«Paz», «mayoría sindical» y OTAN

por Petri Rekabarren

1. Con el aval que da la historia, alguien dijo que el pacifismo estricto era una inmoralidad profunda, aseveración que está siendo confirmada en el presente por la gravedad de la nueva crisis que afecta al modo de producción capitalista, no al capitalismo a secas. Este matiz que marca la diferencia entre «modo de producción» y «capitalismo a secas» es de una importancia suma para lo que vamos a decir, aunque ahora mismo no tenemos espacio para alargarnos. Desde los siglos XVI-XVII, e incluso desde sus primeros balbuceos en los siglos XIII-XIV, el modo de producción capitalista jamás ha sufrido una crisis como la actual, con contradicciones nuevas y con nuevas formas externas de las contradicciones esenciales, y, menos aún, si tenemos en cuenta el salto cualitativo a lo nuevo que emerge como resultado de la interacción sinérgica de todo ello. La inmoralidad del pacifismo, así como su rotundo fracaso histórico, aparece ahora en su impotencia cuando leemos que la denominada «mayoría sindical»1 y el movimiento de insumisión2, además de los partidos parlamentarios, se han posicionado oficialmente a favor de la «paz» en la guerra defensiva de las repúblicas populares del Donbass y de Rusia y contra la continuada agresión imperialista ya argumentada como una necesidad ineludible por la geopolítica británica nada menos que desde 1904. En realidad, semejante imperialismo era solo la forma refinada de la burda concepción yanqui del destino manifiesto de mitad del siglo XIX. Teniendo en cuenta las lecciones de la lucha de clases y de las guerras de liberación, es ilusionismo idealista y fantasioso creer que bien mediante el mero parlamentarismo, bien mediante procesiones toleradas por el poder, o bien mediante ambos, puede convencerse al capital de que, en un acto de contrición, cambie súbitamente en ciento ochenta grados su rumbo histórico; pero aún es más increíble que el capital financiero internacional se pulverice como una pompa de jabón. En las condiciones de Euskal Herria esa creencia es manifiestamente irracional, como veremos.

2. En 1986 los y las vascas rechazamos en referéndum la entrada en la OTAN, al igual que Catalunya y Canarias. Ahora los Estados español y francés obedecen a la OTAN y mandan armas al corrupto gobierno de Ucrania que ha ilegalizado a la oposición, que reconoce y apoya al nazismo dentro de su propio ejército y en la vida pública, que ha hundido en la miseria a la sociedad, que ha entregado el país a la OTAN como trampolín de un próximo ataque a la Federación Rusa, que ha impuesto leyes racistas que nos recuerdan a las de Hitler y que lleva ocho años asesinando impunemente a la población de las repúblicas populares del Donbass, con alrededor de 14.000 muertes, decenas de miles de heridos y destrucciones incuantificables. El gobierno de Rusia, gobierno burgués pero no imperialista, ha intervenido en su defensa con una operación especial que también es defensiva en lo estratégico, aunque tácticamente ofensiva; es decir, pasar al ataque para desbaratar la ofensiva definitiva contra el Donbass pensada para finales de marzo de 2022, del mismo modo que cuando Rusia intervino en defensa de Siria, tras petición de su gobierno legalmente electo, lo hizo adelantándose al plan yanqui de lanzar alrededor de 200 misiles contra Siria para terminar de aplastar cualquier tipo de resistencia. Rusia lanzó la operación especial también para detener el avance de la OTAN hacia sus fronteras, para así poder bombardear Moscú, Minsk y otras ciudades en un tiempo de cinco a siete minutos, imposibilitando cualquier tipo de defensa. Rusia llevaba advirtiendo al menos desde 2007 que la OTAN debía parar en su acoso y que debía cumplir sus promesas de que respetaría las fronteras de 1991, que siempre han sido incumplidas. Las presiones contra Rusia se multiplican a lo largo de toda la frontera: si Finlandia permite instalar misiles de la OTAN en su territorio, la vital área rusa de San Petersburgo quedará solo a 130 km de distancia de las bases otanistas. Las mismas amenazas se multiplican desde el norte ártico hasta Rumanía. Los objetivos de la operación especial rusa son cuatro: que se reconozca la independencia del Donbass, que se desmilitarice Ucrania, que se desnazifique Ucrania y que Crimea siga siendo rusa. Moscú venía advirtiendo que las masacres criminales perpetradas, la entrega del país a la OTAN, el ascenso del nazismo y el intento de plantar la bandera yanqui en Crimea, eran los pasos previos para una posterior agresión a la Federación Rusa a partir de las bases ucranianas y de bases de la OTAN desde el Báltico hasta el Mar Negro y bases militares caucásicas. No hay ninguna prueba de que esta advertencia rusa fuera falsa. Cada día se multiplican los informes sobre cómo la OTAN preparaba en Ucrania y en otros Estados una agresión militar, bioquímica y bacteriológica contra la Federación Rusa, más salvaje que las realizadas contra Vietnam, contra Cuba y contra otros pueblos: con la ayuda israelí y la sombra siniestra de Alemania, desde al menos 2013, se preparaban «bombas étnicas» utilizando cobayas humanas de un psiquiátrico ucraniano. La ONU, la OMS y otras instituciones hacen oídos sordos a la petición de China y otros países de que se investiguen estas barbaridades y la «democrática» prensa burguesa lo silencia todo bajo la mayor campaña de manipulación mentirosa de la historia. Desde noviembre de 2021 Estados Unidos y la Unión Europea preparaban un endurecimiento aplastante de la guerra económica contra la Federación Rusa, meses antes de que estallara la guerra.

