Colombia. Las chuzadas del régimen y el montaje de Semana

Luis Alfonso Mena S.

Entre el 17 de julio de 1972 y el 19 de agosto de 1974, Estados Unidos vivió uno de los episodios de espionaje político más conocidos y patéticos en la historia de las guerras sucias electorales: el llamado caso Watergate, que no fue más que el brutal fenómeno de espionaje del gobierno del conservador Richard Nixon contra la campaña política del Partido Demócrata.

Acosos, robos en la sede del partido contrario y decenas y decenas de horas de grabaciones hicieron parte del espionaje que empezó a ser descubierto, cabo tras cabo, por dos periodistas en la fecha anotada de 1972 y que, en 1974, terminaría con la dimisión de Nixon, luego de la persistente y paciente labor de los dos reporteros.

La contundencia de los hechos de espionaje desde el poder descubiertos, que configuran un crimen, condujo a tal desenlace.

La titánica labor de los periodistas Carl Bernstein y Bob Woodward ha sido objeto de numerosas historias y películas, como Todos los Hombres del Presidente, y hasta hace poco se contaba en las facultades de comunicación social como ejemplo del buen periodismo, de cómo controlar el abuso del poder. En mis clases de periodismo yo también la contaba.

Hoy en Colombia la historia se repite, pero al revés, no con dos icónicos reporteros como protagonistas de control al poder, sino, para desgracia del periodismo nacional, con una publicación con periodistas puestos al servicio del poder, como megáfonos del régimen en el poder.

La revista Semana, en vez de descubrir el espionaje al que fue sometida criminalmente la campaña del Pacto Histórico durante nueve meses, lo que ha hecho es obrar en connivencia con el gobierno de Iván Duque y del uribismo, para montar, no cabe dudas, todo un entramado de persecución, acoso y chuzadas ilegales contra la campaña del Pacto Histórico con el único fin de procurar desprestigiar a Gustavo Petro, el candidato presidencial líder en las encuestas.

Según se ha conocido, tenían las grabaciones hace rato y, seguramente, las estaban sometiendo a escuchas con un único fin: hallar algo que pudiera significarles la posibilidad de una denuncia por corrupción contra Petro o Francia Márquez, pero no encontraron nada.

Esa frustración de Semana es lo que explica que, finalmente, con el objetivo de ver qué podían pescar en la opinión pública, decidieron editar las grabaciones ilegalmente obtenidas con trozos que, sin embargo, solo muestran diálogos de estrategias de campaña, como las hacen todas. No hay allí ni delitos ni insultos ni nada que se pueda señalar de irregular. Solo burbujas.

Así que no hay que llamarse a engaños ni dejarse entrampar más por el acto criminal protagonizado seguramente por los servicios de inteligencia del régimen, como se ha denunciado, con la complicidad de la revista Semana, que en este caso hace parte del complot contra Petro y Francia, y contra las esperanzas de cambio y de reformas democráticas profundas que ellos representan para millones de colombianos.

Hay que ser muy ingenuo en términos políticos o cómplice de la patraña del gobierno y de su vehículo sumiso, la revista Semana, para dejarse confundir por este montaje, destinado solo a favorecer al desprestigiado candidato de la extrema derecha, el imputado por corrupción y prospecto de tiranuelo, Rodolfo Hernández.

Lo mostrado grandilocuente y falazmente como “los Petro videos” no es más que un escándalo artificial, que no revela nada, pero sí busca hacer daño entre incautos, tratar de generar división con ocasión de las numerosas adhesiones que todos los días reciben Petro y Francia, y satisfacer a la galería uribista, ávida de algún aliento en su melancólica campaña.

Están tirando los restos de su guerra sucia, aupados por los demás medios del régimen que, todos a una, han tratado de usar las burbujas, pero éstas se les deshacen cada vez más rápido en sus manos.

Lo que sí queda claro es que el gobierno y su mandadera, Semana, incurrieron en un delito: chuzadas, espionaje ilegal y persecución criminal contra una campaña presidencial.

Afortunadamente el pueblo, en su inmensa mayoría, ya sabe qué clase de gobierno nefasto tiene y qué clase de seudoperiodismo se hace desde Semana y demás medios del sistema, serviles del poder descompuesto que patalea, pero que está en sus estertores.

En este nuevo caso, Semana y el régimen fueron por lana y salieron trasquilados. Les salió el tiro por la culata.

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