El solsticio de los pueblos
La izquierda del siglo XX heredó, casi sin cuestionarlo, el tiempo lineal del progreso: la historia avanza hacia adelante, hacia la emancipación, y las derrotas son obstáculos en el camino recto.
La izquierda del siglo XX heredó, casi sin cuestionarlo, el tiempo lineal del progreso: la historia avanza hacia adelante, hacia la emancipación, y las derrotas son obstáculos en el camino recto.
Hito necesario en cuanto bien social, bienvenido fertilizante en la construcción comunitaria, y oasis desde el que resistir, para quienes nunca dejaremos de llevar bien alto las banderas de Memoria, Verdad y Justicia.
Se busca dar una condena ejemplificadora para amedrentar a las comunidades que reclaman sus derechos territoriales.
La Concertación y la Nueva Mayoría no sólo administraron la herencia de la dictadura con el pretexto de generar certidumbre a los agentes económicos y “tranquilizar a la derecha y a las Fuerzas Armadas”, sino que además diseñaron tecnologías políticas sofisticadas para legitimar y profundizar la mercantilización de la vida social
Julia Chuñil plantaba e intercambiaba las semillas antiguas. Le encantaba asistir a trafkintus e iba a comunidades de Loncoche o Río Negro, entre otras localidades, porque según decía “lo que más me gusta es rescatar la semilla nuestra, la que nosotros tenemos que tener”.
Porque mientras exista desigualdad, concentración de riqueza, racismo organizado y exclusión social, la lucha histórica de los pueblos originarios seguirá siendo una causa vigente.
Estamos convencidos de que solo un juicio justo, transparente y respetuoso de las garantías fundamentales permitirá esclarecer los hechos. Si eso ocurre, confiamos en que nuestros familiares podrán demostrar su inocencia y que la verdad estará por encima de los prejuicios y las condenas mediáticas.
El ”arreglo” entre el gobierno y la dirigencia de la COB ha demostrado esa falta de complementariedad entre esas dos realidades existentes en nuestro país: una clase obrera disminuida y encerrada en sí misma, dejando de lado la necesaria compañía de los pueblos originarios.
En septiembre de 1856, los gobiernos de Chile, Perú y Ecuador firmaron en esta misma capital el Tratado Continental. El motivo: una amenaza criminal que ponía en jaque la soberanía de toda Hispanoamérica, el filibusterismo.
Tal vez por lo mismo se puede comprender por qué los progresistas en Chile fueron tan fieros y crueles para perseguir y reprimir a los mapuche y toda otra expresión de resistencia, sometiéndose de lleno al sistema imperante postdictadura y creando las condiciones para una nueva ofensiva neofascista y neocolonial.