Chile: Entre el fascismo y el progresismo ligth

Gabriel Boric y José Antonio Kast van a segunda vuelta presidencial en Chile.

Tras conocerse los resultados del escrutinio, el presidente del Partido Socialista (PS), Alvaro Elizalde, llamó a su militancia a votar en segunda vuelta por Boric ante el peligro del regreso del pinochetismo a La Moneda, «Kast constituye una amenaza y una amenaza para la vida de los chilenos», acotó.

Según la presidenta de la Convención Constitucional, Elisa Loncón, es “la última votación de Presidente que se hace con la antigua constitución que dejó la dictadura», agregando que por esta razón “no da lo mismo quien gane”, pues quien lo haga estará a la cabeza de un «importante gobierno de transición».

Otro punto destacado, según Loncon, es que “tenemos un objetivo que es avanzar para dar a Chile una nueva Constitución y todo lo que se elija hoy día tiene que ir en esa dirección para que la Convención Constitucional pueda hacer su trabajo y podamos en el plazo planificado dar a Chile esta nueva Constitución. En el país se vive una situación compleja, frágil, delicada, en cuanto a que venimos de un proceso anterior de un estallido que todavía no sabemos cuándo y cómo va a ser la situación de futuro, es incierto el futuro, es complejo el futuro”.

Kast en materia de orden y seguridad, pretende imponer la extensión del Estado de excepción con atribuciones exclusivas al presidente; y crear una «Coordinación Internacional Anti-Radicales de Izquierda» para “ identificar, detener y juzgar agitadores radicalizados”. También pretende investigar y sancionar las filtraciones de información de funcionarios del Poder Judicial y el Ministerio Público y clausurar el INDH. Propone además instaurar un Comité de Seguridad Nacional que reemplace al Comité Político que se reúne cada semana en La Moneda, y la creación de “una nueva instancia de inteligencia policial” que incorpore a policías, Fuerzas Armadas y Gendarmería.

Daniel Labbé Yáñez: «Había dejado de escribir porque me agota la inconsecuencia y poca empatía de este país, pero hoy me pican los dedos por decir lo que creo respecto a la elección de ayer:

1- No es necesario continuar inflando tanto a la derecha ni al candidato fascista. Ese sector en conjunto lleva tres primeras vueltas de elecciones presidenciales estancado en un 40% aproximado de votos, y de hecho, en esta bajó de 44% (2017) a 40%.

2- Los votos que Gabriel Boric necesita para derrotar a Kast ¡no están en el centro! A la cresta Carmen Frei, Yasna Provoste, la DC completa y todo lo que huela a neoliberalismo, porque aunque haya mucha gente que no lo verbalice así, que no diga la palabra «neoliberalismo», es precisamente de todo ese lote de la ex Concertación y la Nueva Mayoría (quizás exceptuando al PC) de lo que están chatos. ¿Por qué?: porque esos líderes, esos partidos, han hecho de los últimos 30 años de vida de la ciudadanía un padecimiento permanente, aliñado con abusos, desigualdades y corrupción groseras.

3- Y relacionado a esto último está -a mi juicio y de acuerdo a lo que sostiene gente a la que me gusta escuchar- los factores Parisi / Partido de la Gente y estallido social / desencantados. Gabriel Boric no logrará convocar a quienes se han movilizado desde el 18 de octubre -algunos de los cuales lo vienen haciendo desde antes- y/o votaron por el profesor Eduardo Artés y/o simplemente no votaron, yéndose al centro. Y tampoco logrará convocar a los del Partido de la Gente (13% de votos), porque justamente -con diferencias políticas e ideológicas- lo que todo ese grupo siente ¡es precisamente un malestar permanente con el modelo de abuso y corrupción que ese «centro» representa! No tengo ninguna duda de que entre la gente que ha ido a Plaza Dignidad hay votantes de Parisi que no se sienten identificados con Boric, porque lo siguen viendo como parte de esa misma élite de la que están chatos. Junto con ello, pienso que mientras el sujeto del árbol siga siendo pauteado por lo que dice El Mercurio, La Tercera, Daniel Matamala o Matías del Río; mientras siga más preocupado de condenar la violencia «venga de donde venga», la de Nicaragua, la de Venezuela… y no la estructural y política que viven miles de chilenos diariamente acá mismo, no logrará ni en sus sueños sumar las fuerzas que necesita para derrotar al fascismo. Eso. ¡Justicia, reparación y libertad para todos los presos políticos!».