3. ¿A qué responde todo esto? El modo de producción capitalista se mueve debido a la compleja dialéctica entre sus leyes tendenciales evolutivas y sus contradicciones internas. De entre estas fuerzas tendenciales destacan dos: la ley general de la acumulación del capital y la ley de la tendencia decreciente de la tasa media de ganancia. Son tendenciales, es decir, dependen en síntesis del resultado de la lucha de clases, de las contra-tendencias socioeconómicas, políticas, militares, etc., que impone la burguesía sobre las espaldas de la humanidad trabajadora y, consiguientemente, de la capacidad de esta para resistir, contraatacar y vencer. En lo básico, y sin olvidar la intervención del azar a corto plazo, es la dialéctica entre lucha de clases, leyes tendenciales y contradicciones, además de ser la que destroza el inmoral mito de la «paz», que, sobre todo, ahora indica la extrema gravedad cualitativa alcanzada por la crisis del modo de producción capitalista. Para comprender el presente y las perspectivas que tenemos es necesario aprender de la historia, el único libro que nos enseña a no repetir errores ni derrotas. La tendencia al imparable agravamiento de las crisis capitalistas es innegable: las pequeñas crisis se resuelven con pequeñas destrucciones de fuerzas productivas y violencias menores, las crisis grandes se resuelven con grandes destrucciones y las crisis mundiales con guerras mundiales. Uno de los efectos de la tremenda crisis financiera de 1637 fue la que podemos denominar realmente como la primera guerra mundial, la librada en 1652 – 1674 entre Inglaterra y Holanda con sus aliados respectivos. El antagonismo entre las fuerzas productivas al alza y las decrépitas relaciones de producción provocaron la segunda guerra mundial de 1756 – 1763 que se extendió a todo el globo con la participación de las principales potencias, creando las condiciones para las revoluciones burguesas en Estados Unidos y en el Estado francés. Dos guerras mundiales que la historiografía burguesa se niega a reconocer como tales porque, unidas al conjunto de crímenes cometidos hasta entonces, destrozan toda la mitología democraticista y pacifista sobre el surgimiento de la civilización del capital. La primera Gran Depresión de 1873 dio paso a la llamada Primera Guerra Mundial, que en realidad era la tercera, que a su vez generó la revolución bolchevique. La segunda Gran Depresión de 1929 dio paso al fascismo, a la Segunda Guerra Mundial, que en realidad fue la cuarta guerra mundial, y a la OTAN u Organización Terrorista del Atlántico Norte creada para destruir la URSS y aplastar el avance del socialismo. La tercera Gran Depresión de 2007 agravada sobre manera en 2022 nos está poniendo al borde de la quinta guerra mundial que, de estallar, podría ser de muchas formas, llegando tal vez al holocausto termonuclear, bacteriológico y electrónico. Que estalle o cómo estalle, con que letalidad y extensión, depende de la lucha de clases a nivel mundial y también a nivel de Euskal Herria, aunque a infinita menor escala, pero decisiva para el pueblo trabajador vasco. Centrándonos exclusivamente en las cuatro guerras mundiales, debemos decir que tenían como objetivo desbloquear los obstáculos que frenaban el desarrollo del capitalismo en su conjunto y en especial el de su potencia hegemónica, abrir el camino destruyendo a cañonazos las resistencias de los pueblos y de las burguesías débiles, destruyendo fuerzas productivas obsoletas para, sobre el desierto de sangre, relanzar la tasa de ganancia, imponer una nueva disciplina monetaria y un nuevo sistema político-financiero –ducado español, florín, libra esterlina, franco francés, marco alemán, dólar-euro… ¿? – , que beneficiara a la potencia vencedora.

