Ucrania y la hipocresía de Washington. Por Ángel Guerra Cabrera

La pupila insomne

El golpe de Estado de febrero de 2014 en Ucrania marca un punto de inflexión en la historia contemporánea del país, en la que Washington pasa a ocupar una posición preeminente. Desde ese momento, las fuerzas de extrema derecha, inspiradas en el ultranacionalismo y la simpatía por el nazismo de Stepan Bandera, han  tenido una influencia decisiva en Kiev y, por ello, en la aplicación de una  política de orientación xenófoba y rusófoba sufrida por millones de rusos étnicos o por rusoparlantes, particularmente en el este del país; en especial, en la zona del Dombás, asiento de las autoproclamadas repúblicas populares de Donetsk y Lugansk, recién reconocidas por Rusia. Contra sus habitantes, calificados de “nadas” por el presidente Volodomir Selensky, se ha seguido una práctica de sanguinaria hostilidad por parte de las bandas de extrema derecha y neonazis, como el regimiento Azov de la Guardia Nacional de Ucrania. No voy…

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