Bolivia. El periodismo insidioso

Por Camilo Katari

No es novedad señalar que “el mejor oficio del mundo”, al decir de Gabriel García Márquez, ha sido despojado de sus principios éticos y sociales, para convertirse en un agente político, que escudado en las Leyes de protección a este oficio, realizan operaciones políticas para justificar, promover, legitimar, amplificar y consolidar intereses particulares, generalmente económicos, encubiertos como “noticias”.

Malcom X, un activista afroamericano por los derechos sociales en los años 60 del siglo pasado nos decía: “Cuídate de los medios de comunicación porque vas a terminar odiando al oprimido y amando al opresor”. Estas palabras fruto de la experiencia y la segregación racista, han sido confirmadas con los estudios de los efectos sociales de los media (Wolf 1994) y también las estructuras y funciones del discurso (Van Dijk 1996) que han logrado la colonización de la subjetividad (Merlin 2017). Los medios de comunicación y el ejercicio del periodismo son un poder incuestionable y hoy se encuentran como partes fundamentales en el campo político.

En Bolivia, ningún gobierno de izquierda ha logrado quebrar este poder basado en la vieja Ley de Imprenta, cuidada como la máxima joya para quienes encubren su poder en esta destartalada norma de principios del siglo XX que en el año 2025 cumplirá su primer centenario. Para los protectores de esta vieja norma, la comunicación se mantiene estática, momificada, no toman en cuenta los grandes avances en materia tecnológica y sobre todo de la psicología de la comunicación.

Con esos antecedentes, una rápida revisión de los medios en Bolivia nos demuestran un poder concentrado en 12 grandes conglomerados, la mayoría en redes de televisión que se ampliaron con radios y las actuales plataformas de redes sociales.

El diccionario de la lengua castellana define la insidia como: “f. asechanza. U. m. en pl. 2. f. Palabras o acción que envuelven mala intención.” Desde nuestro punto de vista esa “mala intención” es debilitar las acciones del gobierno del MAS, porque esta actitud de insidia, se ha hecho evidente desde el año 2006, encubriendo acciones racistas durante la Asamblea Constituyente, y llegando a ser promotores y voceros del golpe de Estado del año 2019.

Esta “mala intención” en el caso del periodismo es sacar de contexto hechos y declaraciones, buscando posicionar una idea. Así el periodismo insidioso es una estructura de superficie (Courtes 1991) moviéndose en el plano pantanoso de la especulación.

Existen programas de radio y televisión que tienen esas características que permiten, por ejemplo, la difusión de pensamientos racistas como “soy exitosa por ser blanca”, y promover la violencia: “advertimos a la población que radicalizaremos nuestras medidas”, generando una permanente angustia en los pobladores de ciudades como La Paz o Santa Cruz en Bolivia.

El periodismo insidioso apela a los sentimientos para la conquista del sentido común (Feldman 2019) y de esta manera contribuir al dominio social, político y económico de las sociedades, viejo anhelo imperial de dominarlo todo y a todos y todas.

Las mentes cautivas reciben diariamente su dosis de periodismo insidioso, para mantener el statu quo de dominio, por eso mismo no se permite que surjan medios alternativos, que desde otros actores e intereses pretenden disputar esta hegemonía de la comunicación en manos de conglomerados empresariales que han hecho de la comunicación un negocio lucrativo y un factor de poder determinante.

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