4. ¿Y la quinta guerra? Según el Banco Mundial, un tercio de las reservas del planeta está en la Federación Rusa, destacando minerales raros y vitales, tierras fértiles, energías, reservas hídricas y costas con el Océano Ártico, y 4.210 kilómetros de frontera con China, es decir, una extensísima área para apretar la soga en su cuello hasta asfixiarla, que es el objetivo imperialista a conseguir tras balcanizar la Federación Rusa. La decrepitud del capitalismo occidental solo puede aliviarse durante un tiempo con la gigantesca transfusión directa en vena de los recursos de la Federación Rusa, vaciándola como han esquilmado al resto de la humanidad. Un desesperado sueño anhelado en la década de 1990 que salió mal por la resistencia inesperada de los pueblos de Rusia y de un sector mayoritario de su nueva burguesía liderada por Putin que sabía, y sabe, que su futuro como clase nacional dominante depende de la alianza estratégica con China. Los planes de trocear Rusia en regiones controladas por sátrapas obedientes al capital occidental ya fueron elaborados en 1914 por Estados Unidos, mejorados con las invasiones de 1918 y 1941, con los planes de los aliados de atacar a la URSS en 1944 o 1945 pactando con una parte del ejército alemán que también intervendría, con los planes de ataques nucleares de la OTAN desde 1949, con la permanente provocación de conflictos en el Este hasta la destrucción de Yugoslavia que empezó en 1991 y terminó en 1999, la «independencia» de Ucrania, etc., para presentarse con la nueva propuesta de comprar Siberia al corrupto gobierno del borracho Yeltsin en 1992. El nuevo fracaso reduplicó la ofensiva hacia el Este acelerada desde 2004 en adelante. Nos hemos referido a la advertencia de Putin en 2007, pero la prensa «democrática» también silencia que en 2021 Putin volvió a advertir sobre los planes imperialistas de trocear Siberia para entregarla a «potencias administradoras» no rusas. Su gobierno conocía la campaña yanqui que, al menos desde 2010, sostenía que había zonas del planeta que debían ser de «protección» internacional porque los pueblos que las habitaban eran atrasados y vagos: por ejemplo, la inmensa Amazonía de Brasil, Bolivia, Perú, Ecuador, etc. La teoría racista de que los pueblos «civilizados» tienen derecho a quedarse con las tierras de los «bárbaros» es tan vieja como la Biblia, en donde se justifica con la excusa de que el «pueblo elegido» tiene derecho divino de conquista, antesala del «destino manifiesto» yanqui y de los crímenes sionistas actuales. Desde el siglo XVI la burguesía la actualizó para justificar su expansión genocida por el mundo añadiendo la variante de que dios mandaba que la tierra fuera trabajada para que «diera frutos». Las masacres de continentes enteros se intentaron justificar con esa creencia que forma parte del racismo eurocéntrico. ¿Tenemos que recordar la espeluznante lista de masacres coloniales en Nuestramérica, África, Oceanía, Asia, India, China…, sin las cuales la industrialización capitalista se hubiera retrasado decenios o no se hubiera dado tal cual se realizó? La «paz» y la «democracia» occidental se sustentan en el sudor y la sangre proletaria, desde luego, y tambié, o tal vez más, sobre cientos de millones de personas de otros continentes sobreexplotadas hasta el agotamiento, drogadas, envenenadas o ametralladas. ¿Alguien se acuerda de la salvaje guerra contra Argelia de la década de 1990 organizada y sostenida por el imperialismo? En 2021 Rusia se opuso frontalmente a semejante justificación inhumana del derecho de rapiña aplicada al saqueo de Siberia, fuera ya del control de su gobierno legítimo. No era la primera vez que se oponía a las crecientes exigencias imperialista: en 1992 se negó a malvender Siberia, y sus pueblos y la mayor parte de su nueva burguesía aumentaron su desconfianza desde 1999, aun así el gobierno de Putin pidió la entrada en la OTAN al poco tiempo creyendo inocentemente en las promesas imperialistas. China abrió los ojos definitivamente cuando en ese 1999 la OTAN bombardeó «por error» su embajada en Belgrado. Después la OTAN lanzó la guerra de Afganistán en 2001 e Irak en 2003, las «revoluciones naranja» desde 2004, el avance al Este y el cerco militar a Rusia y China en el terrible año de 2011, el golpe en Kiev de 2014, los intentos golpistas en Bielorrusia y Kazajistán, por citar algunas de las intervenciones que afectaban directamente a Rusia, China, Irán, Venezuela, Bolivia, Cuba, parte de la treintena de países que sufren bloqueos, presiones y agresiones, y sin citar en absoluto al resto del mundo.