Pablo Jofre Leal «Cada día este Chile nuestro nos depara sorpresas:

1. Un candidato virtual que hace política renegando de ella tendrá la posibilidad de usufructuar de los votos obtenidos. Estamos Desquiciados? Parisi se la jugará por lograr que Servel le entregue el aporte en dinero por los votos conseguidos. Si llega a los 700 mil votos recibirá 1.15O millones lo que le permitiría pagar la pensión alimenticia adeudada y quedarse con un buen saldo para vivir tranquilo en su casa en Estados Unidos. No se acabaron los políticos millonarios. Pero no olvidemos que en la elección del 2013 ya había sacado 600 mil votos nuestro problema es que no solemos recordar

2. Bajísima adhesión a Provoste que marca ya el fin de lo que fue la concertación y la nueva mayoría. Sólo se salvarán aquellos marineros (as) que saltaron del barco en naufragio para arroparse al amparo de un apruebo dignidad que tampoco dio el ancho.

3. Donde está el 80% del apruebo?

4. Se consolida el voto derechista en la VIII, IX y Región de Los Lagos zonas donde se reivindican derechos de los pueblos originarios y sin embargo triunfa el discurso del orden y la represión.

5. Discurso del Terror de Elizalde que no pone en el tapete la necesidad de fortalecer una nueva constitución que garantice los derechos de nuestra sociedad. La dirección es que nuestra sociedad se mueva en función de los cambios estructurales. Aún no reacciona respecto a que le discurso del miedo no le ha dado resultado y más aún esta elección marca el fin de los viejos tercios concertacionistas. A Kast a hay que enfrentarlo fuera del buenismo del nuevo pacto social

6. Una vergüenza que pudiera salir electa Karina Oliva con un 4.5% Un bálsamo que Fabiola Campillai llegue al senado. Lo moralmente necesario.

7. Un PC y un Partido de la Gente con dos senadores además de diputados que destacan el papel que cumplirán en el parlamento .

8. Provoste le recuerda a Apruebo Dignidad que no harán lo que el Frente Amplio le hizo a al ex candidato Alejandro Guillier en el 2017

9. Fracaso de la derecha con Sichel y fracasó de la DC, PS, Radicales y PPd con Provoste.

10. Viene un mes de fuerte ofensiva ultra derechista en materia de de dar énfasis a conceptos como: orden, seguridad, detener el Comunismo, salvar a Chile, detener la violencia. Priorizar la seguridad para garantizar la Inversion. No es casual que las candidaturas de Kast y Parisi hayan obtenido altísimos porcentajes de adhesión en el norte chileno, vinculado estrechamente al tema inmigración. Feudos tradicionales de la izquierda hoy en manos de la ultraderecha y este liberalismo livianito de Parisi.

11. Boric tendrá mucho que ofrecer pues la vieja concertación tiene mucha sangre en el ojo. La política de las negociaciones de lo que podemos conseguir hará renacer la vieja máxima “no importa dónde me pongan pero pónganme donde haya”

12. Tener presente la llegada de la idea de la “democracia digital”

13. Ojo con la derecha que desde el principio se planteó dar su apoyo a Kast en la segunda vuelta. Habrá que analizar profundamente dónde se sitúa el Partido de la Gente, que es muy difícil verlo por la escasa consistencia de ese movimiento.

14. Recordar que nuevamente el gran ganador ha sido la abstención».

Igor Goicovic Donoso: «Nos acercamos a la resolución transitoria de la crisis desatada por los sectores populares en octubre de 2019. Y es posible que se resuelva de la peor manera.

A dos años de la revuelta popular de octubre de 2019 la sociedad chilena ha sido convocada, nuevamente, a un mega evento electoral (elección presidencial, de una parte del Senado, de la totalidad de la Cámara de Diputados y de los cargos para consejeros regionales). No obstante, la «fiesta de la democracia», como la llamaron insistentemente los medios de comunicación social al servicio del capital, tuvo una escasa concurrencia. De los 14.959.945 chilenos habilitados para votar, solo lo hizo el 47,34%. Menos que el 49,36% de las presidenciales del 2013 y levemente superior que el 46,72% de sus similares de 2017. Si seguimos esa misma línea de análisis, también son menos que aquellos que votaron para el plebiscito del apruebo de la Convención Constitucional de octubre de 2020 (50,95%), pero bastantes más que aquellos que participaron de la elección de convencionales para la misma instancia en mayo de 2021 (41,51%). Sin duda, el dato más preocupante continúa siendo que una franja superior a la mitad de la población habilitada para sufragar no lo está haciendo, con lo cual se devela la profunda fragilidad del sistema democrático chileno.

