La cuenta

Muere una mujer a la que habían desahuciado,
una más, uno más, hace tiempo que se perdió la cuenta.
Pero ¿ha llevado alguien la cuenta?
—Lejos de la calle, quiero decir, en los lugares
donde la vida sólo es cuenta
y todo se cuenta
para sacar monedas, cargos, asientos
de primera fila en el poder—.
No, por supuesto que no la han llevado.
¿Cómo van a contar
que sus cámaras acorazadas son criptas
y que son sus cálculos los que las llenan?
Cómo, si nadie les pide cuentas o, más bien
se las arranca.

Deja una respuesta