Elecciones a mitad de legislatura en EE UU: la IA, en una encrucijada

por Michael Roberts

El Partido Demócrata ganó por mayoría aplastante las elecciones a mitad de legislatura al Congreso de EE UU de 2026. Antes de la votación, el presidente Donald Trump pidió a los votantes que pensaran en él y en su trayectoria a la hora de votar, y parece que así lo hicieron.

Según datos preliminares del Laboratorio Electoral de la Universidad de Florida, en estas elecciones votaron alrededor de 124 millones de personas. Esta cifra es superior a los 112 millones de 2022 y los 118,6 millones de 2018. Sin embargo, aunque el número total de votos emitidos aumentó, la participación electoral de 2026 siguió siendo inferior a la de las elecciones intermedias de 2022 y 2018.  Esto significa que más de la mitad de las y los estadounidenses con derecho a voto no acudieron a las urnas en esta derrota aplastante de Trump y el Partido Republicano.

Entre el menos del 50 % que sí votó, se produjo un giro masivo hacia el Partido Demócrata. A nivel nacional, los demócratas lideraron con una enorme ventaja de 13 puntos porcentuales, la mayor ventaja registrada desde 1982. Ha sido la mayor victoria aplastante en el Congreso en 50 años, lo que supone la derrota más dura para los republicanos desde la era del Watergate en 1974. Los demócratas obtendrán hasta 255 escaños en la Cámara de Representantes, lo que supone su mayor mayoría en casi dos décadas (la mayoría necesaria es de 218 escaños). Además, obtendrán 55 escaños en el Senado, de 100 escaños, y, por lo tanto, también controlarán la cámara alta.

Los demócratas lideraron los resultados en todos los estados y en todos los grupos demográficos. Esto fue especialmente evidente entre los votantes de entre 18 y 29 años. Si bien hubo una pequeña mayoría de hombres blancos que votaron a los republicanos, no fue así entre los menores de 30 años, donde los hombres blancos votaron a los demócratas por un 57 % frente a un 40 %. En todas las demás categorías, la ventaja fue mayor: el 96 % de las mujeres negras menores de 30 años votó a los demócratas.

Además, un tercio de todas las personas votantes menores de 30 años se identificó a sí mismo como socialista democrática, según la encuesta a pie de urna de la NBC: tres veces más que los menores de 30 años que se consideraban partidarios de Trump y del movimiento MAGA.

Y los temas estaban claros. Según los datos recopilados por el Pew Research Center en octubre de 2026, la economía era la prioridad número uno para el 84 % de quienes votaron, seguida por el 47 % dque situaban en segundo lugar el conflicto con Irán iniciado por Trump. La sanidad también ocupaba un lugar destacado en la escala de prioridades. El voto a favor del Partido Demócrata fue un rechazo a la innecesaria  guerra de Trump contra Irán, al aumento del coste de la vida en alimentos y energía, a sus brutales ataques contra las y los inmigrantes en las calles y al rechazo que suscitan su corrupción, sus mentiras y su grandilocuente arrogancia. Las encuestas de opinión mostraron que Trump tiene el índice de aprobación más bajo jamás registrado por un presidente de EE UU.

Así pues, un Congreso ahora controlado por el Partido Demócrata está en condiciones de investigar y cuestionar las actividades y políticas de Trump, así como de proponer alternativas. El economista liberal de izquierdas Daren Acemoglu consideró la victoria demócrata como «un salvavidas para la democracia estadounidense». Pero solo un salvavidas, porque las y los votantes que llevaron a Trump al poder en 2024 y ahora se han vuelto en su contra podrían cambiar fácilmente de opinión si los demócratas no logran dar respuesta a los problemas de los «niveles obscenos de desigualdad en este país, con la crisis real de la asequibilidad y con el espinoso problema de crear buenos puestos de trabajo para los estadounidenses de todos los niveles de cualificación…». Acemoglu considera que «ni la dependencia de los demócratas progresistas de los impuestos, las transferencias y las regulaciones tradicionales, ni el apego de los centristas al statu quo, ni las ilusiones de quienes confían en la abundancia impulsada por la Inteligencia Artificial (IA) son lo suficientemente radicales». Esto se debe a que la situación va a empeorar bajo una economía impulsada por la IA.