Y como ha sido recurrente en estos últimos años, los porcentajes más altos de abstención electoral se producen en las comunas populares del país. De esta manera, las comunas obreras como La Pintana (40,31%), Independencia (41,06%), Estación Central (42,53%), San Ramón (42,68%), Lo Espejo (42,90%), Cerro Navia (43,14%) o Recoleta (44,18%), presentan votaciones inferiores a la media nacional. Adicionalmente podemos agregar que, en estas comunas, como por ejemplo en La Pintana, los candidatos presidenciales que representan a la burguesía conservadora (Kast, Parisi y Sichel), obtienen en conjunto un 38,27% de los sufragios. Es decir, más de un 1/3 del electorado de las comunas obreras vota a los representantes de la burguesía. Por el contrario, las comunas en las cuales residen las clases dominantes de nuestro país, como Vitacura (69, 01%), Barnechea (65,33%) o Las Condes (63,27%), continúan ostentando altos niveles de participación electoral y en ellas, los candidatos que representan las posturas políticas más conservadoras se imponen masivamente. En la comuna de Vitacura, por ejemplo, las mismas candidaturas conservadoras obtuvieron el 85,88% de los sufragios. No es extraño, en consecuencia, que el candidato ultra conservador, José Antonio Kast haya obtenido la primera mayoría en las elecciones del día de ayer (27,91%) y que el tercer lugar en las mismas se lo estén disputando palmo a palmo, los otros dos abanderados de la derecha: Franco Parisi (12,80%) y Sebastián Sichel (12.79%).

Las elecciones parlamentarias senadores y diputados, también supusieron una consolidación de las posiciones conservadoras. De los 50 cargos parlamentarios que componen la sala del Senado, la derecha (Chile Podemos Más y Frente Social Cristiano) obtiene 25 representantes, a los cuales se deben sumar los parlamentarios de la Democracia Cristiana (5) que en muchas oportunidades votan junto a sus correligionarios de derecha. Cabe señalar que en no pocas oportunidades senadores del Partido por la Democracia y del Partido Socialista también votan favorablemente mociones conservadoras. El único dato rescatable en la nueva composición del Senado es la incorporación, después del golpe de Estado de 1973, de dos senadores comunistas y de la dirigenta social, represaliada por el Estado, Fabiola Campillai.

En el caso de la Cámara de Diputados, que se eligió en su totalidad, la situación es aún más compleja. El Frente Social Cristiano y Chile Podemos Más, obtuvieron 68 representantes, a los cuales se debe sumar (sin mayores dudas), los 6 parlamentarios que arrastró la candidatura presidencial del gestor empresarial Franco Parisi. De esta manera, los sectores conservadores obtienen una muy buena representación parlamentaria que les permite negociar acuerdos y transacciones con los sectores más reformistas de la antigua Concertación y del Frente Amplio. De esta manera, la vía parlamentaria o institucional no se devela como la mejor opción para alcanzar las transformaciones que los sectores populares levantaron en octubre de 2019.

¿Qué explica el desencanto popular y, por extensión, la baja participación popular y la importante adhesión que han obtenido los candidatos conservadores en las diferentes instancias electorales? No cabe duda de que las diferentes alternativas que se arrogaban la representación de los sectores populares (Boric, Provoste, Enríquez-Ominami y la simbólica candidatura del profesor Eduardo Artes), no han logrado leer ni mucho menos representar, las demandas de los sectores populares. La crisis económica, desencadenada en 2020 por efectos de la pandemia ha profundizado las precariedades en las cuales se desenvuelve la existencia del mundo popular y frente a ella solo han promovido paliativos miserables (retiros de fondos previsionales). Pero, por otro lado, los problemas estructurales, asociados a la inestabilidad laboral, el sistema de pensiones, los graves problemas del sistema de salud, las inequidades en educación o la desigual distribución de la riqueza, no han concitado el interés efectivo de la élite política. Si nada distingue a estos sectores de los representantes de la burguesía ¿qué sentido tiene optar por ellos?