5. Como se aprecia a simple lectura, nuestra argumentación se basa fundamentalmente en la sangrienta y atroz materialidad de la historia de los y las proletarias machacadas por el capital, y muy secundariamente en los efectos de las fricciones dentro de las burguesías. Nos negamos a fantasear sobre la «paz» porque tal absoluto metafísico entrecomillado no existe ni existirá mientras dure la propiedad privada de las fuerzas productivas. Es la clase trabajadora la que está padeciendo desde hace quince años los efectos de la tercera Gran Depresión de 2007 agravados por la pandemia, por la invasión imperialista de las repúblicas populares del Donbass y por los costos de la estrategia contra Rusia. Son tres lustros de ataques crecientes contra el proletariado europeo, contra los servicios sociales y públicos básicos, aumentando el empobrecimiento relativo y absolutos, reduciendo los derechos y las libertades, incrementando las fuerzas represivas policíaco-militares y la OTAN, dando manga ancha al nazi-fascismo y a todas las formas de irracionalidad, al terrorismo machista y al racismo… Si la «mayoría sindical» europea no ha logrado derrotar y revertir la ofensiva del capital lanzada desde 2008 en adelante, tampoco lo ha logrado la vasca, porque la vida del pueblo trabajador ha empeorado en estos años. No podemos extendernos ahora en las razones de estas derrotas ni en las nuevas resistencias obreras que están emergiendo en los últimos tiempos. Sí debemos partir de las condiciones objetivas abiertas por la intensificación de la crisis para explicar algunas de las razones por las que el movimiento obrero vasco ha de optar por el internacionalismo práctico en defensa del derecho a la independencia del Donbass y el derecho a la integridad de Rusia, lo que previamente nos exige comprender cómo se integra la OTAN en la sociedad y en la economía capitalista, y cómo es el accionar de la OTAN en el presente:

Desde la Cumbre de la OTAN en Lisboa en 2010 hasta la última en Bruselas en 2022, esta organización ha desarrollado masivamente sus tentáculos sociales, culturales, propagandísticos, de integración de personal civil, etc., así como los de organizaciones secretas que actúan al margen o fuera de la ley y que dirigen a grupos terroristas. La OTAN «aconseja» por lo bajo en prácticamente todos los problemas cruciales de las sociedades en las que domina: desde la educación hasta la producción de alta tecnología pasando por la propaganda de los «valores occidentales», las redes de transporte, etc.