¿Cuál es la respuesta, según el ganador del Premio Nobel? Las y los estadounidenses necesitan «puestos de trabajo bien remunerados y que permitan desarrollar una carrera profesional para todos los trabajadores y trabajadoras, y especialmente para quienes carezcan de título universitario, que se han quedado atrás en la economía postindustrial del último medio siglo». Debería haber un «plan viable para reorientar la IA, de modo que esta prometedora tecnología no se vea moldeada por los sueños de un pequeño grupo empeñado en la superinteligencia artificial y la automatización de la mayor parte de lo que hacen los seres humanos. En su lugar, debemos explicar por qué es factible y deseable desarrollar una IA favorable a los trabajadores y trabajadoras y cómo esto puede crear empleo y salarios dignos».

Mientras tanto, la crisis del poder de compra es grave, y no solo en EE UU. Los hogares de todo el mundo se enfrentan a aumentos del coste de la vida debido a las guerras y a las secuelas de la pandemia de covid-19, y los salarios tienen dificultades para seguir el ritmo de las persistentes presiones sobre los precios. Los precios mundiales de muchas materias primas se han mantenido elevados durante varios años, impulsados primero por la escasez en las cadenas de suministro provocada por la pandemia y, posteriormente, por las guerras en Ucrania e Irán. La guerra en Oriente Medio, que comenzó el pasado mes de febrero, ha elevado la tasa de inflación mundial anual hacia el 5 %, muy por encima del objetivo del 2 % fijado por muchos bancos centrales de todo el mundo. Las subidas de precios de productos de primera necesidad, como los alimentos y la energía, han sido especialmente pronunciadas. El índice mundial de precios de los alimentos ha subido un 42 % desde la caída provocada por la pandemia en 2020. Y solo en el último año, los precios del petróleo crudo han subido un 57 %, mientras que los del gasóleo lo han hecho un 50 %. El peligro es que la inflación podría acelerarse aún más el año que viene si los conflictos en Oriente Medio continúan hasta finales de este año y más allá. La cadena de suministro mundial ya se encuentra sometida a nuevas presiones y el crecimiento del comercio internacional se está desacelerando.

Hay muchos ámbitos de gasto para los consumidores estadounidenses –como la sanidad, la educación y el cuidado infantil– en los que los costes han superado con creces los aumentos salariales en los últimos 20 años. Pero ahora, desde la pandemia, la inflación de los precios de los alimentos, el combustible y otros productos de primera necesidad también está superando con creces los aumentos salariales. Hace un año, los precios al consumo en EE UU subieron un 2,7 % interanual. El salario medio por hora de los trabajadores y trabajadoras estadounidenses creció un 4 %. Ahora mismo, los precios suben un 3,5 % interanual, pero el crecimiento salarial se ha ralentizado hasta situarse en apenas un 3,2 %. Ya en abril, si se tenía en cuenta la inflación, el salario real pasó a ser negativo. En el último año antes de las elecciones, los ingresos medios reales por hora disminuyeron un 0,7 %.

Los tipos hipotecarios medios se han duplicado desde el final de la pandemia hasta superar el 7 % anual. Como consecuencia, en EE UU (y en toda Europa), el mercado inmobiliario se ha desplomado. El índice de asequibilidad hipotecaria del FMI (que mide la relación entre los ingresos reales y los ingresos necesarios para un préstamo hipotecario típico) muestra fuertes descensos. En EE UU, el índice cayó desde aproximadamente 150 hasta 85 (donde los valores superiores a 100 representan la asequibilidad).

Por el contrario, bajo los mandatos de Biden y Trump, el 10 % más rico de los hogares vio cómo su patrimonio neto mediano se disparaba, entre 2022 y 2025, de 2,8 millones de dólares a 3,67 millones, lo que supone un aumento de unos 872 000 dólares: un 30 %. El 40 % de los hogares con menores ingresos perdió terreno. Entonces, Trump firmó su gran y maravilloso proyecto de ley, que concedía los mayores recortes fiscales a los que se encuentran en la cúspide.

