
« La gente está acostumbrada al régimen capitalista. Y el régimen capitalista se rige por la utilidad, por la ganancia, lícita o ilícita; el padrón mide lo que vale la persona en lo que tiene en dinero, en el régimen capitalista. Hay otros valores que la gente todavía no entiende. A esos valores nosotros queremos darle realce, compañeros. Eso es lo que se llama el humanismo Socialista compañeros pero habría que estar horas hablando de eso y no tengo tiempo, no tengo ganas y tengo hambre. (Risas y aplausos) «. Palabras pronunciadas el 04/11/1972 en ex-Yarur por Salvador Allende, presidente de Chile 1970-1973.
La insolencia del actuar político y social de dirigentes, empresarios y de las generaciones post-dictadura, que no conocieron realmente la UP, para con el pueblo de Chile, ha llegado a límites insoportables. Sólo el recuerdo del compañero presidente Salvador Allende, permite aliviar y mitigar la vergüenza y el dolor, que provocan hoy aquellos que administran y dirigen las instituciones públicas y privadas del país.

Vivir en un Chile donde fingimos estar de maravillas, a las puertas de votar por una constitución Clon del 80, es de una insolencia inaceptable para con aquellos que ofrendaron su vida por una sociedad más justa y equitativa. Aquellos que experimentamos el gobierno de Salvador Allende y la unidad popular UP y las causas que desembocaron en el golpe civil y militar de estado, nos validan hoy para señalar con fuerza, que no se puede seguir soportando a individuos, que detentan el poder, que hagan y deshagan, sin que nadie les ponga un párale: negacionismo de las atrocidades en dictadura, caso fundaciones, caso lencería, milicogate, pacogate, caso banco Talca/Piñera etc. etc. En definitiva el maltrato sistémico al que es sometido gran parte de la población honesta y vulnerable.
La insolencia ha alcanzado ribetes intolerables, No tan solo en la forma de administrar y hacer política, sino que también ha abarcado las relaciones sociales y productivas, donde el trabajador ha pasado a ser un simple ejecutor de acciones sin voz ni voto, siendo sólo un engranaje más de un modo de producción mercantil, que lo somete desde lo físico a lo mental. Sin embargo, la paradoja hoy es que son estos mismos trabajadores quienes mantienen en lugares de poder a esas nueva generaciones, que con eufemismos y palabrería académica barata, insultan la inteligencia, humillan y hacen la vida imposible de aquellos que día a día deben sacrificarse para llevar el sustento al hogar. Creer que las cosas son así y que no hay nada que hacer, para no incomodar al jefe y así alcanzar logros individuales y egoístas, son de una mediocridad e ignorancia intolerables.
Lo que los individuos de esta era post-dictadura intuyen, pero no rechazan, es que las nuevas generaciones son serviles al modelo que tanta muerte, sometimiento e insolencia les han traído. Sin embargo, son los propios trabajadores dentro de los marcos estructurales establecidos los que aceptan su condición de sometidos, olvidando que este sistema mercantil, solo genera desigualdad y esclavitud mental. De esta manera, mutilan la posibilidad de que los subalternos den la pelea por otro modo de vida laboral y productivo, que les permita estar directamente implicados en la cadena de creatividad y productividad, desarrollando así nuevas relaciones económicas, creativas y de producción mas equitativas, justas y equilibradas, que podrían dar paso al desarrollo de nuevas vías o alternativas paralelas al modo productivo mercantil.
Estas nuevas relaciones productivas y sociales que se desarrollen en los sitios laborales, comunitarios y de autogestión, donde los trabajadores prestan sus servicios, deben considerar el apoyo mutuo, que les permita reflexionar que el actual modo de trabajo es un sometimiento, y así ir evolucionando hacia un germen que incentive un nuevo sistema, un nuevo modo productivo donde la produccion de riquezas sean social y los medios productivos sean social, el cual debería ser común a la mayoría de las trabajadoras/es. En definitiva, hacer real algo que nunca existió, ya que nunca hubo una verdadera base material que permitiera levantar ese poder de lo común durante la UP, ese real Poder Popular que disputará en los territorios el poder del capital, el cual acciona en el acuario donde todos nadamos y que es el modo de producción capitalista mercantil, muy diferente a un modo de producción que surja desde lo común y que alimente las necesidades reales de la comunidad. Un modo productivo no mercantil. Un modo de producción de lo comunitario que libére a los sometidos del sistema del capital.

Se debe tener en cuenta que muchos de los logros ganados durante el gobierno de la UP, fueron extirpados de raíz en dictadura, tanto en el plano social, económico, productivo y político. Esos avances económicos y sociales, durante la UP, los años 1970 y sobre todo 1971, dejaron muy claro que el programa económico y social de la unidad popular era más que factible. Así quedaba demostrado que la vía chilena al humanismo Socialista, en lo económico, político y social, era y es más que posible, por lo que los EEUU y la CIA, al ver esto, impulsó la idea de «desgarrar la economía chilena de Allende», como lo deseaban tanto los oligarcas chilenos, así como el gobierno del presidente Estadounidense Richard Nixon (EEUU).
Sin embargo, es indudable que los procesos sociales no los detienen aquellos sectores que desprecian a los trabajadores y el pueblo, pues estos procesos forman parte de otro mayor. En la actualidad los procesos naturales de cambio como lo son los ecológicos y sus ecosistemas tarde o temprano conducirán a que los procesos sociales tomen la dirección correcta, donde la humanidad sea el centro y esté por sobre la generación de mercancía a la que la sociedad chilena se ha acostumbrado y ve como algo normal, demostrando con ello, cuan enferma está, desde sus administradores institucionales hasta aquellas generaciones que responden a sus designios.
«El objetivo estratégico de los trabajadores es desarrollar una sociedad sin clases, sin explotación, sin modo productivo mercantil, donde se cree un comunismo planetario, sin estados contra insurgentes y facistas, como lo son actualmente el imperialismo estadounidense, Chino y ruso o cualquier otro Estado que se auto proclame como capitalista» (parafraseando a un ex dirigente, subsecretario general del Movimiento Izquierda Revolucionaría MIR, Hernán Aguiló Martínez); pero para dar marcha a estas ideas, es necesario reconocer errores y aciertos y desde ahí aceptar la necesidad de un modo de producción de lo común, que tenga como objetivo el verdadero comunismo, no el de las generaciones que luchan dentro de un modo productivo mercantil que sólo termina generando más y más mercado y donde los trabajadores/esclavos del sistema, seguirán siendo el vagón de cola de la toma de decisiones que realizan aquellos que administran el país de la farándula y la mentira.
Columna: David Santiago Farías Delva









