que se mostraban continuamente en segundo plano.

Los medios de comunicación también han difundido la idea —como es el caso de la cadena estatal France Info— de que los policías se “contenían” ante los menores desarmados a los que se enfrentaban, cuando en realidad los heridos entre estos últimos se cuentan por cientos y las detenciones por miles. Esto vino acompañado, como era de esperar, de una eufemización de la violencia policial: así, L’Est Républicain, ante las imágenes del policía ahogando a un estudiante de instituto, afirmaba que este ”parece haber intervenido de forma contundente”, lo cual plantea interrogantes.

Ante la proliferación de imágenes de violencia policial desenfrenada, France Info acabó planteando la pregunta en estos términos: “Estudiantes de secundaria heridos por balas de goma, gases lacrimógenos, detenciones masivas… ¿Es adecuado el uso de la fuerza por parte de las fuerzas del orden contra manifestantes menores de edad?”, sin plantearse aparentemente que, en una democracia, no se supone que los manifestantes deban resultar heridos por disparos de LBD, ser gaseados ni detenidos masivamente, ni siquiera si son mayores de edad.

La diferencia de tratamiento con respecto a los medios internacionales —que, evidentemente, una vez más se han mostrado muy conmocionados por el nivel delirante de represión en nuestra pseudodemocracia— es llamativa. En lugar de centrarse en los incendios de contenedores, la revista Time menciona “los cientos de heridos”, mientras que la agencia de noticias Reuters muestra a la policía disparando contra los estudiantes que protestaban por sus condiciones de estudio.

El intento de retomar el control de forma burocrática

Todos los movimientos sociales son también una oportunidad para que surjan figuras” razonables” que se sienten con autoridad para hablar en nombre de toda una movilización que, sin embargo, les supera con creces y sobre la que no tienen ningún tipo de control. El PS se ha especializado durante mucho tiempo en formar a este tipo de pequeños apparatchiks arribistas, insulsos y robóticos, encargados de corromper los movimientos desde dentro. Como era de esperar, estas personas se han acercado ahora más a los macronistas, pero todo esto es prácticamente lo mismo. Es la hasta ahora desconocida organización Renouveau Lycéen la que hoy se encarga de esta labor y, como es lógico, los medios de comunicación se la disputan. Así es como hemos visto a Nathanaël Combary aparecer por todas partes como representante de los estudiantes de secundaria sin que los programas de televisión consideraran necesario precisar que, por un lado, no es estudiante de secundaria y, por otro, es militante de Gabriel Attal. Algo sorprendente en plena campaña presidencial.

Por su parte, Fabien Roussel se apresuró a acudir a los platós de televisión, al igual que muchos otros “líderes” de la izquierda institucional, para decir que apoyaba el movimiento pero que, por supuesto, denunciaba “la violencia”. Así pues, ya no se entiende muy bien qué quería decir el candidato del Partido Comunista en la Fiesta de la Huma cuando instaba a los participantes a hacer la revolución y a tomar el poder en la calle sin esperar a las elecciones, si unos cuantos contenedores quemados ya le frenan en sus veleidades de “Grand Soir”.

En X, Lola, una estudiante de Nanterre, se quejaba de que “los organizadores se habían mostrado demasiado intervencionistas”, se habían ”apropiado de la movilización” y se habían destacado por “un llamamiento a la calma y al pacifismo totalmente paternalista e ineficaz”, así como por las órdenes de “seguir el recorrido de la manifestación”.

Las teorías conspirativas contra France Insoumise: la manipulación electoral

Un hecho poco habitual y alentador: este movimiento social se desarrolla en plena campaña presidencial, lo que ya tiene el mérito de orientar el debate público hacia otros temas distintos de las cuestiones reaccionarias, las disputas partidistas sin interés y los habituales desvaríos egocéntricos.

