Colombia. Las dificultades de gobernar un país capturado por la extrema derecha

En Colombia, donde el odio ha sido política de Estado, la única salida es construir un poder popular capaz de disputar cada centímetro de democracia real. Porque cuando los poderosos conspiran con medios, jueces, congresistas, generales y banqueros, el pueblo tiene que responder con organización, con unidad, con dignidad.

Programa Que el Pueblo Viva: DDHH en Chile y análisis internacional

Conducido por Hervi Lara y Félix Madariaga, se analiza la última Cuenta Pública del Presidente de Chile, Gabriel Boric; la Comisión Presidencial para la Paz y el Entendimiento sobre el Pueblo Mapuche; los ejercicios militares, realizados en Chile, junto al ejército de EEUU,  llamados «Estrella Austral»; y se rinde un homenaje a los 12 jóvenes, militantes del FPMR, asesinados en junio de 1987 en Chile. 

Chile. De Papudo al infierno: un libro francamente complejo

Bien podría llamarse, historia de un hombre muerto, ya que trata de la vida de Andrés Valenzuela, un conscripto y luego funcionario de la FACH, que se convirtió en agente del Comando Conjunto y que sorprendentemente desertó en agosto de 1984. El mismo se definía así cuando desertó como “un hombre muerto”. 

Chile. La destrucción de revista Punto Final

Todo lo anterior, que puede aparecer políticamente absurdo, adquiere plena comprensión a la luz de los crudos reconocimientos efectuados públicamente por el principal ministro de Aylwin, Edgardo Boeninger, respecto de la línea política seguida por los gobiernos de la Concertación desde 1990. En efecto, en 1997 en su libro Democracia en Chile. Lecciones para la gobernabilidad (Editorial Andrés Bello), Boeninger señaló que a fines de los 80 el liderazgo de la Concertación experimentó una “convergencia” con el pensamiento económico de la derecha, “convergencia que políticamente el conglomerado opositor no estaba en condiciones de reconocer” (p. 369)

José Mujica, maestro de la ambigüedad

En la primera década del nuevo siglo, su figura representó para muchos la gran esperanza de que un segundo gobierno del FA ejecutara un ansiado giro a la izquierda. En los cinco años en los que ejerció la presidencia de la república se abocó a destruir minuciosamente esas expectativas. Su gobierno estuvo muy lejos de ser bueno. Signado por la improvisación y la torpeza, fue un desastre casi sin paliativos.