La noche del 2 de noviembre, en una localidad cercana a Kiev, un centenar de personas se congregaron de forma espontánea para saltar lo que parecía una vivienda particular en la que, según se rumoreaba, el primer cuerpo de la Guardia Nacional de Ucrania, uno de los dos ejércitos nacidos del movimiento Azov, retenía de manera ilegal a reclutas y presuntos desertores. Las imágenes lo decían todo, la población civil tratando de rescatar de un sótano en el que se especula sobre si se han producido torturas a hombres cuyo único delito era no querer morir en la carnicería en la que se ha convertido la guerra de Ucrania. Lo ocurrido en Kiev es consecuencia de la propia naturaleza y prolongación de la guerra y de la forma en la que Ucrania y sus aliados la están gestionando. La guerra de desgaste, con la perspectiva real de muerte rápida en las trincheras borró rápidamente la ola de nacionalismo con la que millares de ucranianos y ucranianas se habían alistado en el ejército que ahora mismo tiene dificultades para reclutar suficientes hombres para compensar sus pérdidas humanas. Es habitual ver videos en que jóvenes son detenidos o secuestrados en Ucrania y obligados a ir a la guerra.
Compartimos el siguiente Reportaje de La Base sobre estas denuncias graves. Recordemos que la tortura a cualquier persona, especialmente en tiempos de guerra, esta prohibida a todos los países de acuerdo a la Ley Internacional y el Derecho Internacional Humanitario.