Sin embargo, el centro, la derecha y la extrema derecha no se han equivocado al verlo como una nueva ocasión para descargar su bilis sobre La France Insoumise, a la que, como de costumbre, se acusa de todos los males que afectan a Francia (o incluso al planeta). Esto también se debe a una sincera incomprensión, ya que estas personas son incapaces de entender las dinámicas de un movimiento social. La negación que deriva en delirios conspirativos no se limita, por otra parte, a La France Insoumise, ya que se ha visto a algunos acusar a los rusos o a los Hermanos Musulmanes de estar detrás de todo… Para ellos, que no saben nada de la situación del país que pretenden gobernar, resulta más sencillo imaginarse que todo es fruto de una gran instrumentalización que plantearse seriamente el rechazo total a las políticas que encarnan y promueven. En realidad, el creciente éxito de La France Insoumise debe entenderse, ante todo, como un síntoma de la ira social y no como su causa. El hecho de que un partido político de izquierdas apoye, o incluso “se apropie” de un movimiento social, es lo mínimo que cabe esperar de este último: es, literalmente, su función.

Para ganarse a su electorado de jubilados acomodados de la Costa Azul, el exalcalde de Niza, Christian Estrosi, acusó a LFI de “traición cívica” y de “apoyar a los alborotadores por interés electoral” —lo cual es un poco absurdo, ya que, recordemos, los estudiantes de secundaria no votan—. Eric Naulleau aportó su pequeña viñeta, que retoma la iconografía antisemita y conspirativa (el izquierdista manipulando marionetas…). En términos más generales, Los Republicanos —cuyo nombre ya solo da pie a la risa— proponían ni más ni menos, en consonancia con la larga historia del fascismo, prohibir al principal partido de izquierda del país, al tiempo que reconocían que eso probablemente es ilegal (pero el objetivo declarado de la derecha hoy en día es deshacerse de las ataduras de la democracia). Hace tiempo que lo explicamos aquí: no hay ninguna diferencia entre LR y el RN. En algunos temas, el primero es incluso a veces más radical y más fascista que el segundo. El objetivo es también mezquinamente político: LR, muy minoritario, ya prevé su futura alianza con el RN en caso de victoria de la formación de extrema derecha en 2027.

Los medios de comunicación también se están dando un festín: la televisión estatal, France Info, ofrece así, gracias al dinero público y en plena campaña presidencial, un editorial titulado: “Jean-Luc Mélenchon aviva las brasas de la ira de los estudiantes de secundaria y luego lamenta que el incendio se propague”.

Incluso Fabien Roussel se ha visto obligado, para la ocasión, a defender a La France Insoumise (lo que da una idea de lo preocupante que es la situación) recordando que ”la prohibición de los partidos es símbolo de los regímenes dictatoriales”. Pierre Moscovici, a pesar de pertenecer al ala derecha del Partido Socialista, tampoco se ha prestado al juego, y ha recordado algunas evidencias: “Siempre ha habido movimientos de extrema izquierda en los movimientos de estudiantes de secundaria y universitarios; se aglutinan, por así decirlo, pero no es el partido político de extrema izquierda el que crea el problema, el problema ya existía; no fue LFI quien decidió prender fuego a la Educación Nacional, había algo subyacente”.

Primeras victorias, que se irán multiplicando

En los últimos años, en Francia, los únicos movimientos que han logrado obtener algunas victorias son aquellos que se han salido de los circuitos establecidos promovidos por las organizaciones tradicionales (partidos de izquierda y sindicatos), adoptando estrategias de confrontación con el poder y formas de acción directa: pensamos aquí, evidentemente, en los chalecos amarillos, pero también en los movimientos campesinos. El movimiento de los estudiantes de secundaria no es una excepción, ya que en pocos días el Gobierno ya ha dado marcha atrás en su idea de hacer pagar a los estudiantes la matrícula en los BTS (Diploma de Técnico Superior) o en las clases preparatorias. Se trata de una victoria puramente defensiva, pero una victoria, al fin y al cabo. Por supuesto, el siguiente paso es empezar a conseguir cosas, y por suerte, los estudiantes de secundaria no parecen dispuestos a conformarse con migajas. El nerviosismo se ha apoderado del Gobierno, y los ministros, asustados, se han visto obligados a cancelar sus desplazamientos.