La OTAN es todopoderosa en una cuestión crítica para la burguesía: control social, vigilancia, teledirección y represión de las clases explotadas. La OTAN vigila las nuevas tecnologías de control, y mediante ellas este aparato político-militar es decisivo para la efectividad de las contramedidas burguesas que intentan contener la ley tendencial de la caída de la tasa de ganancia. No se trata solo de lo militar en sentido clásico, sino de algo más crucial: control represivo, manipulación y teledirección de la alienada estructura psíquica de masas. El más reciente «invento» de la OTAN en defensa de la explotación asalariada es la llamada «guerra cognitiva», una de cuyas funciones es acabar con cualquier posibilidad de resistencia al capital en cualquiera de sus expresiones.

Estas adecuaciones de la OTAN son decisivas para entender en su pleno sentido la imprescindible teoría del imperialismo. Una necesidad y un deber de las organizaciones revolucionarias es decir la verdad al proletariado, explicar pedagógicamente, pero con rigor lógico e histórico qué sucede, por qué sucede y cuáles son sus tendencias evolutivas, proponiendo al proletariado la salida revolucionaria; en este caso, el papel y poder de la OTAN en el imperialismo capitalista, poder que incide directa en la lucha de clases en general e indirectamente, a veces en forma instantánea, en la lucha diaria, concreta: la Ertzaintza y otras fuerzas represivas, por ejemplo; el accionar de EITB y de la industria político-mediática en Euskal Herria, en la que la OTAN está bien presente; el campo de tiro de Bardenas; el otanismo fanático de la burguesía y de la Iglesia vasca, el papel de la educación católica subvencionada por los poderes, etc. La militarización de las policías y la policialización del ejército, un ejemplo contundente de los «consejos» de la OTAN: la legión española está preparándose para reprimir motines urbanos que no son diferentes a la revolución de octubre de 1934 en Asturias, zonas de Euskal Herria, etc.

La adecuación y extensión de la OTAN en 2010 – 2022 hacia la mal llamada «sociedad civil» tiene otro efecto decisivo: la agudización de la permanente guerra cultural contra la izquierda revolucionaria, la propagación de nuevas sub-ideologías y hábitos para combatir al marxismo que empezaba a recuperarse claramente desde la segunda Gran Depresión de 2007: había que «matar al marxismo» que siempre resucitaba. Por ejemplo, lo que hemos escrito arriba apenas aparece o no aparece en absoluto en la prensa burguesa, tampoco en Naiz-Gara, y sin embargo es imprescindible para guiarnos entre las contradicciones. Pero, la socialdemocracia soberanista ha expurgado en sus documentos y debates desde hace tiempo conceptos básicos como el de imperialismo y otros sin los cuales no se entiende qué está pasando. Es por tanto comprensible que ahora triunfe el pacifismo como única salida.

Otra de las mejoras de la OTAN en esos años consiste en las transformaciones en la naturaleza de la guerra tal cual se entendía hasta el inicio del siglo XXI. Ahora, la guerra integra al menos estos seis componentes: la guerra convencional de ocupación del terreno, del mar y del aire; la guerra nuclear, bioquímica, electrónica, etc.; la guerra cognitiva, psicológica, cultural, propagandística, ideológica, etc.; la guerra económica, financiera, comercial, etc., y, sobre todo, la criminalidad de la guerra alimentaria y sanitaria inherente al cerco financiero, comercial, económico, tecno-científico, etc.; la guerra por delegación, con mercenarios, etc.; la guerra de contrainsurgencia, etc. La OTAN dosifica e integra en una o en varias unidades estas y otras constantes menores para poner intervenir contra las guerras irregulares, asimétricas, guerrilleras y contra todas las formas de resistencia popular y proletaria.

El pacifismo no tiene nada que hacer frente a esta máquina multidimensional de terror: solamente el antiimperialismo basado en la teoría marxista del imperialismo puede hacerlo. Por ejemplo, la guerra que se libra en Ucrania tiene cuatro características: justa guerra defensiva del Donbass; justa guerra defensiva de Rusia; injusta guerra ofensiva de la OTAN, e injusta guerra psicológica de advertencia del imperialismo a los pueblos que se le enfrentan ahora o que, viendo la crueldad y el cinismo de la OTAN, se distancian poco a poco ya de Estados Unidos. Como se aprecia, enfrentamos radicalmente la guerra justa de la guerra injusta, porque es algo que ningún pacifismo puede hacer.