No es de extrañar que las y los estadounidenses hayan votado en contra del Partido Republicano de Trump. La cuestión es, ¿y ahora qué? Los líderes demócratas controlan el Congreso, pero ¿qué se proponen hacer? ¿Qué posibilidades hay de que los demócratas tengan alguna idea de cómo frenar el aumento de la inflación y el coste de la vida? ¿Y pueden o van a poner fin a las guerras en Oriente Medio y Ucrania que han contribuido a la crisis de la capacidad adquisitiva [de los salarios]? El Partido Demócrata afirma que revocará los aranceles de Trump, revertirá los recortes a Medicare, reducirá los costes sanitarios y de la vivienda y aumentará la regulación en sectores tecnológicos como la inteligencia artificial. Pero no habrá recortes en el grotesco nivel de gasto en defensa. De hecho, es probable que se incremente el apoyo a Ucrania en la guerra contra Rusia. En su nuevo libro, Twilight of American Imperialism, Jack Rasmus realiza un estudio del asombroso aumento del gasto y los costes del Gobierno de EE UU en defensa. Según sus estimaciones, el gasto total en defensa de EE UU se ha más que duplicado desde 2019, pasando de 1,5 billones de dólares a la asombrosa cifra de 3 billones de dólares el año que viene. Parece que el Partido Democráta no tiene ni idea de cómo controlar la inflación galopante, salvo confiar en que la Reserva Federal suba los tipos de interés -una política que no hará más que aumentar la probabilidad de una recesión–. Y no hay propuestas para revertir la creciente desigualdad.

En los medios de comunicación dominantes y entre los economistas convencionales se hace mucho hincapié en que la economía estadounidense va viento en popa. Es cierto que el crecimiento del PIB real de EE UU es más fuerte que en Europa o Japón, pero eso no es precisamente un listón muy alto. El PIB real de EE UU aumentó a una tasa anual del 3,4 % en el tercer trimestre de 2026, lo que supone un repunte aparentemente importante con respecto al segundo trimestre. Pero esto oculta la tendencia. El crecimiento interanual del PIB real se está ralentizando. Con un 2,1 % en el tercer trimestre de 2026, se situó cerca de uno de los mínimos registrados desde el inicio de la pandemia. La economía estadounidense sigue creciendo, pero a un ritmo que no supera el 2 % anual.  Además, el crecimiento del PIB real de EE UU, la inversión y, con ello, el empleo, dependen casi por completo del auge de la inversión en inteligencia artificial. Como señaló el exasesor económico de la Casa Blanca, Jason Furman: «El único gran aumento real en el sector de la construcción en Estados Unidos durante el último año ha sido el de los centros de datos, con un incremento del 64 %. Las centrales eléctricas que los abastecen registran un aumento más modesto, del 4 %, y todo lo demás ha descendido, con un descenso especialmente acusado en la industria manufacturera, que ha caído un 24 %, lo que supone un retroceso respecto al pico muy elevado alcanzado en 2024».

Estas megainversiones están logrando impulsar la producción por trabajador. La productividad laboral aumentó un 3,6 % en el tercer trimestre. Esto significa que la tendencia de crecimiento de la productividad coincide ahora con la media a largo plazo de la posguerra y está muy por delante del ritmo del 1,5 % del ciclo 2007-2019. Pero, ¿durará esto? Ya hay indicios de que el auge —o la burbuja— de la inversión en IA está empezando a desinflarse, si no a estallar, al menos en Asia. Y ahora la victoria demócrata ha desencadenado una ola de ventas generalizada de acciones tecnológicas y de IA, con el Nasdaq hundiéndose un 5,5 % en una sola sesión, ya que a los inversores les preocupa que un Congreso demócrata detenga o ralentice la construcción de centros de datos.

La pregunta ahora es si se extenderán los temores de los inversores sobre la sobreinversión y el deterioro de las perspectivas de beneficios derivados de la IA. A menos que las inversiones masivas en centros de datos y otros equipos, chips y software relacionados con la IA empiecen a generar una mayor rentabilidad, el colapso no tardará en llegar.

Fuente: Blog de Michael Roberts

Traducción, Viento sur

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