¿Y ahora qué? La coalición

En los últimos años se han movilizado todos los sectores de la población: los campesinos, los jóvenes de los barrios populares, los chalecos amarillos, los funcionarios, los obreros, los kanaks, los bomberos, el personal sanitario… y ahora los estudiantes de secundaria. Todo el mundo sabe bien que la clave del éxito reside en las alianzas, al igual que todos hemos comprendido que ya no podemos conformarnos con esperar siempre a las próximas elecciones, que siempre resultan decepcionantes. La CGT y los sindicatos de la educación nacional parecen dispuestos a unir fuerzas: el SNES-FSU (el sindicato de profesores de secundaria) convoca así una huelga para el martes 6 de octubre, al igual que la CGT, que “llama a sumarse para ayudar y apoyar a los alumnos de secundaria y a los estudiantes universitarios”. Los Chalecos Amarillos tienen previsto intentar relanzar el movimiento el 17 de octubre de 2026: se trata de un calendario especialmente favorable.

Ya se están forjando alianzas. Así, en Le Havre se ha podido ver cómo se formaba un cordón de sindicalistas para apoyar a los alumnos de secundaria y actuar como barrera frente a la policía, y en Saint-Denis, una cadena humana de padres y profesores. Se han observado dinámicas similares en Toulon, donde la CGT y FO acudieron a echar una mano a los alumnos del instituto Bonaparte, y en Saint-Denis, donde una concentración reunió a sindicatos y padres de alumnos en apoyo a la movilización. Las universidades también se suman a los institutos, como en Rennes 2, donde se bloqueó la facultad en señal de solidaridad, o en París 8, donde alumnos de instituto y universitarios se reunieron en Saint-Denis.

Los jóvenes de este país acaban de embarcarse en una lucha radical contra el mundo podrido del capital: el de la precariedad, la vigilancia generalizada, la destrucción ecológica, el imperialismo belicista, las desigualdades y la ausencia de toda democracia real. Como era de esperar y como es habitual, el macronismo en sus últimos coletazos responde con ultraviolencia, hiriendo y deteniendo masivamente a menores y amenazando a sus padres, mientras que su excrecencia leprosa, Los Republicanos, no tiene nada más que proponer que prohibir los partidos de izquierda. Eso es precisamente lo que ya es fascista: Marine Le Pen ya ganó hace tiempo, ya que el poder actúa desde ahora mismo como lo hace la extrema derecha en todas partes, si no peor. Es, en otras palabras, la banalización, en el seno mismo de un régimen de fachada democrática, de las prácticas de la extrema derecha: la prohibición de facto del derecho a manifestarse y la criminalización de la protesta, la vigilancia y la violencia policial generalizada, la destrucción del pluralismo político, la responsabilización colectiva de las familias, etc.

Pero, a pesar de la intensidad de la represión, aún no hay nada decidido: el movimiento sigue extendiéndose y, sobre todo, empieza a sumarse a otras formas de indignación: las de los docentes, los estudiantes, los padres, los trabajadores, los sindicatos, los vecinos de los barrios populares… Es esta convergencia la que puede marcar una verdadera diferencia, siempre y cuando no sea saboteada y desvitalizada por las viejas estructuras políticas y sindicales, auténticas máquinas de derrotas que, al querer controlarlo y canalizarlo todo, solo persiguen pequeños intereses particularistas. Los estudiantes de secundaria, con su espontaneidad, su valentía y su imprevisibilidad, han comenzado a abrir una brecha que ahora hay que ampliar.

Fuente: Frustration Magazine

Traducción: Viento sur

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