La inoculación del cáncer pacifista en esta y en todas las guerras supone, en la práctica y objetivamente, dejar la puerta abierta al avance de la injusticia y cerrarla a la lucha por la justicia. La historia imperialista anula la verborrea pacifista desde el mismo momento de su irrupción porque, como hemos dicho, ya en 1904 el capitalismo británico explicó por qué había que ocupar Rusia y Eurasia, sin ir más hacia atrás, hacia las guerras contra Rusia provocadas por Europa occidental en el siglo XIX, o las guerras criminales contra toda Asia, etc.: las guerras del opio contra China, por ejemplo. La historia es el argumento incuestionable al que el pacifismo no puede responder racionalmente, sino con fe ilusa y crédula en las grandes promesas que el capital siempre incumple.

Pero el suicidio pacifista de la «mayoría sindical» es también nefasto en la opresión diaria de la clase obrera: si el proletariado vasco abandona el internacionalismo práctico en defensa activa del derecho del Donbass y de Rusia a su violencia defensiva ¿cómo va a pedir luego ese proletariado solidaridad internacionalista cuando lo necesite? Si la clase obrera termina creyendo en la «paz» en «todas las guerras» ¿también será «pacifista» cuando tenga que defenderse de las medidas feroces antiobreras? ¿Cómo se defenderá? ¿Con procesiones, con ruegos parlamentarios, con reuniones con la patronal? No se trata solo de defenderse o no defenderse de las cargas salvajes de la Ertzaintza y de otras fuerzas represivas sino fundamentalmente de prepararse estratégica, política, organizativa y éticamente para los momentos duros, muy duros, que van a llegar.

La humanidad explotada siempre ha recurrido a la violencia defensiva como último recurso, en el momento en el que han fracasado otros métodos legales, pacíficos, no violentos, tolerados, etc., y cuando ha visto y sentido que su pasiva y humilde sumisión solo consigue que aumente su mal-vivencia, sus sufrimientos, porque el poder opresor se ha envalentonado. La historia de la lucha antifascista contra el golpismo militar, contra cualquier medida dictatorial que se quiera aplicar, enseña que el pueblo trabajador ha de conocer y practicar la interrelación de las formas de lucha, de las movilizaciones pacíficas y no violentas de masas, de grupos y de personas, con otras más eficaces según las coyunturas y contextos, siempre desde y para una visión estratégica. Todos somos pacíficos, excepto los burgueses y enajenados, pero el pacifismo, como exclusivo y excluyente método, es una de las mejores ayudas que el reformismo presta a esa burguesía violenta por naturaleza.

El pacifismo ante cualquier violencia injusta solo beneficia al opresor, al violador, al amo, al empresario, al dólar y al euro. Ante esta guerra, favorece al capital y debilita a los proletarios del Donbass y de la Federación Rusa. Si la guerra la gana el imperialismo, la burguesía rusa negociará con la OTAN e incluso entregará a Putin, pero las consecuencias las pagará durante décadas el pueblo trabajador del Donbass y de la Federación Rusa porque el capital occidental con la ayuda burguesa autóctona les someterá a una explotación más salvaje aún que la sufrida tras el implosión de la URSS cuando se enseñorearon de todo, los esquilmaron y arruinaron, de manera que la esperanza de vida se redujo varios años. Si la guerra la gana el imperialismo, la burguesía europea envalentonada golpeará con más fuerza a las clases trabajadoras de la Unión Europa y el nazismo que se está reorganizando en Ucrania pretenderá extenderse al resto de Europa. ¿Es este el internacionalismo de la «mayoría sindical»?

Petri Rekabarren 18 de abril de 2022

https://www.naiz.eus/eu/info/noticia/20220408/la-mayoria-sindical-apoya-la-manifestacion-de-este-sabado-en-irunea-en-contra-de-las-guerras

https://www.naiz.eus/eu/info/noticia/20220409/irunea-protesta-contra-todas-las-guerras-en-defensa-de-la-insumision

Testu osoa / Texto completo: https://www.boltxe.eus/2022/04/20/paz-mayoria-sindical-y-otan/ | Boltxe

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