Por otro lado, no es menos efectivo que los problemas de seguridad que afectan a múltiples comunas y barrios populares, generaron importantes niveles de adhesión respecto de aquellas candidaturas que reivindicaban el uso discrecional de la fuerza represiva. Como si la misma no fuera parte ya de nuestro paisaje cotidiano. Pero ello pone de manifiesto que, más allá de la agitación mediática de la violencia delictual, este es un problema efectivo que afecta a amplios sectores de la población y para el cual la izquierda reformista no ha sido capaz de elaborar una propuesta concreta que se deslinde de la apelación a la violencia represiva propuesta por amplios sectores del mundo conservador. Algo similar se puede observar respecto del tema inmigratorio, donde el discurso conservador que propone la aplicación de políticas de expulsión discrecionales, alcanzó un importante respaldo, en especial en las regiones de mayor afluencia de inmigrantes. De esta manera, en las regiones de Arica Parinacota, Tarapacá y Antofagasta, en el extremo norte de Chile, el promedio de la votación obtenida por los 3 candidatos de la derecha fue del 64,44%. Frente al discurso xenófobo y frente a las políticas de discriminación y expulsión, nuevamente la izquierda reformista y sus aliados en el centro político, no tuvieron una respuesta alternativa.

En la macro zona sur (Bio Bío y La Araucanía), donde el conflicto mapuche se ha venido desarrollando con especial intensidad en los últimos años, las elecciones se realizaron en pleno estado de emergencia, con la policía y el ejército ocupando militarmente el territorio, amedrentando a las comunidades aborígenes y prestándole todo su apoyo a la élite hacendal, heredera de las usurpaciones de fines del siglo XIX. En el conjunto de la región de La Araucanía la participación electoral estuvo por debajo de la media nacional (45,08%), alcanzando porcentajes particularmente bajos en aquellas comunas de población mayoritariamente mapuche: Melipeuco (29,13%), Curarrehue (34,53%) o Carahue (39,06%). Pero quienes si votaron lo hicieron mayoritariamente por los representantes de la derecha conservadora. En esta misma región la sumatoria de los votos de los candidatos Kast, Sichel y Parisi arrojó una adhesión del 64,46% de los votos.

Sea cual sea el resultado de la segunda vuelta presidencial, del próximo 19 de diciembre de 2021, la derrota del campo popular es evidente. Si se impone José Antonio Kast queda garantizada, con un importante grado de apoyo parlamentario, la inamovilidad del modelo económico neoliberal y la extensión de la política represiva. Probablemente con la extensión del estado de emergencia cada vez que las élites empresariales así lo demanden. Si logra triunfar Gabriel Boric, se verá obligado a negociar acuerdos de gobernabilidad, no solo con sus adversarios políticos de la antigua Concertación (que cuentan con una importante representación parlamentaria), sino que, además, con sus contendores de las bancadas de derecha. Con ello, las posibilidades de extensión del modelo neoliberal e incluso de la política represiva, también quedan garantizadas.

Pero no podemos llamarnos a engaño. Si el reformismo fue derrotado en las elecciones recién pasadas, también lo fue el campo revolucionario. Y ha sido derrotado de forma más contundente. Sin capacidad de articular una propuesta política para enfrentar la coyuntura electoral, los revolucionarios dejaron pasar (una vez más), una importante oportunidad para agitar una propuesta propia, que marcara diferencias tanto respecto de la burguesía como del reformismo. Desde octubre de 2019 a la fecha no hemos sido capaces de avanzar en la definición de una propuesta programática propia, de vertebrar un movimiento social y político con capacidad de convocar y movilizar a los sectores populares y mucho menos de darle sentido y proporcionalidad a la acción directa y a la autodefensa de masas. Seguimos enfrascados en disquisiciones estériles, en un activismo carente de objetivos políticos y en un ritual movilizador que cada día se agota más.

Nos acercamos a la resolución transitoria de la crisis desatada por los sectores populares en octubre de 2019. Y lo hacemos en el peor escenario. Con una derrota profunda del reformismo, pero también, con una derrota estratégica para los sectores revolucionarios».

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