
por Comandante Antonio García del Ejército de Liberación Nacional de Colombia, ELN
En América Latina los golpes de Estado, instigados por Estados Unidos y realizados por la bota militar, con tanques copando calles y plazas públicas, y militares regados por todo el país, han ido mutando a otras modalidades.
Sin que desaparezcan las amenazas de los arsenales del Norte rodeando cielos y mares, ahora los golpes pasan a ser liderados por jueces y medios de comunicación. Ecos de bombas judiciales y humos mediáticos.
Los primeros para impedir el buen desempeño del gobierno, hasta llegar a la total anulación de un presidente, sacándolo de su casa de gobierno. Y los humos para, por medio de la guerra mediática, inclinar la opinión pública, convenciéndola de la veracidad de los “delitos” por los cuales los jueces bloquean a un presidente para sacarlo de sus funciones.
Además, acuden a recursos para que líderes, en especial ex presidentes que no han comulgado con la órbita estadounidense, no sigan en la lucha política, anulándolos “legalmente”, hasta llevarlos a prisión o al exilio. Importante recordar que hubo un periodo anterior cuando aparecieron, como por arte de magia, «diagnósticos de cáncer» de manera simultánea en varios presidentes de la región, hasta que dieron en el blanco con la muerte de Hugo Chávez.
En tiempos actuales se implementa una hábil combinación de recursos, donde acumulan o crean pruebas de todo tipo. Entre las fundamentales está que algún exfuncionario de confianza del exmandatario, sea llevado a los tribunales, declare y lo acuse por uno u otro delito, como prueba máxima de lo denunciado. Estamos ante un entramado, al parecer menos traumático, pero igual de letal que un golpe militar.
Las acusaciones por corrupción son las más recurrentes. Así fue empantanado el gobierno de Dilma Rousseff en Brasil, hasta sacarla de sus funciones. Y con recursos similares fueron empapelados Luis Inácio Lula y Rafael Correa, este último en exilio desde 2017. Quebrar los liderazgos políticos y dificultar la organización de las alternativas políticas y sociales es el propósito último de estas maniobras similares a los golpes militares del pasado.
Aunque para los liderazgos sociales también cabe el recurso más expedito del atentado personal, tan practicado en Colombia, que ya es rutina cotidiana.
Por estos días, además, como un elemento que brinda luces sobre este tipo de conspiraciones y la acción constante de las oligarquías atornilladas en el dominio de países, sus Estados y gobiernos, sometidas a la esfera de los Estados Unidos, tenemos lo ocurrido en Bolivia con Cerimedo, personaje oscuro, espía, conspirador, consejero de presidentes, con antecedentes de acción en Argentina, Chile y otros países de la región.
La captura del personaje, caído en desgracia no por manipulación mediática y acciones similares, sino por intento de feminicidio, dejó en evidencia la existencia de un amplio y bien conformado equipo de técnicos en informática, que apoyados por grandes inversionistas activan laboratorios de contra información y desinformación, mediante los cuales potencian la opinión ciudadana, favoreciendo a los grandes poderes de derecha y en contra de alternativas democráticas y populares. Una acción impulsada, por demás, con mayor ahínco en periodos electorales confirmando que “el que escruta elige”, ahora por otros medios y estrategias. Ayer fue Colombia y mañana Brasil asoma en la mira.
Mientras jueces y guerra mediática están en escena, los gringos y derechas del continente siguen aliados haciendo sonar los misiles en el Caribe y el Pacífico, y a través de sus fuerzas navales siguen constriñendo de manera inhumana al pueblo cubano, y dando zarpazos como el acontecido el 3 de enero contra Venezuela.
Para ellos, los poderosos, gringos y oligarcas, romper las normas establecidas en la sociedad está dentro de su «legalidad», pero cuando los pueblos defienden sus derechos o luchan por conquistar otros es ilegal y considerado «acción terrorista». Como quien dice, «la ley del embudo… lo ancho para ellos y lo angosto para uno».
Ese es el abanico completo de la guerra actual. En este contexto don Abelardo prepara el «Estatuto Antiterrorista». Claro, y ¡el gringo ahí!
Fuente: ELN Voces









